lunes, 16 de septiembre de 2013

Capítulo 33 - Ana

La fiesta resulta agobiante. Hay decenas de personas bailando en cada rincón, gritando y bebiendo. Me siento en la barra improvisada que han hecho y pido algo para beber. No acostumbro a tomar alcohol, pero hoy me siento tan abrumada que quiero despejarme un poco. Por supuesto, siempre hay alguien decidido a no dejarme tranquila.
-¿Qué bebes?
El vaso parece volar de mi mano. Comienzo a estar un poco mareada, pero sé que Álex ya está tirando de mí para que me ponga en pie. Me lleva a la pista de baile y empieza a hacerme girar.
-Para, vas a hacer que expulse hasta su primera papilla.
Ahora el de la voz es Adrián. No lo he visto desde hace semanas. No sé cómo sentirme al oír su voz, y estar ebria no ayuda. Siento unas manos familiares agarrarme por los hombros y guiarme hacia una puerta. Es la zona de descanso, por decirlo de alguna manera.
-¿Se puede saber por qué bebes ahora? - me pregunta Adrián sentándome en un sofá rojo.
De repente me siento terriblemente cansada, así que dejo caer la cabeza a un lado... sobre el hombro de Adrián.
-Genial, estás peor de lo que imaginaba – comenta con ironía.
-Déjame. Estoy cansada.
A penas soy consciente de lo que sigo hasta que las palabras ya han salido de mi boca.
-Pobre – dice, colocándome un mechón de pelo detrás de la oreja. - No te sienta bien, ¿eh? ¿Por qué estabas bebiendo?
-Echo de menos a Estefi.
Atraído por el nombre, Juan aparece de golpe a nuestro lado.
-¿Qué te pasa?
Aunque tengo los ojos cerrados puedo ver la cara de confusión que debe tener.
-Adivina.
-¿En serio? Pensaba que sólo tendría que ser el niñero tuyo, Adrián; siempre y cuando tú fueses el mío. ¿Cuándo ha entrado Ana en nuestra relación?
No sé de qué hablan, aunque tampoco me molesto en preguntar. Lo que más me preocupa ahora es que soy incapaz de permanecer con los ojos abiertos tres segundos.
Adrián, quien ha empezado a reírse, acaricia el brazo con la punta de los dedos.
-Deberíamos llevarla a su casa.
-Estás de broma, ¿verdad? ¿Para que la vean así?
Las conversaciones se mezclan y dejo de prestar atención a quién dice cada frase. Estoy a punto de dormirme, lo sé.
-No están.
-¿Qué? Pero si es Noche Vieja.
-Están con Claudia.
Sé que ambos me están mirando. ¿Lo he dicho? Sí, acabo de nombrarla.
-¿Quién es Claudia? – pregunta Adrián.
-Llevémosla a su casa.
No soy consciente del trayecto de vuelta a mi casa. Sólo sé que piden un taxi y me siento en la parte de atrás con Juan. No llego a quedarme dormida, pero tienen que sacarme en volandas y llevarme hasta mi piso.

Las primeras arcadas llegan con el amanecer. Salgo de la cama y corro hacia el cuarto de baño para expulsarlo todo. Llevo puesto unos pantalones de correr y una sudadera. Recuerdo brevemente cuando me los puse anoche. Unos minutos más tarde, salgo del cuarto de baño y regreso a mi habitación. Pero no estoy sola.
-¿Qué haces aquí?
-Dormimos en el sofá anoche. Te he escuchado levantarte. ¿Estás bien?
-Algo mareada y me duele la cabeza. ¿No volvisteis a la fiesta? - Juan niega con la cabeza. - ¿Y Adrián?
-Durmiendo en el salón.
Me siento a su lado, en la cama, y observo sus manos. Dedos largos y finos, pero también fuertes.
-Aún me siento eufórica por el alcohol. Siento que soy capaz de decir cualquier cosa, sin miedo a nada.
-Entonces habla.
-Creo que comenzaba a sentir algo por ti cuando te marchaste a Barcelona.
Lo miro, pero no parece sorprendido. Esboza una tímida sonrisa y baja la mirada.
-Lo sabía.
-¿Qué? – pregunto aterrada.
-Tu madre llamaba todas las semanas para preguntarme. Sabía que ella no llamaría por gusto, que alguien se lo estaba pidiendo. Y ese alguien eras tú. ¿Por qué? Al principio pensé que era porque te lo pedía Estefi, pero por lo que me contaban Adrián y el resto sabía que no era así. Además, Estefi jamás te hubiera pedido que le pidieras nada a tu madre.
-¿Por qué?
-Todo el mundo sabe que no tenéis una relación muy buena.
-Es mi madre – me limito a decir.
-Sí, pero…
-Entonces, ¿lo sabías?
-Sabía que tu madre me llamaba porque tú se lo pedías. Después sólo tuve que unir cabos sueltos.
-Lo siento – digo, aunque no sé por qué me disculpo.
-Sólo quiero saber una cosa – se gira para mirarme a los ojos. Tiene unos ojos marrones claros precioso – Ya no es así, ¿verdad? Ya no sientes nada que no sea amistad.
-Sólo eres un amigo.
Y es cierto. Al decirlo me doy cuenta de que es verdad, de que sólo es mi mejor amigo. Me acerco a él y lo abrazo. Después, empiezo a reírme.
-No se lo digas a Estefi. No volvería a confiar en mí nunca.
-Tranquila – dice, devolviéndome la sonrisa – Jamás se lo diré.



sábado, 14 de septiembre de 2013

Capítulo 32 - Ana

A menudo, una persona toma decisiones esperando que en un futuro le sean recompensadas. O al menos, que le quiten los problemas del presente. ¿Y si no ocurre ninguna de esas dos cosas y, además, pierde a una de las persona que más le importan?
Tres semanas, ya han pasado tres semanas de aquella llamada. Un “hasta ahora” fue lo último que lo oí decir. ¿Y ahora? Dos semanas sin oír su voz, sin saber nada de él porque yo quise romper todo tipo de contacto entre nosotros.
“Pase lo que pase, nunca dejes de hablarme”.
“Te lo prometo”.
Ya rompí mi promesa una vez, y ahora vuelvo a romperla.
Josh, ¿dónde estás? ¿Qué estás haciendo? ¿Trabajando? ¿En alguna entrevista? No, no sale nada de eso en Internet. ¿Sigues acordándote de mí como la amiga adolescente por la que viajaste a España?
-¡¿Acaso algo de todo eso era verdad?!
-Vuelves a hablar sola.
Parpadeo un par de veces. Estoy en mi habitación, con Estefi detrás de mí, haciéndome un precioso recogido.
-¡Para! – le ordeno – No voy a ir.
-Sí vas a ir. Tienes que controlar que Juan no se acerque a ninguna bruja que haya en la fiesta.
-No estoy de humor, Estefi.
-¿Por qué? Ah, vale. – hace una pausa y después añade, gritando e intentando imitar mi voz: - ¡¿Acaso algo de todo eso era verdad?! Es por él, ¿no?
-Sí, es por él.
-Álex ha intentado hablar con él por Twitter.
-¿Qué Álex ha hecho qué? – digo girando la cabeza, o intentándolo; ya que Estefi me agarra con fuerza la barbilla para que permanezca inmóvil.
-Tranquila, no hay rastro de él. Nada.
-Genial – comento con sarcasmo, en el fondo esperaba que Álex hubiese descubierto algo.
-Escucha. Es Noche Vieja. Voy a terminarte este precioso recogido, nos vamos a despedir, vas a comer algo, vas a ver la tele sentada. ¡Nada de tumbarte o de leer! Después, te vas a poner el precioso vestido que nos compramos…
-El día que me llamó. – ignoro el escozor que empieza a hacer acto de presencia en mis ojos.
-…y vas a ir a la estúpida fiesta. Te lo vas a pasar muy bien, ¿vale? Por mí.
La miro a través del espejo. ¿Por qué siempre tiene que irse al pueblo de al lado? Si supiera cuanto la necesito hoy a mi lado…
-Vale.
Estas dos últimas semanas han sido un caos. Al día siguiente no me llamó, pero apenas me importó. Ya había ocurrido eso antes. Pero los días siguieron pasando y yo no sabía nada. Al principio, fue peor. No podía dormir, apenas tenía hambre... Fue como cuando Juan volvió. Después empecé a estar mejor, poco a poco, con la ayuda de Estefi, Juan y Álex, quienes habían resuelto sus diferencias. Álex había empezado a tontear con otra chica, algo de lo que me alegraba muchísimo. Sólo en ocasiones, empezaba a gritar como una loca y a romper cosas. Los recuerdos acudían a mi cabeza sin invitación y, en lugar de llorar, me enfadaba. Con Josh por no hablarme, conmigo misma por haberme creado una ilusión después de las advertencias de Estefi. ¿Cómo podía haber sido tan tonta?
Y luego estaba Adrián. Un nombre que salía en cada conversación que mantenía con Juan y Estefi. Álex prefería no comentar. Ahora eran amigos, pero sabía que no era al cien por cien de su agrado. Adrián había intentado mantenerse al margen, esperando aún un paso que yo no sabía si quería dar. Pero por lo que me contaban mis amigos, sabía que Adrián estaba pendiente de todo lo que me pasase a mí y de todo lo que rodease a Josh. Y lo peor es que lo ha estado haciendo para ayudarme, aunque sin conseguir nada.
-¿Estás aquí?
-¿Qué? - pegunto distraída – Ah sí. Estaba pensando.
-En Josh.
-No. En realidad estaba pensando en Adrián.
Los dedos de Estefi se interrumpen durante una fracción de segundo, casi imperceptible, aunque no para mí.
-¿En Adrián?
-Sí.
-¿Por qué?
-Porque hace mucho que no lo veo.
-Supongo que lo verás esta noche en la fiesta.
-¿En la fiesta?
-Sí. Tú no lo sabes porque llevas dos semanas sin salir, pero últimamente sale con nosotros. Irá.

No sé si sentirme aliviada o con menos ganas aún de ir a la fiesta. Opto por lo primero. Esta noche no pasará nada a no ser que yo quiera, y yo no quiero. ¿O sí?

martes, 10 de septiembre de 2013

Capítulo 31 - Josh

-¿Vanessa?
-Hola Josh.
-¿Qué haces aquí?
-¿Vas a algún lado? – baja la mirada y mira la chaqueta que aún no he terminado de ponerme - ¿Puedo acompañarte?
-No. ¿Qué quieres?
-Quiero hablar.
-Habla.
Me apoyo en el marco de la puerta y la miro con atención. Hace poco más de un año que decidió dejarme y marcharse. ¿La razón? No la hay.
-¿Puedo pasar? – me pregunta. Como respuesta, coloco el brazo de tal forma que impida que nadie entre en mi apartamento - ¿Sabes? Es mejor que me vaya.
Se da la vuelta y camina hacia el ascensor. Es entonces cuando me fijo en su figura, en su pelo... y no puedo evitar recordar todos esos momentos que hemos compartido juntos.
Las puertas del ascensor se abren y, antes de volver a cerrarse, estoy dentro de él con Vanessa.
-Voy al restaurante de abajo a cenar. ¿Quieres acompañarme?
Esboza una sonrisa perfecta y asiente.
-Me encantaría.
Así que eso hacemos. Caminamos en silencio por la calle y llegamos al restaurante. Nos sentamos en una mesa que hay algo apartada del resto, para tener algo de intimidad y que no nos reconozca la gente. Seguimos en silencio hasta que me canso de esperar y decido preguntarle sobre qué quería hablar.
-Me han dicho que has estado en España, ¿no?
-Genial- comento con sarcasmo - ¿Es eso? ¿El mismo tema de siempre? Porque ya estoy harto de que me pregunten por lo mismo. Sí, he estado en España. ¿Ocurre algo?
-No, sólo que los rumores...
-Escucha Vanessa – digo cortante – Eres famosa, como yo. Sabes que todo el mundo está pendiente de los rumores y la mayoría son falsos.
-No cuando vienen acompañados de fotos.
-¿De qué?
Entonces rebusca en su bolso y saca su teléfono móvil. Un momento después me lo pasa y miro lo que hay en la pantalla. Son fotos mías con Ana en el parque de atracciones y paseando por la ciudad.
Alarga el brazo para volver a coger su móvil pero lo alejo de sus manos.
-¿De dónde has sacado esto? - pregunto.
-Las ha colgado una revista en su página de Internet, supongo que saldrán la semana que viene.
Saco mi móvil dispuesto a llamar a Ana y avisarla de lo que nos va a caer encima, en especial ahora.
-¿Vas a llamarla a ella?
-Sí.
-¿Por qué?
Me detengo y la miro a los ojos.
-¿Que por qué? Porque es una chica que está alejada de todo esto. No está acostumbrada a que la gente la mire con odio ni a que salgan fotografías de ella en una revista.
-Es sólo una fan de diecisiete años, ¿no?
-Estás muy informada sobre tema por lo que parece – comento con ironía mientras vuelvo a pulsar números en mi móvil.
-No la llames.
No le habría hecho caso si no fuera por el tono de súplica que utiliza. Dejo el móvil a un lado sobre la mesa, y me enfrento de nuevo a sus ojos oscuros.
-¿Cómo sabes que tiene diecisiete años?
-Me he informado Soy un poco cotilla en ese aspecto – responde sonriente.
-No me hace ninguna gracia.
-Creo que deberías dejarla en paz. Es sólo una cría que ha jugado con fuego. Mira cómo ha acabado, y eso que aún no ha llegado lo peor.
-No tienes ni idea de cómo es. - digo bajando la voz hasta un punto que resulta amenazante.
-Te lo estoy diciendo por su bien, Josh. Además, ¿qué es lo que os traéis? ¿Es sólo amistad?
-No te importa, Vanessa.
-Si tú lo dices.
En ese momento llega el camarero con la comida que hemos pedido, aunque a mí se me ha ido el apetito por completo. Comienzo a picotear en mi plato sin ganas mientras Vanessa se come su ensalada tan tranquila.
-Creo que debería irme – digo, levantándome de la mesa – No vemos en otra ocasión.
Salgo del restaurante no sin antes haber pagado la cuenta y camino deprisa hacia mi apartamento. Cuando llego me pongo unos pantalones de dormir y la primera camiseta que encuentro. Después me tumbo en el sofá y paso los canales del televisor, intentando distraerme con cualquier cosa. Tengo que llamar a Ana antes de que salgan las fotografías, aunque ¿de qué serviría eso? Dudo que pueda hacer algo para evitar que las publiquen. ¿Y por qué me ha advertido Vanessa? He estado bastante borde, pero es normal teniendo en cuenta lo que me hizo hace unos meses. Ni siquiera sé por qué he ido a cenar con ella, debería haber cerrado la puerta sin más. ¿Sigo sintiendo algo por ella? No. No. No lo sé.
El timbre vuelve a sonar y me levanto corriendo para abrir la puerta. Al otro lado está de nuevo Vanessa. Se hace un silencio muy incómodo entre ambos y sé que esta vez me toca romperlo a mí.
-Siento haber sido tan insoportable esta noche. Siento mucho cariño por esa chica y no quiero que lo pase mal.
-No te disculpes – dice, haciendo un gesto con la mano – No debería de haber sacado el tema. Ya no debería importarme tu vida privada.

Cuando se acerca y me besa, una parte de mí no deja de gritarme que la suelte, que no le permita volver a hacerme daño. Pero estoy tan cansado de luchar contra esa parte de mi cabeza, que me dejo llevar como hace tanto tiempo que no hago.

lunes, 9 de septiembre de 2013

Capítulo 30 - Josh

-¿Dónde estás?
-En casa.
-¿De tus padres?
-No, Sam. He decidido pasar una temporada en Los ángeles antes de que se reanuden las grabaciones. Quiero estar descansado para los últimos detalles.
-Así que estás sólo en tu casa de Los Ángeles. ¿Me equivoco?
-No – respondo temeroso.
-¿Y cuándo piensas celebrar una fiesta? Yo sería el invitado de honor.
-Adiós, Sam. Ya va siendo de llamar a Ana.
No le doy tiempo a burlarse de mí, como hace siempre. Nada más colgar el teléfono y comprobar que en España deben de ser las doce, marco el número. Por suerte es Navidad así que Ana no estará en el colegio. Han pasado casi dos meses desde mi viaje a España. Hablamos todos los días y, esta vez, por teléfono; con lo que es más fácil saber cómo se encuentra por su tono de voz. Aunque nuestra relación a mejorado mucho, sigo sintiendo esa sensación extraña que me alerta de que me estoy equivocando y que no siempre consigo ignorar.
-¡Hola, Daniel! - exclama una voz al otro lado del teléfono.
Daniel. Así es como me llama cuando está rodeada de personas capaces de arrancarle el móvil de las manos si supieran que está hablando conmigo. Esas personas que no han dejado de agobiarla desde que alguien habló con una revista para decir que yo había ido a España por ella. Desde luego, las revistas dudaron, pero finalmente la información parecía tan cierta que hicieron la publicación y acertaron... a medias.
-Hola. ¿Qué tal acabó el día?
Mientras hablo camino hacia la cocina y comienzo a preparar la cena. Me he dado cuenta de que soy incapaz de estar inmóvil cuando hablo con Ana.
-¿Recuerdas que te dije una cena con mi familia? Pues mi prima, dos años menos, me encerró en el baño. Me encontraron mis abuelos cuando ya se había ido casi todo el mundo. El cuarto de baño está en el rincón más recóndito de la casa. Fue lo único entretenido que pasó. ¡Ay!
-¡Hola Daniel!
Me alejo el móvil todo lo que puedo del oído, pero ya es tarde. Los gritos me han dejado sordo.
-Por favor Estefi, mi tímpano. - Estefi se ríe al otro lado de la línea. - ¿Estáis juntas?
-Si, estamos comprando los vestidos para Noche Vieja. ¿Te describo el que se está probando ahora mismo?
-Por favor – suplico, entrando en el juego. Al otro lado oigo ruidos y no puedo evitar reírme imaginándome a Ana corriendo detrás de Estefi por la tienda.
-Desde luego le falta tela al vestido, tanto por arriba como por abajo. Es naranja claro, como no tenía que ser naranja atardecer – las dos últimas palabras las pronuncia con un tono burlón.
Ana debe estar completamente roja.
-¡Te tengo!
-¡Suelta!
-¡Soy otras vez yo! - grita Ana, excesivamente alto.
-¡Parte de arriba ajustada y falda de vuelo!
-¡Estefi callate! Y tú no te rías, Daniel.
Intento dejar de reír, pero tardo varios minutos en conseguirlo.
-Me estaba describiendo con detalle el vestido.
-¿En serio? Se ha ido a lo más provocativo. Ni siquiera te ha dicho si tenía estampado.
-¡Es liso! - grita Estefi a su lado.
-¡Que no grites junto a mi oído!
-Ya sabes lo que siento yo cada vez que me la pasas al teléfono. - guardamos silencio un momento hasta que al final se me ocurre algo más que decir – Me encantaría verte con ese vestido.
Esos silencios, por suerte, son cada vez menos abundantes y más cortos en nuestras conversaciones.
-Subiré alguna foto a Twitter.
-Menos mal que me sé tu dirección de memoria. Ahora que has decidido que dejemos de seguirnos...
-Es lo mejor.
-Es lo que tú crees que es lo mejor. Yo no lo creo, señorita.
-Es un... - guarda silencio, intentando encontrar las palabras, hasta que lo consigue – intento desesperado por hacer que la gente se calle.
-Tal vez vaya a ver ese vestido en persona.
-No.
-Sí, Ana.
-No es buena idea.
-¿Ahora no puedo ir a España a celebrar Noche Vieja?
-No. Al menos no aquí.
-¿No quieres verme?
Me arrepiento en cuanto le pregunto. Claro que quiere verme. Pero después de las semanas que vivió tras mi regreso a Estados Unidos está aterrorizada con lo que pueda pasar si vuelven a descubrirnos juntos. Por eso se molesta tanto en romper todas las conexiones públicas que tiene conmigo, como si nunca me hubiera conocido, como si nunca hubiera sabido de mi existencia. Y, a veces, me canso de todo esto.
-Claro que quiero verte, pero no es seguro.
Incluso guarda las fotos de aquel fin de semana donde absolutamente nadie pueda encontrarlas.
-Nunca será seguro a no ser que deje de ser famoso.
Volvemos a guardar silencio y, esta vez es largo, muy largo.
-Llámame mañana. Estefi va a tirar a puerta del probador si sigo aquí encerrada.
-Está bien. Te llamo mañana.
-Hasta entonces.
-Hasta entonces.
Nunca hay un “Adiós”. Cuelgo el teléfono y jugueteo un rato con él en mi mano, girándolo en un sentido y en otro. Ahora mismo debe de estar borrando la llamada. Es otra de sus “soluciones desesperadas”. Ella no tiene mi número, sino que quien tiene que llamar soy yo. Una vez finalizadas nuestras conversaciones, el número desaparece de su lista de llamadas. Incluso se niega a guardarme como “Daniel” por miedo a que alguien mire el número y compruebe que no es español. Como tampoco nos seguimos en Twitter, no puede mandarme mensajes. Así que, ahora mismo, la única vía que tiene para contactar conmigo son mis llamadas.
Algunos días decido no llamarla. No quiero parecer pesado, además a veces tengo la impresión de que intenta evitarme. Pero mis sospechas desaparecen cuando al día siguiente noto su voz de alivio al oír mi voz.
Miro el frigorífico. Lo he abierto mientras hablaba con Ana pero no he sacado nada. Tampoco tengo ganas de cocinar así que me estoy decidiendo por bajar al restaurante que hay justo al lado cuando suena el timbre.
Camino hacia la puerta del apartamento y observo por la mirilla. El rellano está vacío. Me doy la vuelta, mosqueado y camino hacia mi dormitorio a cambiarme de ropa cuando el timbre vuelve a sonar. Suelto todo el aire de mis pulmones para calmarme y me dirijo a la puerta. De nuevo, no hay nadie cuando echo un vistazo por la mirilla.
Comienzo a mosquearme, así que corro hacia mi cuarto y me cambio de ropa. Cojo el abrigo y, justo cuando cojo el pomo de la puerta para abrir, vuelven a llamar.

Esta vez, sí abro la puerta. Al otro lado hay una chica de altura normal, cabello negro y ondulado, con un vestido bastante ajustado. La reconozco, por supuesto que la reconozco. ¿Cómo no iba a reconocer a la última persona que me rompió el corazón?

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 29 - Ana

-Gracias.
-¿Por qué?
-Por haberme hecho sentir joven. Me lo he pasado muy bien.
Bajo la mirada y sonrío, sin saber qué decir. Entonces Josh me agarra la barbilla y me obliga a levantar la cabeza. Se inclina hacia mí y me besa. Mi respiración se agita y noto como se me embota el cerebro. Me cuesta respirar y siento miles de descargas eléctricas por todo el cuerpo. Cuando se separa, llega el vacío a mi estómago.
Intenta alejarse pero me acerco más a él y lo abrazo. Envuelvo su cintura entre mis brazos y apoyo la cabeza en su hombro.
-¿Cuándo volveré a verte?
-Pronto. - se separa un poco de mí para mirarme a los ojos y añade: - Te lo prometo.
Y esto cierra nuestra despedida. No hay un “Adiós”, no hay un “Hasta luego”. Sólo un “Te lo prometo”. Lo observo caminar hacia las puertas que lo conducen hasta el avión que despega a las cinco de la tarde. Miro el reloj de mi muñeca, son las cuatro y media. Josh no se da la vuelta para levantar la mano y despedirse, y se lo agradezco. No quiero que vea como las primeras lágrimas amenazan con salir de mis ojos.
Me siento en uno de los asientos que hay junto a los enormes cristales que dan a la pista de aterrizaje. Intento memorizar hasta el último segundo que ha pasado con él este fin de semana. Nuestro encuentro, la fiesta de disfraces, el cine, la huida, el parque de atracciones, la planificación de la película del parque... Y hoy. He faltado a clases para estar toda la mañana con él y mostrarle cosas de la ciudad. Han sido los mejores tres días de mi vida, y todo gracias a él. La media hora de espera se convierten en cinco minutos para mí. Entonces veo como el avión se separa del anclaje y se aleja del edificio, cogiendo velocidad, hasta que levanta las ruedas del suelo y se pierde poco a poco entre las nubes.
“Te lo prometo”
Lo último que me ha dicho resuena una y otra vez mientras camino hacia la salida.

-¿Qué tal la despedida con Daniel? - pregunta Estefi saltando sobre uno de los pupitres para llegar hasta mi mesa.
Al verla, Álex se levanta para marcharse, pero Juan es más rápido y lo agarra con fuerza por el hombro.
-Mi brazo mal, mi brazo mal – no deja de repetir Álex a toda velocidad.
Juan no lo suelta hasta que se sienta. Lo observo con atención, tiene un círculo azulado alrededor del ojo. Consecuencia de la fiesta de disfraces. Al otro lado de la sala, Miguel está sentado en una silla con dos muletas al lado.
“Daniel” es el nombre que usamos para hablar de Josh. En verdad, Daniel fue el amor platónico de la infancia de Estefi, un chico cinco años mayor que ella que vivía al lado de sus abuelos.
-Nada.
-¿Lloraste? - pregunta rápidamente Estefi.
-¡No! Bueno, al menos mientras él estaba delante.
Estefi chasquea la lengua y se deja caer sobre el pupitre de al lado, fastidiada.
-Lloraste. Él te lo notaría en los ojos antes de irse. Los tíos siempre saben eso.
-Eso no es cier... - comienza Juan.
-Lo saben – lo corto Estefi – Otra cosa es que hagan algo al respecto.
Juan y Álex se lanzan miradas de desacuerdo. La escena me fascina. ¿Los ha unido la pelea?
-Movimiento en la mesa de Miguel – canturrea Estefi, cuando éste se pone de pie y se acerca a nosotros.
-Vaya, vaya. La familia reunida.
-Si yo fuera tú me alejaría de la familia, Miguel – contestó con sarcasmo – Tu amiguito Rafa no está aquí para ayudarte.
-Ni lo necesito. - Miguel se acerca tanto a mí que veo hasta la más pequeña peca que tiene bajo los ojos - ¿O es que tú vas a hacerme algo, Ana? ¿Tal vez va a venir tu amiguito el actor a salvarte?
Levanto la mano cerrada en un puño y la estrello contra su cara. Después le pego una patada a una de las muletas y Miguel pierde el equilibrio y cae al suelo.
-¿De dónde has sacado eso?
-Todo Twitter habla de ello, incluso ha salido ya tu nombre en alguna revista – dice sin dejar de reírse desde el suelo.
Miro a Juan, Estefi y Álex que están boquiabiertos. No sé muy bien el porqué, si por verme pegándole a alguien o por lo que acaba de decir Miguel. El primero en reaccionar es Juan. Saca el móvil de su bolsillo y teclea algo. Me fijo a mi alrededor y me doy cuenta de que casi todas las miradas están clavadas en mí. No puede ser.
Juan me toca el brazo y me pasa su móvil. Miro la pantalla y el corazón se me encoge. Es una página de tantas que hablan sobre Josh:
“Este fin de semana, nuestro Josh parece haber ido de visita a España. ¿Por motivos de trabajo? Ni por asomo. Algunas fuentes nos informan que ha ido para encontrarse con una chica a la que conocido por la red social Twitter. Recientemente alguien cercano a la chica ha confirmado la noticia de un posible romance entre nuestro actor y esta chica de diecisiete años, Ana. Se les ha visto juntos en una fiesta de disfraces, en un cine y paseando por la ciudad. También se sospecha que podrían haber ido juntos a un parque de atracciones donde ella trabaja. ¿Serán estos rumores ciertos? ¿Habrá encontrado Josh alguien en quien apoyarse? Esperemos que esta chica no nuble su mente ahora que hay rumores de problemas que surgieron en las grabaciones de Catching Fire por culpa de aquel que interpreta el papel de Peeta Mellark.”
Mi nombre. Mi nombre circula por la red y creen que soy la causante de los problemas en las grabaciones. Incluso puede que sea cierto. Puede que sea la culpable.
Desciendo y me encuentro con los comentarios. Entonces las lágrimas llegan y tengo que taparme la cara. Me insultan por poder hablar con él, por salir con él. Pero ni siquiera estamos saliendo. Él pasa toda su vida en EEUU y yo en España. Sólo somos amigos, ¿no?
-¿Estás bien? - Álex se acerca a mí con cuidado y me pone una mano sobre el hombro.
Niego con fuerza y termino de secarme las lágrimas. Ahora me inunda la rabia y tengo que descargarme. Me giro y piso la espalda de Miguel, quien intenta incorporarse.
-¿Has sido tú? - pregunto mientras lo aplasto contra el suelo - ¡¿Tú has dado esa información?!
Miguel se ríe, y eso me pone de los nervios. Piso con más fuerza.
-¡Respóndeme!
No lo hace, así que arqueo la pierna hacia atrás y le asesto una patada en el costado. Miguel grita y se retuerce, cuando voy a darle otra, unos brazos me levantan del suelo y me llevan a la otra esquina del aula.
-¡Relájate! - Juan me suelta y me pega contra la pared, sujetándome por los hombros – No merece la pena y lo sabes. No le muestres tu frustración.
-¡Lo insultan a él por mi culpa! ¡No puedo dejarlo pasar! - la rabia hace que las lágrima corran más deprisa. La gente sigue mirándome y me esfuerzo por no gritarles a ellos también.
-Disfruta haciéndote sufrir, mucho. Así que no le sigas el juego. ¿Entendido?
Me muerdo el labio con fuerza hasta tal punto en el que siento dolor propio de un moratón.
-Está bien.
-¿Se puede saber que está pasando aquí? - la profesora de literatura acaba de entrar por la puerta.
Miguel está aún en el suelo, formando un ovillo. Álex y Estefi por otro lado tampoco charlan pacíficamente. El resto de la clase, está agolpada en una esquina, mirando los móviles y a mí alternativamente. Solo unos pocos están sentados o fuera de clase.
Camino hacia mi pupitre, junto Álex y delante de Juan y Estefi, buscando protección.
-Álex, ayude a Miguel a ponerse de pie.
Álex se acerca a él y tira con fuerza de uno de sus brazos hasta levantarlo y empujarlo contra un pupitre. Después le da la muleta de mala gana. Miguel lo agarra por el brazo. Álex hace una mueca de dolor, pero no aparta la mirada. Los segundos transcurren y el ambiente se tensa.
-¡Sentaos! - Álex empuja a Miguel y se sienta a mi lado.
-¿Cómo estás? - pregunta Álex.
-Confundida – respondo, ahora que la rabia ha disminuido. - Siento como si todo lo que ha pasado estos tres días sólo hubiese sido un error. Un error muy grande.
Permanecemos en silencio mientras sacamos los libros.
-Ha sido un buen golpe – me susurra pasado un rato.
Me giro para observar a Miguel, que tiene dificultades para sacar el material. Cuando se percata de que lo miro, me dirige una sádica sonrisa. Así que aparto la mirada.

-Creo que es lo único que he hecho en condiciones en mucho tiempo.

sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 28 - Josh

Abro la puerta del taxi y monto en la parte de atrás. Ana está sentada delante, en el asiento del copiloto.
-Hola – me saluda cuando entro, aunque noto que le tiembla un poco la voz.
-Hola – le devuelvo el saludo.
Durante el trayecto, ninguno de los dos dice nada. El taxi nos lleva a las afueras, y nos detiene en el aparcamiento del parque de atracciones, que abrirá dentro de dos horas. Ana se dispone a pagar, pero insisto en hacerlo yo. Esta vez, el que gana la discusión soy yo. Bajamos del coche y caminamos hacia una puerta trasera del edificio de entrada.
-¿Estás bien? - le pregunto, ya que apenas habla.
-Sí, he... tenido una noche algo rara.
No me lo quiere explicar ya que si no me habría contado ya que le ocurre. Así que no insisto. Entramos en una sala en la que hay unas tres personas. Dos de ellas vestidas con ropa normal y el tercero, un hombre mayor, con la ropa que llevan los encargados de las atracciones.
-Vaya, vaya. Hola Ana, pensaba que te habías olvidado de nosotros.
Ana se acerca y lo saluda con un abrazo.
-En absoluto, tío. Esto... he traído a un amigo para que conozca un poco el parque. Es de Estados Unidos y ha venido de viaje, no quería dejarlo sólo. ¿Hay algún problema en que hagamos el trabajo juntos?
El hombre me mira con atención de arriba a abajo, analizándome.
-Ana, sabes cuáles son las normas. Lo siento.
-Pero tío, sirve para esto. Le gustan mucho los niños y...
-Ana no puedo. Me costó mucho meterte a ti. Lo siento.
-Pero es sólo un día.
-Lo sé. Y si por mí fuer lo dejaría pasar; pero no quiero que se queje toda la plantilla.
-¿Me vas a hacer volver a la ciudad?
-Lo siento, Ana. Te pago el taxi si quieres.
-¡No! Yo..
Avanzo hacia ellos y me quito la gorra y las gafas de sol.
-Hola señor, soy Josh Hutcherson.
-Zacarías – dice mientras me estrecha la mano. - Lo siento hijo, pero...
-No sabe quién soy, ¿verdad? - ante su expresión de desconcierto continúo hablando – Soy actor. Ana ha pensado que sería divertido traerme para estar con los niños y enseñarles algo sobre actuar. Alentarlos y convencerlos de que el teatro es una actividad muy divertida para que haya actores mejor preparados en el futuro.  
-¿Actor?
-Sí, mírelo en Internet si quiere.
-¡Zacarías! - dice uno de los chicos que hay en la sala – Es cierto, es actor. Mira – le entrega su teléfono móvil y el tío de Ana mira algo en él.
-A mí me parece bien. - comenta la tercera persona, una chica rubia y bajita – No todos los días hay un famoso en el parque.
-Está bien. Os voy a traer unos trajes. Por la mañana, animaréis a los críos. Por la tarde, podrás quitarte el disfraz y hablarles de tu experiencia como actor y todo lo que quieras.
Asiento y Ana y yo lo seguimos por unos pasillos hasta una habitación llena de disfraces de dibujos animados. Ana se viste de una de las Supernenas, la del vestido verde. Yo, me decido por un traje de Bob Esponja. Ana comienza a reírse  cuando me ve salir del probador hasta llegar a un punto en el que tiene que echarse mano a los riñones.
-¡No te rías! A los niños les va a encantar – aseguro.
-Eso ni lo dudes – consigue decir entre risas.
Nos quitamos los trajes y salimos del edificio y paseamos por el parque. Ana me enseña las atracciones y me cuenta cuáles son las mejores para su gusto. Cuando llevamos un buen rato andando, paramos frente a una fuente y nos sentamos en uno de los bancos que hay cerca.
-¿Vas a decirme qué te pasa? - pregunto tras unos minutos de silencio.
-Nada – responde alargando la 'a', con lo que sé que está mintiendo.
-Mientes.
-Lo sé. Pero no voy a decírtelo.
-¿Por qué? ¿No confías en mí? ¿O es que es sobre mí? - de repente siento un nudo en el estómago.
-Son inseguridades, de las cuales nunca hablo. Tú no eres una excepción en ese caso.
-¿De qué no te sientes segura?
-Déjalo ya, Josh.
Comienzo a reírme. Una risa histérica y que sale sola, para liberar tensiones.
-Ana – me giro hacia ella, pero no me mira - ¿Tú me hablas de inseguridades? He venido aquí, por ti. ¿Y tú me hablas de inseguridades?
-Viniste porque estabas preocupado por mí.
-Sí, porque me importaba muchísimo hablar contigo cada día. Por eso me subí a un avión, sin hacer caso de todas las personas que me decían que estaba loco, para preguntarte por qué no me respondías a los mensajes.
-No tenías por qué haberte tomado tantas molestias – contesta levantándose del banco.
-¿Se puede saber qué te pasa? - la sujeto del brazo y me levanto también – Ayer estabas... bien y hoy...
-Te besé. Me besaste. -clava la mirada en el suelo y se ruboriza.
Inspiro con fuerza.
-¿Por eso es? ¿Porque te besé? ¿Porque me besaste?
-No sé lo que eso significa para ti, Josh. Llevo meses soñando con... historia fantásticas y ahora parece que se han hecho realidad. No quiero hacerme ilusiones para luego estrellarme.
-Vine hasta aquí. ¿De verdad crees que solo vengo a hacerte daño?
No puedo soportarlo más, así que me inclino y la beso. Primero, con ternura; después, la aprieto contra mí y ella me envuelve la cintura con los brazos, con fuerza. ¿Por qué me hace sentir tan inseguro? ¿Por qué siento como si esto estuviera mal? He estado con tantas chicas... y esta es la única que me hace sentir inseguro.
Nos separamos y recobro el aliento. Recuerdo todas mis charlas con Sam y con Liam. ‘Es sólo una amiga, no hay nada más’. ¿Es verdad? Sí, es una amiga. Pero pensar en algo más profundo me hace sentir inseguro. Y no comprendo la razón.
-Será mejor que nos preparemos.

Pasamos toda la mañana jugando con los niños, cada uno con su traje. Ana no deja de reír y abrazar a los críos. Parece feliz, más feliz de lo que jamás la he visto. A pesar de que es noviembre, el calor que pegan los trajes y todo lo que tengo que correr para alcanzar a los niños acaba haciéndome sudar como nunca. Así que cuando llega la hora de almorzar, nos quitamos corriendo los trajes. Ana tiene la cara roja y un halo de pelo desordenado. Aun así, está guapísima. Vamos al comedor de trabajadores. Hay un bufet libre, Ana se pide lasaña y yo macarrones.
-¿Listo para mostrarles quién eres?
-Temo la reacción – comento mientras pincho un buen puñado de macarrones. – No quiero que se abalancen sobre mí.
-No son tan malos – dice riendo.
-Son unos diablillos. ¿Cómo pueden ser tan difíciles de tratar? ¿Cuántos años tienen? ¿Cinco?
-De todas las edades.
-Son demasiado rápidos. Y demasiado traviesos.
-¿No te gustan los niños?
-Sí. Pero estos no.
Ana se ríe con ganas y yo me quedo embobado viéndola reír. Viéndola feliz.
-Pero si son adorables. Alejados de todos los problemas, sólo se preocupan por jugar. Ojalá fuera tan fácil para nosotros aislarnos del mundo de esa forma.
Decido no comentar nada y me guardo esa frase para reflexionar sobre ella más tarde. Cuando terminamos de comer vamos a cambiarnos de ropa. Esta vez no nos disfrazamos de personajes de dibujos infantiles, sino que nos vestimos con el uniforme del parque. Pantalones cortos verdes, camiseta blanca y gorra verde. Ana se recoge el pelo en una coleta y yo me quedo con mis gafas de sol.
Salimos a un pequeño parque en el que hay columpios y, al fondo, un pequeño cuadrado de cemento en el que los chicos ya están sentados, formando un coro y con la vista fija en una silla que hay en frente.
-Ahí te sientas tú, Josh – dice Ana empujándome hacia la silla.
Me giro y veo cómo se sienta al lado de los niños. Camino con decisión hacia la silla y me quito la gorra y las gafas de sol. Ninguno me reconoce.
-Hola – los saludo.
-Hola – gritan todos a coro.
-¿Alguien sabe quién soy?
Unos cuantos niegan con la cabeza.
-Está bien… - doy vueltas a mi cabeza, buscando algo con lo que puedan reconocerme y, finalmente, lo encuentro – Me llamo Josh. ¿Alguien ha visto la película de ‘Un puente hacia Terabithia’?
-¡Sí! – grita una niña pelirroja con dos trenzas. Otros se limitan a levantar la mano, pero muy pocos.
-El niño al que le encanta correr y se junta con la niña rubia, ¿sabéis quién es? – algunos asienten, la chica pelirroja lo hace más efusivamente que nadie – Ese soy yo. Bueno, cuando era más pequeño. Ahora he crecido mucho.
Abren mucho los ojos y uno de ellos se tapa la boca con las manos. No puedo evitar reír, y Ana tampoco.
-¿Y qué haces aquí? – pregunta la chica pelirroja.
-¿Cómo te llamas?
-Marina.
-Pues he venido aquí de viaje y vuestra monitora, Ana – la señalo y todos se giran para mirarla – me ha dicho que viniera a conoceros. También quiere que os hable un poco de mi trabajo. ¿A quién le gustaría hacer una película?
Todos levantan las manos y empiezan a gritar. Ana tarda unos cinco minutos en hacer que regrese el silencio.
-Creo que te resultará más fácil si hablas sólo con uno. Quiero decir, el mensaje llega a todos pero tú sólo te centras en uno de ellos – dice Ana una vez que se han callado.
Asiento y me fijo en un chico que hay sentado detrás, el más callado de todos.
-¿Cómo te llamas tú?
-Pablo – responde tímidamente.
-¿Te gustaría hacer una película, Pablo? – asiente con la cabeza – Pues no es difícil. Sólo tenéis que estudiar artes escénicas.
-Josh – Ana me hace gestos para llamar mi atención – vas muy rápido.
Los miro y por todos lados veo caras de aturdimiento.
-Está bien. Cuando seáis mayores, muchos querréis ser médicos, profesores, veterinarios… pero muy pocos querréis ser actores. Yo he venido para contaros que podéis empezar a hacer películas desde muy pequeños. Seguro que donde vivís hay escuelas para vosotros de teatro. En estas clases os enseñan a hacer películas, a perder la vergüenza… a muchas cosas. Y lo mejor es que os lo pasáis muy bien. ¿Me habéis entendido?
Todos asienten, pero ninguno grita, lo que hace que comience a dudar del efecto de mis palabras.
-Chicos, ¿quién quiere hacerle preguntas a Josh?
Algunos levantan la mano y empiezan a hacer preguntas como verdaderos periodistas, preguntándome cuál fue la primera película en la que participé, por qué me gusta ser actor; otros se limitan a preguntarme sobre mi color favorito, si tengo hermanos…
Cuando se quedan sin preguntas, lo que nos lleva cerca de dos horas, nos quedamos unos momentos en silencio. Me quedo mirando a Ana, que se queda pensativa unos minutos.
-¿Queréis que hagamos un juegos, chicos? – con esta pregunta, llama la atención de todos los niños – Vamos a hacer una película del parque, ¿vale? Vais a salir vosotros montados en las atracciones y diciendo que os parece el parque. También podéis decir qué queréis ser actores, ¿vale? Y podéis hablar de Josh. Y si él quiere, puede salir con vosotros en la película. ¿Qué os parece?

La alegría que se ha ido acumulando mientras Ana hablaba estalla en ese momento. Los niños se levantan, gritan, corren, saltan… El pequeño parque se parece a un pequeño zoo y, por fin, experimento aquello que Ana lleva observando todo el día. La alegría y la capacidad por olvidar de los niños pequeños.

martes, 27 de agosto de 2013

Capítulo 27 - Ana

A la luz de la lámpara, Estefi abre muchísimo los ojos. Abre la boca, pero decide cerrarla. Después, vuelve a abrirla y comienza lo que será la noche más larga de mi vida.
-Has besado a Josh.
-Sí – afirmo, a la vez que asiento con la cabeza.
-Vas a ir con él mañana al parque.
-Sí, – vuelvo a asentir – si no cambia de idea.
-Y Adrián se ha declarado.
-Por tercera vez, sí.
-¿Y cómo te sientes? - pregunta cruzándose de pies sobre el sofá.
-¿Cómo me siento? - pregunto con la mayor tranquilidad de la que soy capaz. - Pues no sé. Confundida, frustrada, arrepentida, cabreada...
-¡Para! ¡Para! - Estefi levanta los brazos. - Vamos a ir paso por paso. ¿Qué sientes por Josh?
Lanzo un gruñido de frustración.
-No lo sé.
-¿Y por Adrián?
-Tampoco lo sé – me tapo el rostro con las manos y me dejo caer en el sofá, ya con el pijama puesto.
Hemos decidido pasar la noche en el salón, ya que dudo que durmamos mucho.
-Tienes que saber algo. ¿Querías besarlo mientras hablaba?
Se hace el silencio y me quito las manos de la cara para poder observar a Estefi. De nuevo caigo hacia atrás y vuelvo a taparme la cara.
-Joder Estefi, sí.
Estefi grita. Mitad feliz, mitad histérica.
-¡Sigues sintiendo algo por él!
-No me digas. ¿Desde cuándo? Tal vez, ¿un año? – comento con sarcasmo.
-¿Y a quién quieres más, a Josh o a Adrián?
-¡A ninguno! - grito incorporándome del todo. - Lo de Josh parece un sueño. Siempre he querido conocerlo, imaginarme un noviazgo con él y todo eso que hacen las desesperadas como yo. Y ahora parece que puedo conseguirlo pero no parece real. Por otro lado, Adrián sí lo es. Pero me hizo daño, Estefi. Puede que ahora seáis amigos, pero a mí siempre me quedará esa espina por dentro.
Guardamos silencio. Estefi tiene la vista clavada en el suelo, con el ceño fruncido.
-Jamás podrás enamorarte – susurra – si no sabes perdonar, Ana. Mírame a mí. Llevo meses llorando la partida de Juan. Pero lo quiero, y no dudé en perdonarlo. Aunque al principio me costó, sabía lo que quería, sabía que lo perdonaría siempre.
-¿Qué crees que debería hacer?
-Sabes que quiero que vuelvas con Adrián. Lo sabes. Pero Josh te ha sacado más sonrisas en una noche que ninguno de nosotros en una semana. Josh se irá, Ana. Es actor, siempre tendrá proyectos y no va a dejarlo por ti. Te conozco, no lo soportarás. No eres... celosa. Pero tampoco eres tonta. Esto te va a doler, lo sé. Pero soy tu amiga debo decírtelo – levanta la mirada y toma aire con fuerza – Josh tendrá que besar a chicas. Pasará meses con ellas, conociéndola para poder interpretar mejor su papel. Con algunas compartirá trailer en las grabaciones, como hace con Jennifer. Las besará y tú tendrás que ver eso en la pantalla. Una y otra vez, una y otra vez. Hará cosas preciosas con otras chicas si están en el guion, y no contigo. Sé que al final, una se acostumbra a esa vida. Pero sé que al principio tú lo pasarás mal. Terriblemente mal. Y yo tendré que verte sufrir cada día. - Sus palabras me desconciertan. ¿Es eso lo que quiero? No. Aunque tampoco sé lo que él quiere. -¿Sabes otra cosa? ¿Sabes quién más te verá sufrir y tendrá que ayudarte? -Sé la respuesta, no quiero escucharla. Pero finalmente dice su nombre – Adrián.
Quiero salir corriendo, encerrarme en mi habitación, hundir la cabeza en la almohada. Pero no para llorar, sino para gritar. Gritar de rabia. Conocer a Josh es algo que siempre he querido; pero ahora me odio por haberlo deseado. Mi vida sería mucho más fácil si no hubiera mandado aquel estúpido mensaje.
-No te odies – comenta Estefi como si me hubiera leído el pensamiento. - Las cosas pasan por algo. Tú sólo sigue adelante. Hagas lo que hagas, estará bien.
Asiento. Sin decir una palabra más, nos tumbamos en los sofás y, al rato, la respiración de Estefi se vuelve lenta y monótona. Al final, vamos a dormir más de lo que habíamos pensado, al menos ella.
Cojo el móvil. Tengo un mensaje. Sé que no es Josh, no tiene mi número. Pero incluso antes de percatarme de esa verdad, el nombre que aparece en mi mente es otro, no el de Josh. Ahora mismo, con quien más ganas tengo de hablar, es con Adrián; aunque duela. Cuando abro el mensaje dejo caer los brazos. No él. Se supone que el siguiente paso lo daré yo. Abro el mensaje. Es de un número desconocido.
“Lo que más ha dolido de ese puñetazo ha sido que el puño fuera de un amigo y la razón del golpe fuese proteger a una estúpida que sólo le ha causado daños a su mejor amigo... y a él”
El corazón comienza a latir con violencia. Este mensaje es de Rafa. Habla del puñetazo que Juan le pegó cuando estaba a punto de in insultarme. Pero el final del mensaje no lo entiendo. ¿Le he hecho daño a Juan? Paso los dedos por las teclas, escribiendo un mensaje que no llega a la pantalla. No puedo responder. No debo entrar en su juego.
Entonces otro mensaje se une al anterior.
“¿No quieres saber cómo le has hecho daño a Juan? ¿No quieres entrar en el juego?”
“No”, pienso. Levanto la mirada y miro a Estefi, que duerme con la boca entreabierta. No debo hacerlo. No quiero causarle problemas.
Llega un tercer mensaje.
“¿No? Vaya, vaya. Tengo un cotilleo que no le sentará para nada bien a tu amiga Estefi”
Cierro los ojos con fuerza. “Tranquila”, me digo a mí misma. No es nada, es una broma. Nadie sabe nada. Y mucho menos Rafa.
Pero no consigo relajarme. Lanzo el móvil por los aires, estrellándolo contra la pared. Del golpe, Estefi se despierta. Me sorprende el oído que tiene.
-¿Qué ha sido eso? - pregunta con la voz alerta.
Me quedo inmóvil, mirando mis manos. Tiemblan como nunca antes lo han hecho. De nuevo se oye el sonido de un móvil, es el de Estefi. Lo coge y lee el mensaje con la cara inexpresiva.
-Es para ti – comenta.
Por un momento, temo lo peor. Pero aun así, cojo el móvil y leo.
“Hoy mi hermana estaba en el cine. Me ha contado que ha aparecido un famoso disfrazado de Batman acompañado de alguien vestido de piloto. Vaya sorpresita. Creo que a mucha gente va a interesarle saber que Josh Hutcherson está en España por tu amiga Ana”

El número es desconocido.