domingo, 4 de agosto de 2013

Capítulo 21 - Josh

Me quedo paralizado, observándola, hasta que alguien me da un golpe por detrás.
-¿Pero qué os pasa a vosotros dos? ¿Es que no pensáis ayudarla?
Álex ha terminado de subir las escaleras y se ha agachado para observar a Ana, que se ha desmayado. Coloca su cabeza en su regazo y le toma el pulso. Como me había contado antes, sus padres son médicos y él va a estudiar medicina también, algo que en estos momentos agradezco.
-Vamos a meterla dentro. ¿Me echáis una mano o vais a quedaros ahí parados?
Me acerco a ella y la cojo en volandas. Álex llama al timbre y después entra en la casa.
-¿María? ¿Estás aquí? Ana se ha desmayado.
-¡Oh, vamos! - Adrián le empuja y entra en la casa – No hay nadie. Está sola. Han vuelto a irse de viaje.
-¿Otra vez?
-¿No me has oído? - Adrián no se molesta en ocultar su irritación.
Mientras los dos se pelean yo avanzo con Ana en brazos y entro en el salón. Es una habitación no muy grande dividida en dos. En un lado hay una mesa y, en el otro, dos sofás rojos y un televisor de pantalla plana. La suelto con cuidado en uno de los sofás y me siento junto a ella. Coloco su cabeza en una de mis piernas y acaricio con cuidado su pelo.
En el otro sofá se sienta Adrián. Lo observo con atención y me doy cuenta de que no se parece en nada al chico que Ana me había descrito por mensajes. Pensaba que me encontraría con un creído, lleno de piercings y tatuajes, con ropa desaliñada; pero me ha sorprendido encontrarme con un chico inseguro y que viste con vaqueros y camisetas modernas. En la cara tiene varios agujeros que se abren cuando hace algún gesto, lo que muestra que sí ha llevado piercings, pero ya no.
Enseguida llega Álex con un vaso de agua. Incorporo a Ana, que poco a poco recupera el conocimiento.
-¿Estás mejor? - le pregunta Álex cuando se termina el vaso de agua.
Ella asiente con la cabeza.
-Me tengo que ir – interviene Adrián, levantándose – Mañana te llamaré y más te vale que me cojas el teléfono. Tenemos que hablar, ¿entendido?
Ana no parece muy convencida, pero finalmente asiente.
-Entendido.
Adrián se acerca a ella, se inclina y le da un beso en la frente.
-Juan y Estefi están muy preocupados por ti. Hablamos mañana – y abandona la habitación.
Nos quedamos en silencio. Ana aún no se ha fijado en mí, lo que hace que me pregunte si sabe que estoy sentado a su lado.
-Voy a por más agua – dice Álex.
Cuando nos quedamos a solas noto como se me acelera el corazón. Menos de un mes hablando con ella y cometo la locura de mi vida viniendo hasta aquí para quedarme en blanco, sin saber qué decirle.
-¿Estás aquí de verdad o he terminado de volverme loca? - pregunta en un perfecto inglés.
-No estás loca. Estoy aquí – le respondo en español y deslizo mi mano hasta coger la suya.
-¿Desde cuando hablas español?
-He dado unas cuantas clases – una sonrisa se dibuja en su rostro y, finalmente, clava sus preciosos ojos marrones en los míos.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno... No respondías a mis mensajes.
Ella suelta una carcajada.
-No me puedo creer que estés aquí, Josh.
-Pues creételo, es verdad.
Volvemos a quedarnos en silencio y ella vuelve a romperlo, algo que le agradezco.
-Siento no haber respondido a los mensajes. Apagué el móvil hará cerca de una semana. No quería saber nada de nadie, y no lo he vuelto a encender.
-No importa. Algo me dice que no lo estás pasando muy bien últimamente. Y lo entiendo.
-Gracias.

Se tumba sobre mi hombro y al poco tiempo se queda profundamente dormida.

viernes, 2 de agosto de 2013

Capítulo 20 - Josh

-Ha llegado el momento. Espero que esa chica merezca la pena, Josh.
-Sam, ya te he dicho que es una amiga.
-Suerte Josh, ya nos contarás qué tal es España.
-Gracias Liam, os llamaré. Aún os vais a quedar aquí un par de días, ¿no?
-Claro que sí, juntos. Con que nos llames a uno de los tres, te oiremos todos.
Me dirijo a la tercera persona.
-Te veo en Hawaii, ¿no?
Jenn me mira sonriente y me abraza con fuerza.
-Date prisa, lo vas a perder.- me susurra al oído.
Me doy la vuelta y cruzo la puerta que me lleva hasta el avión. Antes de seguir avanzando, me giro para contemplar marchar a mi pequeña familia.


Tras diez horas de viaje bajo del avión y piso, por primera vez en mi vida, tierra española. Paseo por el aeropuerto hasta que finalmente veo a un chico delgado y alto, moreno, con un cartel en el que ha escrito “5th Star”. Me acerco a él.
-Hola, quinta estrella – digo en español.
Él me mira boquiabierto.
-¿Así que es verdad? ¿Eres tú? Esperaba encontrarme con algún pederasta, pero ya veo que no. - se acerca y me tiende una mano, la estrecho, pero el se aproxima más y me abraza, golpeándome en la espalda. - No sabes la alegría que le va a dar cuando te vea. No soporto verla más así.
-Espero poder ayudar.
-Venga, hay un taxi esperándonos en la puerta.
-Por cierto – digo mientras camino a su lado – encantado de conocerte Álex.


Subimos a un taxi y tras media hora llegamos a nuestro destino. Pagamos al conductor y Álex me conduce a un alto bloque de pisos.
-¿Aquí vive? - Álex ríe a mi lado.
-¿Ana? No. Debes ser un poco paciente. Aquí es donde vivo yo. Te traigo para que dejes tus cosas.
-¿No debería dejarlas en un hotel?
-No, vas a quedarte aquí. A no ser que tengas miedo y prefieras pagar por una habitación en un hotel.
-Muchas gracias, Álex. Espero no ser molestia.
-Para nada – contesta con una sonrisa.
Dejo mis cosas en casa de Álex y bajamos de nuevo. A pesar de estar en noviembre, noto muchísimo el cambio de temperatura y el bochorno de España. Llevo mis gafas de sol y mi gorra, para que no me reconozcan, pero aún así intento caminar con la cabeza agachada.
Álex es un chico genial. Intento fingir que no sé muchas cosas de él, aunque Ana me ha contado casi todo por lo que ha pasado últimamente. Hablamos principalmente de ella. Al parecer, el sábado pasado la llamó histérica pidiéndole que fuera al parque porque a Estefi le pasaba algo. Él fue pero allí no había nadie. Desde ese día no ha vuelto a hablar con ella, pero sabe que le pasó algo con su ex. Además, parece ser que el ex-novio de Estefi ha regresado para quedarse. Comienza a anochecer cuando llegamos a otro bloque de pisos.
-Normalmente tendría que llamarla y recorrerme media ciudad para encontrarla pero, muy a mi pesar, eso no es lo que ocurre últimamente.
La puerta está abierta así que entramos. Cuando nos acercamos al ascensor, vemos un cartel en el que avisan que no funciona.
-Genial – suspira Álex – Ana vive en el sexto.
Comenzamos a subir, al principio rápido, pero poco a poco nos quedamos sin fuerzas. Cuando veo ya el número seis pintado en la pared oímos unas voces. Álex me hace un gesto para que me detenga.
-Esa es la voz de Ana y parece que habla con... - se pone tenso. Presto atención y capto parte de la conversación.
-Vete por favor.
-¿Qué te pasa en los ojos? No has dormido. Te has alejado de todo el mundo. Dime por qué.
-¡Adrián, que me dejes!
-Y estás muy delgada – este sigue hablando como si no hubiera dicho nada. - No estás bien y no voy a irme hasta que no me digas la razón.
Tomo la iniciativa y termino de subir las escaleras mientras me quito las gafas y la gorra. Álex intenta agarrarme, pero lo esquivo.
-¿Por qué no le haces caso? Te ha dicho que la dejes.
Ambos me miran. Adrián interrogante y Ana muy sorprendida. Es guapísima. Alta y delgada, un oscuro cabello le cae liso hasta los omóplatos.
-Espera – dice Adrián, captando mi atención - ¿Tú no eres...?

Pero no termina de hablar. Un sonoro golpe suena detrás de él. Se da la vuelta y ambos nos fijamos en el suelo, donde está Ana con los ojos cerrados.

martes, 30 de julio de 2013

Capítulo 19 - Josh

-¡JOSH!
Doy un respingo y miro a mi alrededor. Es como si me hubiera trasladado a un lugar sombrío. Hace frío. Estoy en lo alto de un escenario. En frente hay cientos de personas, observándome y con ropas andrajosas. A ambos lados de esta marea de gente hay decenas de cámaras y otras personas que, en este caso, visten con ropas modernas, cómodas, gafas de sol y gorras. Sin embargo, yo y el resto de las personas que hay sobre el escenario, vestimos más elegantes.
-¡Josh! ¡Tienes que presentarte voluntario! ¿Se puede saber que te pasa? - Francis Lawrence se acerca hacia el escenario, apartando a las personas que encuentra a su paso.
-Yo... Yo...
Vuelvo a la realidad. Estamos grabando la Cosecha, pero me he quedado completamente traspuesto.
-Ve a tu trailer y tómate algo. Quiero que vuelvas al cien por cien, ¿me oyes?
Comienzo a caminar y le pido disculpas cuando paso a su lado. Llego a la zona donde están los trailers y, justo cuando voy a entrar al mío, Sam sale del suyo, que está justo en frente.
-¿Josh? ¿Que haces aquí?
Le hago un gesto para que me siga y se aproxima corriendo. Entramos en el trailer y abro el frigorífico. Saco de él un botella de agua pequeña y me la termino de dos tragos. Tomo aire y comienzo a explicarle lo sucedido.
-Francis no debe estar muy contento – dice cuando he terminado de contarle.
-Ya es la segunda vez que me pasa, Sam.
-No ha vuelto a hablarte, ¿verdad?
Niego con la cabeza.
-Y hay más. He estado hablando con uno de sus amigos. Dice que no está bien. Al parecer pasó algo el otro día y se ha separado de todo el mundo. Dice que no sale de su casa y que se ha alejado de su mejor amiga. Estoy preocupado.
Sam suspira y se deja caer en el sofá, junto a mí.
-He encontrado algo que tal vez te sirva. Toma.
Me entrega una pequeña tarjeta: “Clases nocturnas de idiomas. Nos ajustamos a cualquier horario. Las clases pueden impartirse en su domicilio o en nuestra academia” y a continuación aparece una dirección de Atlanta.
Miro a Sam interrogante.
-¿Para qué quiero esto?
-Para aprender español. -vuelvo a mirara la tarjeta.
Sam se levanta de mi lado y vuelve a frigorífico. Saca de él una lata de Coca Cola y me la entrega.
-Toma. Vas a necesitar muchas de estas para aprender español y grabar todo lo que queda en una semana.
-Eres el mejor – me levanto con la lata en una mano y la tarjeta en la otra. La guardo en mi bolsillo y despeino a Sam.
-Lo sé – dice este satisfecho.
Salgo del trailer con mi lata en la mano y con una enorme sonrisa en la cara.


La siguiente semana se basa en grabaciones, clases de español, estrés y más estrés, falta de sueño pero, sobre todo, en bebidas energéticas.

domingo, 28 de julio de 2013

Capítulo 18 - Ana

Me miro por décima vez al espejo y me hecho otra capa más de maquillaje bajo los ojos. Nada, mis ojeras siguen intactas. Cojo mi mochila y salgo corriendo hacia clase. Cuando llego al instituto los pasillos están vacíos. Lo que significa que las clases ya han comenzado. Llego a mi clase y llamo a la puerta.
-¿Se puede?
-Llegas tarde, Ana. - el profesor de matemáticas me mira con el ceño fruncido.
-Lo siento – susurro.
-Siéntate.
Miro a mi alrededor. El sitio en el que suelo sentarme, junto a Estefi, está ocupado por Álex, así que decido sentarme al final de la clase.
-Lo siento , pensaba que no venías – me susurra Álex cuando paso por su lado.
Le hago un gesto con la mano, indicándole que no tiene importancia. Me siento en la última mesa, al lado hay otra vacía. Saco mis cosas y me dedico a mirar a la pizarra, fingiendo que pongo atención en las clases.
Al rato la puerta vuelve a abrirse y aparece un chico alto y esbelto, rubio. Lleva unos vaqueros negros y un jersey marrón claro que se confunde con su tez morena. El efecto es inmediato, a Estefi se le cae el bolígrafo con el que jugueteaba entre sus dedos, la espalda de Álex se tensa y la clase se llena de murmullos. Yo me limito a abrir mucho los ojos.
-Llega tarde, Juan.
-Lo siento señor – al igual que antes de marcharse, su voz sigue siendo educada, en eso no ha cambiado ni cambiará - Estaba hablando con el director, ni siquiera sabía cual era mi clase.
Sin duda alguna, era él el que mantenía a Adrián y al resto de sus amigos fuera de la mala vida. Entonces me encaja el cambio de Adrián. Cuando se fue Juan se hizo piercing y empezó a vestirse con chándal, a ser un medio delincuente. Ahora que Juan había venido todo volvía a la normalidad.
-¿Vuelves con nosotros? - pregunta el profesor, sin evitar sonreír.
-Sí. Me dieron a elegir entre quedarme en Barcelona y volver, no lo dudé ni un segundo.
Observo como por el rabillo del ojo mira a Estefi.
-Está bien. Siéntese donde pueda.
Echo un rápido vistazo a la clase y se me cae el alma a los pies. Sólo hay un asiento vacío. Estefi sigue a Juan con la mirada mientras este se acerca a mí y se sienta a mi lado. Me pego al extremo opuesto de la mesa.
-Gracias por contestar a todos mis mensajes – comenta por lo bajo.
Me giro y lo observo con atención. Está guapísimo, mucho más de lo que estaba cuando se fue. Bajo sus ojos verdes tiene una zona oscura. Se gira también y me observa atentamente.
-Parece que no has dormido.
-Se podría decir lo mismo de ti, ¿no?
Se encoge de hombros.
-No he estado de humor para dormir últimamente. - nos quedamos en silencio - ¿Y tú tampoco has dormido?
-Justo lo contrario. He dormido cerca de veinticuatro horas desde la última vez que te vi.
-¿Has llorado? - su tono de preocupación hace que lo mire de nuevo y su expresión me lo afirma. Sí, está preocupado. Pero no estoy de humor para responderle, así que vuelvo a girarme - ¡Oh, vamos! ¿Encima de que me preocupo por ti no me lo dices?
-Como si te importase mucho – digo, resoplando.
-Pues sí, me importa. Siempre te he tenido mucho cariño, lo sabes.
-Déjame en paz, Juan – se me quiebra la voz y los ojos se me nublan.
-Ana – alarga la mano y agarra la mía, pero yo la retiro con violencia justo cuando una lágrima cae por mi mejilla. - ¿Por qué no respondiste a mis llamadas?
-¿Que por qué? - me enfrento a él y me giro, a pesar de que ya he comenzado a sollozar – No solo fue Estefi la que no sabía nada de tu partida hasta que te fuiste. Eras mi mejor amigo y yo tampoco sabía nada. De repente me vi sola sin nadie con quien desahogarme.
-Si te llamé fue para saber como estabas. Para que me informaras de lo que ocurría.
No le respondo. Termino de sacar mi agenda y la libreta y comienzo a hacer los ejercicios que el profesor de matemáticas está haciendo en la pizarra. La clase transcurre lenta, muy lenta. Tras lo que parecen horas, miro el reloj. Sólo faltan veinte segundos para el final de la clase, así que empiezo a recoger las cosas.
-Es difícil contestar a las llamadas si te pasas días encerrada en tu habitación llorando.

Me levanto justo en el momento en el que suena la sirena y salgo apresurada de la clase.

viernes, 26 de julio de 2013

Capítulo 17 - Josh

-No me responde. Llevamos dos días sin hablar. No hay rastro de ella, ningún twit, ningún mensaje...
Sam se pone de pie de golpe, arrastrando la silla.
-¡Deja de dar golpecitos en el suelo con el pie!
Miro hacia abajo y paro de mover los pies. Ni me he percatado de lo nervioso que estoy.
-Lo siento – digo en un susurro.
-Cambiemos de tema. ¡Dentro de dos semanas son vacaciones!
-Sí, que alegría – digo sin entusiasmo.
Sam vuelve a sentarse y me mira serio.
-Tal vez esté sin Internet. Si tanto te importa, llámala.
-Claro que sí – me levanto y me dirijo a la ventana, abriéndola de par en par. Saco la cabeza por ella y comienzo a gritar: - ¡Ana, respóndeme! ¡Necesito saber qué tal te ha ido el fin de semana! ¡Contest... - cayo de golpe, percatándome de la situación que tengo delante. Poco a poco noto como el calor sube por mis mejillas.
Sam se acerca corriendo y se asoma a la ventana. Después se aparta y comienza a reírse a carcajada limpia. Por debajo de la ventana está Jena Malone, mirándome interrogante.
-Lo siento mucho Jena, hoy definitivamente estoy gafado.
Poco a poco voy escurriéndome hacia abajo hasta que consigo desaparecer por completo de la ventana. Me giro y veo a Sam retorciéndose en el suelo y con las lágrimas saltadas.
-Pobre Jena – consigue decir, aunque enseguida comienza a reír de nuevo – Debes de haberle provocado un trauma.
-Estúpido – me acerco y le doy una colleja – Ha sido tu culpa, me has dicho que llamara a Ana y por seguirte el rollo ahora creerá que estoy loco.
Sam sigue riéndome, lo que no ayuda a rebajar el actual color de mis mejillas.
-Me refería al móvil, ¿qué se supone que hacías gritando por la ventana?
-¿Qué móvil?
Sam se atraganta de tanto reír y comienza a toser. Yo aprovecho y le golpeo la espalda con más fuerza de la necesaria.
-¿No te ha dado su número? - pregunta.
-¿A mí? No.
-¿En serio? ¿Hablas con una fan y lo primero que te dice no es su número de teléfono? Esa chica es rara, Josh – se incorpora y se deja caer en el sofá.
-No es rara, ya te dije que es diferente.
-Josh, estás llevando el tema a un punto demasiado... demasiado... - chasquea los dedos.
-¿Exagerado?
-No, no es eso. Da igual. La cuestión es que esa chica es una adolescente. Ya sabes, esas que tienen las hormonas revolucionadas, a las que no hay quien les ponga un límite. Puede que la hayan castigado.
-Sam – lo corto antes de que siga diciendo tonterías – Puede parecerte una locura, pero he releído los mensajes una infinidad de veces y ha pasado algo. El sábado pasaba algo. El sábado es cuando la llamaba su ex y cuando éste iba a reencontrarse con el ex de su mejor amiga. La conozco, es una buena chica, no la castigarían. Es raro.
-Josh – Sam me pone una mano sobre el hombro – deja que pase esta semana y si no te habla, tienes mil formas de encontrarla.

Asiento, aunque sólo espero que se equivoque y que no deje de hablarme. Me lo prometió.

miércoles, 24 de julio de 2013

Capítulo 16 - Ana

-¡Mamá! – grito desde la puerta de mi habitación, rezando para que mi voz sea normal a pesar del nudo que tengo en la garganta – No me despiertes.
-¿Ocurre algo, Ana? – oigo los pasos de mi madre y temo que venga hasta aquí, así que me doy prisa en improvisar algo.
-Estoy enferma. Pero seguro que se me pasa si me quedo mañana todo el día en la cama. No te preocupes.
Entro corriendo en mi habitación y cierro la puerta. Me tumbo y comienzo a llorar. El dolor de cabeza aumenta por momentos. Hasta que llega al punto en el que desaparece o, mejor dicho, dejo de ser consciente de él. Me duermo, preguntándome cómo es posible que alguien pueda cambiar tan radicalmente de personalidad.

Alguien me zarandea. Abro poco a poco los ojos y veo una luz cegadora.
-Por dios, mamá. Apaga la luz. – me estiro sobre la cama hasta alcanzar el interruptor que hay junto a la mesita de noche y me tumbo de nuevo una vez que he recuperado la oscuridad.
-No soy tu madre. – dice una voz triste.
Me quedo callada. Mi madre la habrá dejado entrar pensando que ella podría averiguar cómo me encuentro.
-No quiero hablar contigo. – contesto de mala gana.
-Venga. ¿Tú eres la que está mal? ¿En serio?
-¡QUE ME DEJES! – Me incorporo y le tiro la almohada con toda la fuerza que tengo.
A través de las lágrimas veo como ella sacude la cabeza, con la mirada fija en el suelo. A pesar de la negrura, advierto que se le han formado unas enormes ojeras bajo los ojos.
-Deberías intentar arreglarte. Mañana es lunes y tenemos instituto. Dudo que puedas arreglar el desastre que estás hecha en una hora – aunque intenta sonar irónico, se nota que no está de humor para bromas.
-¿Vas a volver con él? – le pregunto cuando ya ha cogido el pomo de la puerta para marcharse.
-¿Vas a darle otra oportunidad a Adrián?
Nos quedamos en silencio. ¿Es eso un no?
-Una respuesta no se responde con otra.
Ella me mira con tristeza, pero continúa su camino y sale de mi habitación justo después de desearme buenas noches.

Cojo el móvil y se me cae el alma a los pies. Ya es domingo y son las seis de la tarde. También veo que tengo mensajes en Twitter, pero no puedo responderlos ahora. ‘Ni ahora ni en unos cuantos años’ me digo a mí misma. Apago el móvil, sabiendo que aun así, mañana la alarma será puntual. Me doy cuenta de que, a pesar de que llevo casi veinticuatro horas durmiendo, estoy tan cansada como si hubiera estado semanas sin dormir. Y, como imaginaba, vuelvo a quedarme dormida en un par de minutos.

lunes, 22 de julio de 2013

Capítulo 15 - Ana

'Necesito hablar con vosotras. ¿Puedes avisar a Estefi? Nos vemos en el parque: zona de skate, junto a la fuente'
-¿De quién es? - pregunta Estefi asomándose por encima de mi hombro.
-No lo sé, es un desconocido. Pero parece Álex, ¿no crees?
-Sí – vuelvo a leer el mensaje, extrañada. - Pero, ¿por qué no nos ha mandado el mensaje desde su móvil?
-Tal vez esté sin batería y se lo haya pedido a Javier o a alguno de sus amigos.
Me encojo de hombros.
-Entonces, ¿vamos?
-Claro.
Estefi se pone de pie y yo la imito. Mientras la espero en la entrada de su casa, recoge su móvil y sus llaves. Justo cuando vamos a salir, la puerta se abre y entran su madre y su hermana.
-Hola Ana – saluda con voz cantarina y me da una abrazo a la altura de mis rodillas.
-Hola Isa – la saludo despeinando sus rizos.
-¿Dónde vais? - pregunta la madre de Estefi.
-Al parque. ¡Vamos Ana! - exclama Estefi desde la mitad de las escaleras.
-Ya voy – Isa me suelta y salgo corriendo detrás de su hermana – Hasta luego.

-Esto está demasiado tranquilo.
Hemos llegado al parque, donde no hay ni un alma.
-Me extraña que Álex quiera quedar con nosotras un sábado. Siempre se va con los de su grupo, ¿no?
Ella se encoje de hombros. Cuando llegamos a la fuente me fijo en que sólo hay un chico por allí, sentado en un banco de espaldas.
-Ese no es Álex, ¿verdad? - le pregunto a Estefi.
-No – contesta ella. - Parece...
-Estefi vayámonos. - me mira extrañada, pero yo no aparto la mirada del desconocido. - ¡Vamos!
-¿Por qué?
-¡Ese no es Álex! - cojo a Estefi de la mano y tiro de ella hacia atrás, pero se resiste – Álex está con sus amigos. El del mensaje no era él, era...
Pero no llego a terminar la frase. Alguien me coge de la cintura y me alza en el aire, colocándome sobre su hombro. Suelto la mano de Estefi por el sobresalto, pero ella no se inmuta. Permanece mirando al desconocido que en ese momento se levanta y se da la vuelta.
-¿Juan? - pregunta esta, cuando el chico ya solo está a dos metros de ella.
-Estefi – el chico coge la mano que hasta hace un minuto yo sujetaba.
No veo nada más, uno árboles me ocultan el momento. El extraño que me ha cogido me lleva fuera del parque. Pataleo y me retuerzo.
-¡Suéltame imbécil!
Oigo el motor de un coche al ralentín que no veo al estar de espaldas. El extraño se agacha y me mete en el coche, pero con mis patadas acabo dándome con el techo en la cabeza.
-Tío, ¿quieres tener más cuidado? - pregunta el conductor. Me estremezco al oír de nuevo su voz.
Se cierra la puerta de atrás y el chico que me ha llevado en brazos se monta en el asiento del copiloto.
-No se estaba quieta.
Rebusco en mi bolsillo y saco el móvil. Procurando que no me vean por el espejo retrovisor llamo a la primera persona que se me ocurre. Al tercer toque, contesta.
-¿Ana?
-¡Álex ve al parque, a la fuente! Estefi...
Unas manos me arrebatan el móvil, las manos del conductor, quien corta la llamada.
-¿Vas a hacer algo bien por una vez en tu vida? - le grita al copiloto. - ¡Llama a Juan y dile que el paleto va para allá!
-¡No llames paleto a Álex!
Me lanzo hacia el asiento del conductor y alargo el brazo hasta clavarle las uñas en la cara. El coche da un volantazo y casi se sale de la carretera, pero el conductor lo controla.
-¿Estás loca? - pregunta con temor en la voz - ¿Pretendes matarnos a los tres?
-¡Bájame del coche! ¡Tengo que estar con Estefi!
-Por si no te has dado cuenta, Estefi está manteniendo una conversación.
-Y deja de gritar, no es para tanto.- me contesta el copiloto.
El conductor frena hasta detener el coche.
-Bájate y llama a Juan.- el otro hace lo que le dice y baja del coche.- ¿Quieres sentarte aquí delante? – dice, girándose para mirarme.
-Lo que quiero es estar lo más lejos posible de ti, Adrián.
-De acuerdo.
De nuevo, el coche arranca. Tras unos minutos de silencio soy incapaz de seguir callada.
-¿Dónde me llevas?
-A dar una vuelta por la ciudad. Luego te dejaré en el parque.
-¡Bájame ahora!
-¿No lo entiendes? – da un frenazo y detiene el coche. Miro por la ventanilla y descubro que estamos en el mirador de la ciudad – Ven aquí delante, Ana. Vamos a hablar.
Al principio lo dudo, pero me decido y salto por entre los asientos hasta sentarme junto a él.
-¿Qué quieres?
-Juan ha venido y lo primero que me dijo fue que necesitaba hablar con ella. Está hecho polvo.
-¿Él? ¿Hecho polvo? – no sé si reír o empezar a gritar, así que opto por lo primero.
-Sí, él. – Adrián me mira interrogante por mi reacción.
Me fijo en que se ha quitado todos los piercing que le adornaban la cara y se ha peinado como se peinaba cuando salíamos juntos. Su ropa también es distinta, en vez de chándal, lleva vaqueros. Es exactamente igual que el chico al que quise durante un año.
-Adrián, él la dejó – consigo decir cuando me he tranquilizado – El mismo día que se iba a vivir a Barcelona la llamó y le dijo que la dejaba porque se iba. Estefi no tenía ni idea de que se mudaba.
-Lo hizo así porque hasta el último segundo tenía la esperanza de quedarse, pero no.
-Debería haberla prevenido, decirle que tal vez se iba a ir y no iba a volver a verla en meses o años.
-¿Y no crees que eso hubiera hecho que Estefi sufriera? – me mira a los ojos, son unos ojos serenos, diferentes a los que he visto constantemente estos últimos meses – Estefi hubiera pasado noches sin dormir pensando en una relación a distancia, algo en lo que ambos sabemos que no cree. ¿Me equivoco?
No contesto, porque sé que tiene razón.
-Llévame a casa.
-¿Por qué?
-Quiero pensar – tengo la vista clavada en sus rodillas.
Sin decir una palabra más, arranca el coche y comienza a conducir. Aunque no tiene el carnet, lo hace perfectamente. En un par de minutos hemos llegado a la puerta de mi casa.
-Gracias por traerme – me dispongo a bajar, pero su cálida mano me sujeta por la muñeca. Me giro, cansada - ¿Qué?
-¿Vas a darme otra oportunidad?
Tras unos segundos de silencio, contesto:

-No.