miércoles, 25 de septiembre de 2013

Capítulo 39 - Josh

Cuando piso suelo español de nuevo me dan ganas de regresar al avión. No solo por el grandísimo cambio de temperatura, sino también por miedo. La última vez que vine aquí, venía decidido a conocer a una chica por la que poco después comencé a sentir algo, aunque ese “algo” sigue siendo desconocido para mí. Ahora, medio año después, no sé nada de la chica, sólo que me odia. Dejé de llamarla aun sabiendo lo importante que era para ella y retomé mi relación con mi exnovia. Teniendo en cuenta que todo el planeta sabe que volvimos, Ana también lo sabrá… y me odiará por ello. No éramos pareja, pero tampoco amigos. No estoy seguro sobre nada de lo que pueda haber pasado en su vida estos meses, pero seguro que no ha sonreído cada vez que le hablaban de mí.
Esta vez no necesito que nadie me recoja en el aeropuerto, como Álex, quien vino la primera y última vez que estuve aquí; sino que cojo un taxi y le indico la dirección. Como siempre, llevo mi gorra y mis gafas de sol, esperando que nadie me reconozca. El taxi tarda unos veinte minutos en llegar a la ciudad y me deja en la calle paralela a la de Ana.
A diferencia de la última vez, el ascensor funciona perfectamente, así que entro y, en cuestión de segundos, las puertas vuelven a abrirse. Es como si viajara en el tiempo, como si Álex estuviera a mi lado. Ahora debería haber un chico hablando con Ana en la puerta, sin embargo está cerrada. Antes de que pueda arrepentirme, avanzo con decisión y hago sonar el timbre.
Cuando la puerta se abre me encuentro con unos ojos profundos, oscuros, marrones, marcados por un lápiz negro, resaltándolos más aún si cabe. El pelo, más corto que la última vez que la vi, le cae ondulado hasta la altura del pecho. Tiene los labios pintados con carmín marcados en una sonrisa algo forzada, el ceño fruncido y una ceja levantada. Es mucho más guapa de lo que recordaba. Entreabre la boca un poquito y después sonríe, enseñando unos perfectos dientes blancos y mostrando una expresión de completa confusión.
-¿Hola? – pregunta.
Hay algo raro en su voz, pero estoy tan absorto en su rostro que apenas me doy cuenta. Está más esbelta, no tan delgada. Parece incluso mayor, más madura. ¿Tendré algo que ver con la razón que la haya hecho crecer de golpe?
-Te has cortado el pelo – es lo único que consigo decir.
Ella baja la mirada y se enrosca un mechón de pelo en su dedo índice, después vuelve a mirarme.
-Sí – añade con el ceño más fruncido aún, - pero de eso hace ya bastantes meses. Me ha crecido bastante rápido.
Desde luego me esperaba voces, empujones, golpes y puede que incluso lágrimas. No hay nada de eso. Simplemente es como si yo fuera alguien a quien ve todos los días, algo que probablemente sea cierto si, como muchas chicas de su edad, tiene mi cara como fondo de pantalla del móvil. Aunque después de los ocurrido es poco probable.
-¿No vas a gritarme? – decido preguntar al final, rompiendo el silencio.
-¿Por qué iba a hacerlo? – pregunta confusa.
-¿Que por qué? No sé. Tal vez porque… No te llamé y… - las palabras se confunden y decido morderme la lengua antes de soltar alguna tontería. Y entonces lo comprendo - ¡Ah! Vale. No vas a gritarme. Tu castigo será simplemente fingir que no me conoces, ¿no?
Ana chasquea la lengua y me mira de arriba a abajo.
-La verdad es que me suenas mucho, pero ahora mismo no sabría decirte quién eres.  ¿Alguna pista?
Me apoyo en el marco de la puerta rendido y me paso la mano por el pelo.
-Está bien. Ana siento muchísimo lo que hice. Dejé de llamarte, lo de Vanessa… y ahora me presento aquí en tu casa como si nada y tú… tú… - me tapo la cara con ambas manos. ¿Qué estoy diciendo?
-Tranquilo chico – dice como si nada, y me acaricia el hombro, lo que hace que me recorra un escalofrío – Si fuera por mí te perdonaría, pero yo…
-No hables – le pido – Sé que siempre decíamos que sólo éramos amigos pero sé que tal vez para ti no fue solo eso… Y para mí tampoco, la verdad. Yo… no sé lo que sentía pero la distancia… No sabía si querrías algo y…
-Yo creo que cualquier persona querría algo contigo, por muy lejos que estuvierais el uno del otro.
Me quito las manos de la cara y la observo con atención.
-¿De qué estás hablando?
-¿De qué estás hablando tú? Yo sólo te estoy alagando. – añade con una sonrisa pícara.
-¿Quieres decir que… me perdonas?
-Pero si no me has hecho nada.
-Te hice daño, ¿no? O al menos pensaba que te había herido, aunque tal vez no signifique mucho para ti en tu vida. – al decirlo me doy cuenta de que nunca me he cuestionado la importancia de mi persona en su vida. Pero, ¿y si no soy tan importante para ella como siempre he pensado?
-La verdad es que no me has herido nunca, chico.
-Deja de llamarme chico, Ana. Por favor.
-Yo no…
-Intenté llamarte, pero cambiaste tu teléfono. – ahora hablo lo más rápido posible, intentando borrar lo que he dicho antes.
-Esto deja de tener gracia…
-No sabes las ganas que tenía de volver a verte. – añado ignorándola.
-¡Para! – exclama, y comienza a reír – Por favor, dime tu nombre.
-Mi nombre… ¿De qué estás hablando?
-Dímelo. – contesta con algo de súplica reflejada en sus ojos.
Suspiro, frustrado.
-Josh.
-Está bien Josh. Tengo que decirte algo. Yo no soy…
-¿QUÉ?
Ana se da la vuelta rápidamente y yo alzo la mirada para observar lo que hay al otro lado de la puerta, en busca del origen de la voz. En el otro extremo de la entrada está…
-¿Ana?
Bajo la mirada y vuelvo a levantarla. Hay dos Ana. No dejo de dirigir mi mirada hacia arriba y hacia abajo, como un balancín. Con cada segundo, todo se vuelve más confuso aún. Entonces, la Ana que está más cerca de mí, dice:

-Josh, soy Claudia, la hermana gemela de Ana. 

lunes, 16 de septiembre de 2013

Capítulo 38 - Ana

Sé quién tiene que dar el paso, y soy yo. Así que recorto la distancia que nos separa y lo beso. Le agradezco que me entienda y que sepa que no he pasado por mi mejor momento, ya que impide que el beso se llene de pasión. Sólo es un beso lleno de ternura, justo lo que necesito ahora mismo.
Cuando nos separamos, lo abrazo con fuerza y pego mi cabeza a su pecho, como solía hacer antes, y me lleno del sonido de los latidos de su corazón. Sólo nos separamos para sentarnos. Después me tumbo en el sofá, apoyando la cabeza en sus piernas mientras él me acaricia el pelo.
-No sabes cuánto deseaba que llegara este momento. - susurra.
-Siento haberlo retrasado - contesto cerrando los ojos y sonriendo.
Me siento aliviada porque es eso lo que he estado haciendo: retrasar lo que sabía que ocurriría en cualquier momento. Lo único que he hecho durante todo este tiempo ha sido dañarnos a ambos. Y, aunque aún hay cosas que me impiden estar del todo feliz conmigo misma, decido aprovechar al máximo estos minutos de paz.
-Estás perdonada - responde, y me da un beso en la frente.
-Podríais quedaros Estefi y tú a dormir aquí.
-¿Y crees que le gustará la idea? - Pregunta divertido.
-Por supuesto que no - respondemos Estefi y yo al mismo tiempo mientras ella entra en el salón - Pero, ¿qué remedio tengo?
Así que eso hacemos. Esa noche de principios de julio dormimos juntos en el salón: Estefi y yo, cada una en uno de los sofás; y Adrián lleva un colchón al lado de mi sofá. No soltamos nuestras manos en toda la noche.
Cuando despierto, ambos siguen durmiendo, así que suelto la mano de Adrián con cuidado y voy a la cocina a preparar el desayuno. Está bastante bien ver lo animadas que se han vuelto las cosas durante estos meses, en los que el estrés de los estudios no han dejado de hacer acto de presencia. En unos meses todos nos separaremos para estudiar en diferentes universidades, excepto Juan y yo, cuyo destino parece ir ligado.
Cuando terminamos de desayunar, limpiamos la cocina y Adrián y Estefi se marchan a cambiarse de ropa.
-Dale un besazo a Isa de mi parte - le grito a Estefi desde la cocina antes de que se vaya.
-No sé cómo puedes quererla tanto, es el diablo personificado.
-Tú al menos tienes un diablo en casa.
-Se lo daré.
-¿Y para mí no hay beso? - Pregunta una voz detrás de mí al mismo tiempo que unas manos me cogen de la cintura y me hacen girar.
-Por supuesto que sí - contesto sonriente.
Adrián me levanta del suelo y me besa. Inspiro con fuerza, llenando mis pulmones de su aroma, que no ha cambiado en este último año.
-Nos vemos más tarde, ¿no?
-Por supuesto.
Ambos se marchan y me quedo sola. Decido limpiar un poco y así trascurre la mañana, hasta que suena el timbre. Corro a abrir la puerta, esperando encontrarme con Adrián. Pero no es él. Es alguien a quien no veo desde hace mucho pero al mismo tiempo veo todos los días.
-¡¿Qué haces tú aquí?!

Capítulo 37 - Josh

-Buenos días - me despierta Vanessa con voz cantarina y dándome un sonoro beso.
Así que se tumba sobre mí y nos fundimos en un mar de besos y caricias que parece no tener fin... Hasta que suena el timbre.
Vanessa emite un gruñido de fastidio y se levanta para ir a abrir.
-Podrías ponerte algo más de ropa - digo mientras avanza decidida por el pasillo. Sólo lleva mi camiseta del día anterior que, aunque le está algo larga, no impide que se le vea medio muslo.
Me pongo en pie y voy al salón, donde está el portátil de Vanessa. Me acerco y me tumbo en el sofá, pero no sin antes ver que está metida en Twitter. ¡Twitter! Pero si llevo meses sin entrar. Justo en ese momento aparece Vanessa por la puerta.
-Vanessa, ¿puedo mirar una cosa en Internet?
-Por supuesto.
Introduzco rápidamente mis datos en Twitter mientras ella prepara el desayuno. Como siempre, tengo cientos de comentarios y nuevos agregados, pero sólo me centro en los mensajes directos. Y se me cae el alma a los pies. Tengo docenas de mensajes de Álex, el español. Los leo uno por uno. No llamé a Ana, Ana está destrozada, aunque no quiere saber nada de mí, Álex sigue intentando establecer contacto conmigo... Así que hago lo que debría haber hecho hace tiempo: mirar las fotos que se publicaron hace medio año. Me sorprendo de inmediato, no sólo aparece Ana, sino que también Vanessa.
"Se especula que el actor Josh Hutcherson, quien fue visto hace pocos días en España en compañía de una adolescente que responde al nombre de Ana, podría haber retomado su relación con la cantante y actriz Vanessa Hudgens, con quien compartió rodaje en la segunda parte de Viaje al centro de la Tierra: Viaje a la Isla Misteriosa. [...] ¿Quién es la joven española por la cual se sospecha que Josh viajó el pasado mes de noviembre a España? ¿Mantienen algún tipo de relación? ¿Ha vuelto con Vanessa? "
Y en cuanto termino de leer las eternas preguntas que se hacen los periodistas y los lectores, para las cuales ni siquiera yo tengo respuesta, me doy cuenta de que tengo que llamarla.
Así que cojo el teléfono y busco desesperadamente su número de teléfono.
-¿A quién llamas? - Pregunta Vanessa sentándose a mi lado
-A Ana.
-¿A quién?
Parece escandalizada, así que dejo de mirar la pantalla del teléfono y me giro para enfrentarme a ella.
-A Ana - repito.
-¿La estúpida chica española?
-No la llames estúpida, Vanessa. No la conoces.
-Es solo una cría infantil que jugaba a conocer a su actor favorito. Es como todas. Una obsesionada con convertirse en famosa a cualquier precio...
-No voy a dejar que la insultes, Vanessa - la corto, volviendo a centrar mi atención en el móvil.
-No la llames, Josh. No quiero que la llames.
-¿Y qué vas a hacer? ¿Dejarme? - Grito, poniéndome en pie.
Su rostro vacila dos segundos, haciendo que la máscaras dr seguridad que Vanessa sienpre muestra corra el peligro de desaparecer. Por un segundo la veo indecisa, pero en seguida recupera la compostura y se convierte en la persona fría y calculadora.
-Sí - responde con seriedad.
-Pues no es necesario que lo hagas. Te dejo yo - esto la sorprende y abre mucho los ojos - Estoy cansado de que tú puedas hacer lo que quieras, salir todas las noches a tú sabrás donde mientras que yo no puedo hacer una maldita llamada. Así que en cuento cuelgue el teléfono, recogeré mis cosas y espero no volver a encontrarte llamándome o buscándome. ¿Me oyes?
Marco el teléfono y espero hasta que una voz robótica habla al otro lado.
El número no existe.
-Se ha cambiado el número - susurro.
Vanessa se ríe a mi lado. No dudo dos segundos y empiezo a caminar por el apartamento en busca de mis cosas. Cuando abro la puerta para marcharme, la voz burlona de Vanessa me vuelve a detener.
-¿Qué vas a hacer? ¿Viajar a España? - empieza a reírse de nuevo, pero yo me limito a mirarla totalmente serio y desafiante.
-Sí, es justo lo que voy a hacer.

Capítulo 36 - Ana

Verano.
Me acurruco en el sofá, intentando ocupar el menor espacio posible, y cierro los ojos para descansar. Unos minutos más tarde, oigo el sonido que hacen las llaves al girar en la cerradura de la puerta. No son mis padres, quienes llevan dos semanas en París, así que sólo puede ser la otra persona que tiene una copia de las llaves: Estefi.
-¡Ana! - Llama desde la puerta.
Oigo varios pares de pies avanzar hasta el salón. Permanezco con los ojos cerrados.
-¡Ah! Estás aquí. Ha venido Adrián.
Emito un gruñido que espero que interprete como un 'déjame', pero consigue el efecto contrario. Se acerca a mí y empieza a sacudirme el hombro.
-¿Te lo has terminado?
Abro un poco los ojos, lo suficiente para ver que en una mano sostiene el marca páginas que dejé sobre el libro que tiene en la otra mano. Veo el pájaro azul rodeado por un aro del mismo color y con las alas abiertas. Cierro los ojos de nuevo y asiento.
-Entonces es normal que estés así de deprimida. ¡Arriba!
Me da con un cojín en la cabeza y, a regañadientes, obedezco.
Adrián se sienta a mi lado mientras que Estefi se pierde por el pasillo.
-¿Estás bien?
Me giro para poder ver mejor sus ojos. Esos ojos que siempre me han enamorado. Adrián, el chico que se ha convertido en mi confidente, en las pocas personas que me comprende y que ha tratado mis problemas de un modo objetivo dejando atrás sus sentimientos y lo ocurrido a lo largo de estos dos últimos dos años. Mi amigo.
Apoyo mi cabeza en su hombro buscando a alguien que me apoye. Veo como sus manos se retuercen, estirando sus dedos. Cierro los ojos y, a ciegas, deslizo mi mano por su antebrazo, trazando el recorrido de sus venas y arterias, hasta llegar a la muñeca. Entonces estiro los dedos y los entrelazo con los suyos.
Sigo con los ojos cerrados y, aunque los abriera, no querría ver la expresión de su cara. No sé cómo se tomará esto, así que espero a que me suelte, pero en lugar de eso, aprieta más su mano contra la mía y apoya su cabeza sobre la mía.
Es como si viajara en el tiempo, un año atrás. Por primera vez desde hace mucho, me siento cómoda y parece que desaparecen todas mis preocupaciones.
No sé cuánto tiempo pasa, pero cuando vuelvo a abrir los ojos, la respiración monótona y acompasada de Adrián me indica que también está durmiendo. Estefi está sentada en el sofá de al lado, pulsando teclas del móvil; supongo que hablando con Juan, que ha ido de viaje a Barcelona.
-Estefi - susurro, intentando no despertar a Adrián.
Estefi se gira para observarme y me sonríe.
-Buenos días, dormilona.
Sonrío. Oír hablar en voz baja a Estefi es algo que no sucede todos los días.
-¿Cuánto llevo dormida?
-Hace dos horas que llegamos. Deberíamos irnos y dejarte dormir.
Apenas muevo la cabeza para negar la oferta, pero es suficiente para que Adrián se despierte. Se aparta un poco para bostezar y entonces se queda mirando fijamente nuestras manos entrelazadas.
-Voy al servicio - dice Estefi poniéndose de pie.
-Así que no es un sueño. - Dice Adrián una vez que Estefi ha salido.
-¿Un sueño? - Pregunto.
-Sí. Uno como otro cualquiera. Pero esta vez es de verdad.
-¿Has... soñado...
-...contigo? - Comienza a reír, una de esas risas nerviosas que tanto me enfadarían en otra situación - Todas las noches -añade- Y entonces tu cara queda grabada en mi cabeza el resto del día. Así es imposible olvidarte. Aunque... Ya ni si quiera sé si quiero olvidarte.
Le suelto la mano y me levanto rápidamente del sofá.
-Lo siento, Adrián. Ahora somos amigos, justo lo que tú querías que no fuéramos. Y ha pasado mucho tiempo, y estoy muy confusa, y... Y debería haber dado ya el paso pero...
-¿No lo has dado aún? - me pregunta sonriente.
Entonces bajo la mirada, su mano está enganchada en una de las tiras de pantalón. Bajo también la mano y vuelvo a enlazar sus dedos con los míos. Sí, este es el paso.
-Te quiero, Ana.
"Jamás podrás enamorarte si no sabes perdonar" las palabras de Estefi no dejan de resonar en mi cabeza, porque tienen demasiada razón.
-Y yo a ti.
-No - dice negando con la cabeza - Dilo.
Está tan cerca de mí que muestras respiraciones se acompasan, nuestros alientos se mezclan.
-Te quiero, Adrián.

Capítulo 35 - Ana

Cojo el equipo de música y meto el CD. En seguida comienza a sonar Smile de Avril Lavigne.
-¡Juan y Adrián! - Grito desde la cocina. - ¿Pensáis dejarme que lo haga yo todo?
-¡Ya vamos!
Al final tengo que ir a separarlos de los mandos de la PlayStation.
-Jamás volveré a dejar que os traigáis otro juego.
Después de despertarme, ellos fueron a su casa a cambiarse de ropa. Como no se fían de mí, han decidido venir a comer aquí.
Empezamos a cocinar cuando suena el timbre. Al otro lado de la puerta está Estefi. La abrazo con ganas y la conduzco a la cocina. Cuando ve a Juan se besan apasionadamente. Mi mirada se dirige instintivamente a Adrián, quien también está mirándome, y ambos bajamos la mirada avergonzados. Así que nos ponemos a cocinar y, una hora después, estamos comiendo. No sé cómo lo hacen, pero al final Adrián y yo acabamos sentados juntos, enfrente de Juan y Estefi.
Hablamos de la fiesta de ayer, y sé que intentan mantener el tema de mi embriaguez aparte, pero no lo conseguimos. ¿Cómo si no vamos a explicarle a Estefi por qué se han quedado Juan y Adrián a dormir aquí?
-¿Bebiste? - Estefi abre muchísimo los ojos - ¿Por qué? ¡Dime que no fue por el temita de Josh!
-¡Estefi! ¡Por supuesto que no!
-Vamos a dejar el tema... - Dice Adrián con aire cansado.
-No se por qué te pones así. Estoy perfectamente.
-¿Que por qué?
-Chicas...
-No sé. Tal vez porque... ¿me preocupo por ti?
-Estefi...
-¡Pues deja de preocuparte! Ya soy grandecita.
-¿Ah, sí? Pues tu actitud demuestra todo lo contrario.
-Solo fue una vez.
-Y quién sabe si no empezarás a beber cada vez que te sientas mal.
-No lo haré.
-Sí, claro.
-¡Que no lo haré!
-¡PARAD YA!
Estefi y yo hemos acabado de pie, gritándonos. Ahora Adrián tiene una mano sobre mi hombro, sujetándome con fuerza.
-Adrián... - susurra Estefi.
-Déjala. Por favor.
-Sabes que tengo razón.
-Lo que menos necesita ahora es pelearse contigo - interviene Juan.
-¿De qué habláis? - Pregunto. - Si me creéis débil o algo así porque mi lista de llamadas esté algo vacía últimamente, os equivocáis.
-No es eso. - Juan saca el móvil de su bolsillo y me lo entrega - Sabemos la razón por la que Josh no te llama.
Miro la pantalla del móvil. Es un reportaje de una revista de hace una semana. El protagonista del artículo es Josh, pero salen dos chica. Una soy yo, aparecen fotos de cuando estuvo en España. Debajo hay un artículo en el que se rumorea que estuvimos saliendo, pero que podríamos haber roto ya que se ha visto a otra persona con Josh últimamente. No me hace falta leer el nombre, sé quién es. La chica de las otras fotos es...
-Vanessa Hudgen.

Capítulo 34 - Josh

-¡Feliz Año Nuevo! - Me saluda Vanessa abriendo la puerta y dándome un sonoro beso en los labios. Uno de los besos que me deja con ganas de un segundo más profundo - ¿Qué tal con tu familia?
Entro en la casa y me siento en el sofá.
-Bien. Mi hermano ha estado comentando cada dos por tres cosas de mi vida privada delante de mis padres. Ha sido divertido.
-Vaya, vaya - Vanessa se acerca y se sienta en mis piernas - ¿Y ha aparecido mi nombre por algún casual?
-Sí.
Vanessa ría, pero yo solo pienso en el tono de enfado de mi hermano y las miradas de mi madre.
-Bueno, es Año Nuevo. ¿Vamos a algún lado a celebrarlo?
-Estoy cansado, voy a ir a mi apartamento a descansar.
-¿Eso es una invitación? - Sonríe píaramente.
-En realidad no. Aunque si quieres... - Me inclino hacia ella y junto nuestros labios. Vanessa envuelve mi cuello entre sus brazos y se pega más a mí.
-También podemos celebrarlo aquí - susurra - Y, si nos queda tiempo, descansas un poco.
-Conociéndote, no tendríamos tiempo de descanso.
Ella ríe sonoramente. Se levanta y tira de mi brazo para que la siga.
-No Vanessa. Estoy cansado.
-Está bien - suelta mi brazo algo fastidiada - Pero, ¿seguro que no quieres descansar aquí?
-No. Además, tengo que deshacer las maletas.
-Vale. Lo siento, es que te he echado mucho de menos. - Se acerca y me abraza, apoyando la cabeza en mi pecho.
-Y yo también. Vendré luego. - Me inclino un poco para darle un beso en el pelo y después me marcho.

Capítulo 33 - Ana

La fiesta resulta agobiante. Hay decenas de personas bailando en cada rincón, gritando y bebiendo. Me siento en la barra improvisada que han hecho y pido algo para beber. No acostumbro a tomar alcohol, pero hoy me siento tan abrumada que quiero despejarme un poco. Por supuesto, siempre hay alguien decidido a no dejarme tranquila.
-¿Qué bebes?
El vaso parece volar de mi mano. Comienzo a estar un poco mareada, pero sé que Álex ya está tirando de mí para que me ponga en pie. Me lleva a la pista de baile y empieza a hacerme girar.
-Para, vas a hacer que expulse hasta su primera papilla.
Ahora el de la voz es Adrián. No lo he visto desde hace semanas. No sé cómo sentirme al oír su voz, y estar ebria no ayuda. Siento unas manos familiares agarrarme por los hombros y guiarme hacia una puerta. Es la zona de descanso, por decirlo de alguna manera.
-¿Se puede saber por qué bebes ahora? - me pregunta Adrián sentándome en un sofá rojo.
De repente me siento terriblemente cansada, así que dejo caer la cabeza a un lado... sobre el hombro de Adrián.
-Genial, estás peor de lo que imaginaba – comenta con ironía.
-Déjame. Estoy cansada.
A penas soy consciente de lo que sigo hasta que las palabras ya han salido de mi boca.
-Pobre – dice, colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja. - No te sienta bien, ¿eh? ¿Por qué estabas bebiendo?
-Echo de menos a Estefi.
Atraído por el nombre, Juan aparece de golpe a nuestro lado.
-¿Qué te pasa?
Aunque tengo los ojos cerrados puedo ver la cara de confusión que debe tener.
-Adivina.
-¿En serio? Pensaba que sólo tendría que ser el niñero tuyo, Adrián; siempre y cuando tú fueses el mío. ¿Cuándo ha entrado Ana en nuestra relación?
No sé de qué hablan, aunque tampoco me molesto en preguntar. Lo que más me preocupa ahora es que soy incapaz de permanecer con los ojos abiertos tres segundos.
Adrián, quien ha empezado a reírse, acaricia el brazo con la punta de los dedos.
-Deberíamos llevarla a su casa.
-Estás de broma, ¿verdad? ¿Para que la vean así?
Las conversaciones se mezclan y dejo de prestar atención a quién dice cada frase. Estoy a punto de dormirme, lo sé.
-No están.
-¿Qué? Pero si es Noche Vieja.
-Están con Claudia.
Sé que ambos me están mirando. ¿Lo he dicho? Sí, acabo de nombrarla.
-¿Quién es Claudia? – pregunta Adrián.
-Llevémosla a su casa.
No soy consciente del trayecto de vuelta a mi casa. Sólo sé que piden un taxi y me siento en la parte de atrás con Juan. No llego a quedarme dormida, pero tienen que sacarme en volandas y llevarme hasta mi piso.

Las primeras arcadas llegan con el amanecer. Salgo de la cama y corro hacia el cuarto de baño para expulsarlo todo. Llevo puesto unos pantalones de correr y una sudadera. Recuerdo brevemente cuando me los puse anoche. Unos minutos más tarde, salgo del cuarto de baño y regreso a mi habitación. Pero no estoy sola.
-¿Qué haces aquí?
-Dormimos en el sofá anoche. Te he escuchado levantarte. ¿Estás bien?
-Algo mareada y me duele la cabeza. ¿No volvisteis a la fiesta? - Juan niega con la cabeza. - ¿Y Adrián?
-Durmiendo en el salón.
Me siento a su lado, en la cama, y observo sus manos. Dedos largos y finos, pero también fuertes.
-Aún me siento eufórica por el alcohol. Siento que soy capaz de decir cualquier cosa, sin miedo a nada.
-Entonces habla.
-Creo que comenzaba a sentir algo por ti cuando te marchaste a Barcelona.
Lo miro, pero no parece sorprendido. Esboza una tímida sonrisa y baja la mirada.
-Lo sabía.
-¿Qué? – pregunto aterrada.
-Tu madre llamaba todas las semanas para preguntarme. Sabía que ella no llamaría por gusto, que alguien se lo estaba pidiendo. Y ese alguien eras tú. ¿Por qué? Al principio pensé que era porque te lo pedía Estefi, pero por lo que me contaban Adrián y el resto sabía que no era así. Además, Estefi jamás te hubiera pedido que le pidieras nada a tu madre.
-¿Por qué?
-Todo el mundo sabe que no tenéis una relación muy buena.
-Es mi madre – me limito a decir.
-Sí, pero…
-Entonces, ¿lo sabías?
-Sabía que tu madre me llamaba porque tú se lo pedías. Después sólo tuve que unir cabos sueltos.
-Lo siento – digo, aunque no sé por qué me disculpo.
-Sólo quiero saber una cosa – se gira para mirarme a los ojos. Tiene unos ojos marrones claros precioso – Ya no es así, ¿verdad? Ya no sientes nada que no sea amistad.
-Sólo eres un amigo.
Y es cierto. Al decirlo me doy cuenta de que es verdad, de que sólo es mi mejor amigo. Me acerco a él y lo abrazo. Después, empiezo a reírme.
-No se lo digas a Estefi. No volvería a confiar en mí nunca.
-Tranquila – dice, devolviéndome la sonrisa – Jamás se lo diré.