domingo, 25 de agosto de 2013

Capítulo 26 - Ana

Cuando no separamos no puedo ni mirarlo a los ojos. Bajo a mirada y noto como me ruborizo. ¿Cómo he podido besarlo?
-No debería haber hecho eso – susurro, mientras una lluvia de palomitas cae sobre nosotros.
-¿Por qué no? - y entonces el que me besa es él.
Nos volvemos a separar y me quedo petrificada, hasta que de nuevo más palomitas caen sobre mi pelo. Cojo su mano y nos levantamos. Tiro de él hasta ponernos de pie y corremos hacia la salida. Una marea de chicas histéricas nos persigue, cargadas de palomitas. Vislumbro al guarda del cine delante, acompañado por la pareja que salió de la sala. Tiene cara de pocos amigos y se cruza de brazos delante de mí, cortándome el paso. Suelo la mano de Josh y, sin dejar de correr, lo esquivo. Con el peso del casco apenas puedo correr, así que Josh me alcanza sin problemas y es él el que ahora me guía a mí por calles cada vez más estrechas. Las adolescentes no dejan de perseguirnos. Por un momento pierdo a Josh de vista y, cuando lo encuentro, está en un callejón sin salida. Me giro para ver si podemos dar la vuelta, pero las voces de las adolescentes son cada vez más cercanas. Me doy dos segundos para recuperar el aliento y entonces miro a Josh.
-Toma - digo dándome el casco – ayúdame.
Señalo un bajo muro que hay en uno de los lados del callejón. Él arece comprender lo que quiero decir y junta sus manos. Impulsándome en ellas, subo al muro. Estoy en una pequeña axotea, a la altura de los tejados de las casas de la calle de abajo. Me asoma, cojo el casco y después las manos de Josh. Tiro de él hacia arriba. Él se ayuda con los entrantes y salientes que tiene la pared y finalmente consigue subir. Cuando lo miro no lleva el antifaz. Se oyen ruido en el callejón, así que nos asomamos y vemos como las adolescentes entran en tropel.
-¡Mirad, ahí! Ese no es...
-¡Sí! ¡Es Josh!
Todas comienzan a gritar su nombre y a ayudarse una a la otra para subir. Cojo de nuevo a Josh de la mano y vuelvo a tirar de él hacia los tejados de abajo. Cuando averigua lo que quiero hacer, monta en cólera.
-¡NO! Ana, ¿qué quieres? ¿Matarnos? - grita mientras intenta soltar mi mano.
-¿Qué prefieres? ¿Esto o las arpías esas?
Me doy la vuelta. Unas cuantas adolescentes ya han subido. Así que suelto su mano y salto al tejado de abajo. Josh se lo piensa un segundo, y después me imita.
-Vamos a matarnos – asegura mientras saltamos al siguiente tejado.
-Confía en mí – grito por encima del ruido del viento. - Estas casas sólo tienen dos plantas.
Salto a otro tejado y veo que en el siguiente hay una azotea, unos cuantos metros por debajo de nosotros. No lo duda y salto. Me giro para mirar a Josh, que camina hacia atrás.
-¡Maldita sea, Jos! Sé que eres actor y que tienes personas que salta a los tejados por ti. ¡Pero tú también has hecho escenas de riesgo!
Cierra los ojos y, cuando los abre, corre y salta a la azotea. Cae rodando y le ayudo a ponerse de pie.
-Sólo con arneses y colchonetas – comenta casi sin aliento.
-Tranquilo, era el último salto – digo.
Corro hacia la puerta que hay en la azotea y la abro de un empujón.
-¿Qué haces? ¿Sabes de quién es esta casa?
-¡Corre! - me limito a decir cuando una de las chicas se asoma al tejado de arriba.
Me sigo sin rechistar mientras paso a toda velocidad por pasillos y habitaciones. En una de ellas, hay una familia cenando. Se quedan boquiabiertos y nos miran llenos de miedo.
-Perdón, ¿dónde está la salida? - pregunto.
Nadie se mueve. El hombre agarra con fuerza el cuchillo con el que estaba cortando un filete y su mirada aterrada se convierte en una mirada amenazante. Justo cuando comenzamos a retroceder, se oye un sonido de llaves en una de las puertas que hay junto a nosotros. Se abre y aparece un chico de mi edad, con un perro atado a una correa.
-¡Gracias! - digo tras un suspiro de alivio.
Y, corriendo, atravieso la puerta. Con Josh siguiéndome.
Cuando salgo a la calle estoy un poco desorientada, pero no tardo mucho en salir del laberinto en el que Josh nos ha metido. Por un callejón lleno de escalones llegamos a una calle que al fin reconozco.
-La calle de Álex no queda lejos.
-He perdido el antifaz – comenta Josh, acercándose mucho a mí.
La cercanía me provoca un escalofrío de los pies a la cabeza.
-Toma – susurro, pasándole el caco.
-Gracias – contesta, poniéndoselo.
No puedo evitar reírme al ver a Batman con un casco de piloto.
-Bueno, ¿y si sigues contándome cosas de ti? ¿A parte de comer hay algo que te guste hacer? - pregunta con la voz amortiguada por culpa del casco.
Nuestras manos se rozan, lo que produce otro escalofrío y, por unos instantes, me quedo sin palabras.
-Voy a clases de teatro.
Josh se detiene un momento, pero por culpa del casco no puedo ver su expresión.
-¿Quieres ser actriz?
-En realidad, profesora de física. Pero me encanta el teatro. Estefi estaba apuntada y a menudo iba a ver sus obras. Hasta que me convenció para apuntarme y ya no era una espectadora, sino que pasé a formar parte de las obras. El teatro me ayuda a expresar todo aquello que no puedo expresar en mi vida diaria. Me ayuda a liberarme. - guardo un momento de silencio y finalmente me detengo - ¡Hemos llegado!
-Se supone que es el caballero el que debe acompañar a la dama.
-No si el caballero tiene un pésimo sentido de la orientación y minutos antes ha conducido a la dama a un auténtico laberinto. - sonrío y él ríe. -  ¿Sigues queriendo ir mañana al parque de atracciones?
-Por supuesto.
-Me paso a las 9 por aquí, ¿vale? No será un problema. Álex es madrugador, muy madrugador.
-Está bien. Nos vemos mañana.
Se quita el casco y se acerca a mí. Nuestros labios se rozan, apenas es un beso, pero ha sido suficiente para que una descarga me recorra todo el cuerpo. Desde la cabeza a los pies.
Le quito el casco de las manos y me lo pongo. Después me despido con mano y me doy la vuelta. Dedico ir caminando en lugar de coger un taxi, necesito pensar. Pero alguien no está de acuerdo conmigo. Un coche se detiene a mi lado y baja la ventanilla.
-¿Quiere que le lleve a su aeropuerto?
Dudo un poco, pero finalmente decido subir al asiento del copiloto. Me quito el casco mientras el motor del coche arranca. Miro al conductor de arriba a abajo y sonrío.
-Me alegra ver que te has quitado ese estúpido traje.
Esboza una sonrisa y me pregunta lo que sé que lleva queriendo preguntarme desde que me encontró.
-¿Qué tal tu paseo?
-No ha estado mal – contesto, encogiéndome de hombros – Nos ha seguido una marea de histéricas adolescentes al reconocer a Josh y hemos tenido que huir por los tejados.
-¿No fue así como nos conocimos? - pregunta, al mismo tiempo que una enorme sonrisa aparece en su cara.
Cierto. Estefi y yo paseábamos por la calle cuando un par de chicos saltaron desde un tejado y cayeron sobre nosotras. Uno de ellos era Juan, mi amigo de la infancia; el otro era un desconocido para mí. Pero dejó de serlo aquel día.
-Jamás olvidaré la primera vez que me usaron de amortiguador de caídas – comento con sarcasmo. - ¿Y que tal la fiesta?
-Todos han salido marcados. La desalojaron por nuestra culpa.
-¿En serio? - no debería de sorprenderme siendo quienes son.
-Eran dos contra uno y, aunque Juan sabe pegar y eso, le estaban pegando una paliza cuando llegó Álex. Intentó ayudarlo pero su traje no ayudaba demasiado. Si sumas eso a que lo odian, Álex ha sido el que peor ha salido. Tuvimos que acompañarlo a su casa después. Cuando Estefi y yo llegamos ya le habían partido la nariz y le habían hecho un corte en el antebrazo.
-¿Un corte? - noto como la histeria comienza a aparecer.
-Tranquila. Es superficial. Fue con una navaja que llevaba Miguel.
-Me da igual que sea superficial. ¡Está herido y...!
-Y perfectamente en su casa. ¿Quieres relajarte?
Tomo aire con fuerza y espero a estar algo relajada para seguir preguntando.
-¿Y los demás?
-Cuando llegamos, Rafa estaba casi inconsciente en el suelo. Al parecer, el cetro de Juan no era de plástico como pensábamos. - no puedo evitar reírme imaginándome a Juan golpeando a Rafa en la cabeza con el cetro de rey - En fin, los dueños llamaron a los municipales y tuvimos que escabullirnos por la puerta de atrás.
-¿Y Juan cómo está?
-¿Desde cuándo te preocupas por él?
-Desde siempre. - y es verdad. Incluso mientras estaba en Barcelona le pedía a mi madre que lo llamara para ver cómo le iba. 
-Sólo tiene un ojo morado. Y Miguel tiene la rodilla dislocada.
-Se lo tiene merecido.
-Como ya te dije, no iba a insultarte ni nada por el estilo cuando ellos me interrumpieron.
-Lo sé – contesto.
Adrián detiene el coche en la puerta de mi bloque de pisos.
-No te bajes aún – susurra cuando pongo la mano junto al tirador de la puerta. Como si pudiera electrocutarme, la alejo rápidamente. Él sonríe a la vez que se gira y poder mirarme de frente – Lo quieres, ¿verdad?
Me quedo petrificada un momento, percatándome de que la máscara de dureza y fuerza de Adrián comienza a resquebrajarse, dejando entrever un rostro lleno de dolor y cansancio.
-No lo sé – confieso, bajando la mirada – Sé que llevo mucho tiempo obsesionada con él. Pero de ahí a... Acabo de conocerlo, Adrián.
-¿Lo has besado?
-Eso no te interesa – levanto la mirada y me encuentro con sus ojos.
-Eso es un sí. Te conozco.
No tiene sentido discutir con él ya que lo ha averiguado y no hay quien me conozca mejor, por desgracia. Sin dirigirle una palabra más abro la puerta y salgo de coche. Lo pillo por sorpresa, por lo que llego al portal antes de que me alcance. Es todo el tiempo que me han dado su cinturón y la puerta del coche. Me coge de un brazo y me arrincona contra la pared. Si no fuera porque sé que ha cambiado, ahora mismo estaría muerta de miedo.
-Te quiero. Lo sabes, ¿verdad?
-¿Por qué te empeñas en complicarte la vida? Estamos bien. Estefi sale con vosotros y somos amigos, Adrián. Vamos a dejarlo estar.
-¿Quieres saber por qué me complico la vida? - baja la mirada un par de segundos, hacia el suelo. Después la levanta de nuevo - Porque me equivoqué. No quería presionarte y una parte de mí se hartó. Por eso te dejé por otra y... Desde ese día, la otra parte de mí, la que nunca dejó de quererte, ha estado llorando en silencio. Porque era un chico al que le encantaba vivir la vida al máximo sin importar qué ocurriera, cuáles fueran las consecuencias. Cuando salté de aquel tejado no pude quitarte los ojos de encima. Por primera vez pensé en lo que podría haber ocurrido por mi culpa. Podría haberte hecho daño, haberte roto algo. Y yo también. Tú me diste una razón para no seguir con mi actitud. Temía que si yo me hacía daño, también te hiciera daño a ti. Sé que esto es muy cursi, pero es la verdad. - permanecemos un momento en silencio, mirándonos a los ojos y comprobando quién los apartará antes. Ninguno gana, así que continúa hablando - Ahora, si fuese una película, me lanzaría y te besaría. Pero sabes que no soy así. Ya sabes lo que siento. El próximo paso será tuyo, si quieres que lo haya.
Nos quedamos un momento en silencio. Incapaz de decir nada, finalmente me acerco a él y le doy un suave beso en la mejilla.
-Buenas noches – susurro, intentando ocultar el dolor de mi voz.
Levanta la cabeza y, por un instante, sus ojos se iluminan. Me sonríe y  se da la vuelta, de nuevo a su coche. ¿Será ese leve beso en la mejilla un paso para él? No era un beso de despedida, no era por cumplir. Ese beso estaba lleno de sentimientos.
No aparto la mirada del automóvil hasta que desaparece por la esquina. Es entonces cuando entro en el bloque. Por suerte han arreglado el ascensor. Cuando llego a mi planta, me doy cuenta de que hay alguien con una maleta apoyado en mi puerta, durmiendo. Sonrío ante la estampa y me acerco. Se ha quitado la camiseta sucia y, lo más importante, se ha peinado. La sacudo por los hombros y, a pesar de mi delicadeza, se despierta con un sobresalto.
-¿Quieres dormir en una cama o prefieres el suelo?
Estefi sonríe y se pone de pie para dejarme abrir la puerta. Yo entro, pero ella se queda en el rellano, como siempre, esperando a que le de permiso para entrar.

-Venga. Tengo mucho que contarte.

martes, 20 de agosto de 2013

Capítulo 25 - Josh

Paseamos uno junto al otro. Ana se ha quitado el casco de piloto y deja que el viento azote su yo melena. Sin embargo, yo me veo en la obligación de mantener el antifaz pegado a mi cara.
-¡Mira! - exclama Ana parándose frente a un cartel que hay a dos manzanas de la fiesta - ¡Echan Crepúsculo en el cine! ¿Quieres que vayamos a verla?
No me soy un apasionado de Edward Cullen y Bella Swan, pero acepto.
-Genial. Nos toca correr. Empieza dentro de veinte minutos.
En cuanto termina de decir eso se gira y comienza a correr. Es muy rápida, pero al llevar el pesado traje y el casco en las manos no me cuesta mucho alcanzarla. La capa que llevo sobre mis hombros oscila a un lado y a otro. Cuando pasamos junto a un grupo de niños pequeños se quedan boquiabiertos ante la escena.
Llegamos al final a las puertas del cine, que está vacío. Me detengo para tomar aire mientras Ana se apoya en una farola y hace lo mismo.
-Vamos – me indica con el brazo.
Nos acercamos a la taquilla y compramos dos entradas y un paquete de palomitas enorme. Después entramos en la sala donde sólo hay un par de parejas y un grupo de adolescentes. Al haber tan poca gente decidimos sentarnos en las sillas más alejadas de las adolescentes. La película ha empezado hace un rato.
-Siento que no hayamos llegado a tiempo – comenta en voz baja.
-Da igual, tampoco me llamaba la atención la película – al principio temo ofenderla, pero decido no ocultarle nada.
-A mí tampoco me gusta especialmente, era por hacer algo.
-¿Eres de Edward o de Jacob?
-De Edward, sin ninguna duda. Aunque bueno, después de leerte los libros, no eres de ninguno.
-¿Y de los Juegos del Hambre? ¿Eres de Peeta o Gale?
Se gira para mirarme y, a pesar de la oscuridad, veo que tiene el ceño fruncido. Pero cuando habla, no muestra enfado.
-Eso no es algo que debas preguntarle a una tributo. Soy de ambos.
-No sabes mentir.
-Lo sé – ríe en voz alta y una de las parejas nos pide que nos callemos. Así que baja la voz – Bueno, ¿que tal esta última semana de rodaje?
-Estás cambiando de tema.
-En efecto. - vuelve a reír pero esta vez la pareja no se queja – Pero respóndeme.
-Ha estado bastante bien. Tuvimos que repetir todas las escenas por lo menos tres veces ya que en todas salía el director pegándome voces para que me concentrara – a mi lado, Ana abre mucho los ojos – Estaba preocupado por ti. Y para colmo Sam me pasó el número de la academia de idiomas, cuyas clases daba por las noches, y apenas dormía. Así que al día siguiente las maquilladoras pasaban el doble de tiempo maquillándome y acababa bostezando en mitad del Desfile de los Tributos. ¿Te lo imaginas?
Ana niega lentamente con la cabeza y veo como intenta contener la risa.
-Así que... ¿estabas preocupado por mí?- pregunta con timidez.
-Pareces saberlo todo sobre mí, pero yo apenas sé cosas sobre ti. Dime, ¿qué haces en tus tiempos libres a parte de leer?
-¡No cambies de tema! - dice golpeándome el brazo.
-¿No es justo? Tú has esquivado uno de mis temas y yo otro de los tuyos. Estamos en paz.
-No, no lo estamos.
Se que en testarudez no gano contra ella, así que me dejo caer aún más en el asiento y suspiro.
-Me dijiste que nunca dejarías de hablarme. Además, recuerdo que el día que dejaste de hablarme parecía que iba a pasar algo. Tú lo sabías y me lo decías. Pensabas que eran imaginaciones tuyas, pero algo gordo tuvo que pasar para desaparecer por completo de Twitter. Al final decidí hablar con Álex y me contó algo de aquel sábado. Pensé que tal vez conseguiría que te despejaras un poco si venía.
Ana, quien se ha mantenido callada y mirándome fijamente, esboza una amplia sonrisa.
-Lo has conseguido – dice finalmente.
Se gira y vuelve a clavar la mirada en la pantalla sin embargo yo sigo mirándola.
-Y bien, ¿vas a contarme algo sobre ti?
-Pregunta – dice, encogiéndose de hombros.
-¿Qué te gusta hacer a parte de leer?
-Comer, aunque últimamente tengo ese hábito algo abandonado – dice riéndo.
-Te pareces a Jenn – comento.
-¿En serio? - se gira con una enorme sonrisa en la cara.
Asiento y le devuelvo la sonrisa.
-¿Trabajas en algo?
-Sólo de vez en cuando – dice encogiéndose de hombros – Mi tío trabaja en un parque de atracciones y de vez en cuando me deja colarme. No estoy encargada de las atracciones porque para ello tengo que hacer un curso, sino que me encargo de entretener a los niños pequeños.
-¿Te gustan los niños pequeños?
-Me encantan. En el parque hacemos juegos, los maquillo... A veces me disfrazo de personajes de dibujos famosos. Me encanta verlos sonreír. Ver que son felices.
-¿Tienes hermano?
Se gira para observarme y noto miedo y tristeza en sus ojos.
-Yo... no. Soy hija única. - baja la mirada y frunce el ceño.
-¿Quieres contármelo?
Toma aire con fuerza y levanta la mirada, enfrentándose a mis ojos.
-Tuve una hermana pequeña, Rut. Ella...murió con cinco años, cuando yo tenía diez. Estábamos en la calle y nos peleamos. Ella salió corriendo y cruzó la carretera... - la voz se le quiebra, pero aún no deja que ninguna lágrima caiga por su rostro – Pasó muy rápido. Yo apenas me di cuenta. Oí voces y  un ruido horrible. El coche había intentado apartarse del camino, pero no había sido lo suficientemente rápido, y se había estrellado contra una casa. El cuerpo de mi hermana había... había...
No le dejo continuar, me acerco a ella y la envuelvo en un abrazo. Ella apoya su cabeza en mi hombro durante un rato y, cuando se separa, no hay rastro de que alguna lágrima haya caído por su cara.
-Por eso mis padres están siempre de viaje – continúa – Llevan siete años yéndose cada fin de semana. No son capaces de verme porque dicen que me parecía mucho a ella. Verme les tortura. Además, en cierto modo creo que me odian.
-No te odian – contesto con decisión, pero ella ignora mis palabras.
-Al principio, hasta que cumplí los quince, me quedaba con mi tío. Así fue como empecé a ir al parque de atracciones a hacer reír a aquellos niños. Al principio lo pasaba mal, pero al final mi tío consiguió lo que se proponía, lo superé. Dejé de llorar, dejé de tenerles miedo, me divertía con ellos y los añoraba cuando no estaba con ellos. Aquellos renacuajos me hacían feliz. - ahora, la alegría ha sustituido a la tristeza en su rostro – Después conocí a Estefi y a Álex y dejé de ir con mi tío. Aún así intento ir todas las semanas. - guardamos silencio y entonces su cara se ilumina - ¿Quieres venir mañana conmigo?
-¿Qué? - pregunto sorprendido. - No creo que sea buena idea.
-¡SÍ! ¿Por qué no?
-Me pueden reconocer, Ana.
-¿Y qué más da? No me seas aburrido, Josh. Será genial. Por favor.
No puedo negarme ante esa euforia, así que al final asiento.
-Está bien.
-¡SÍ!
-¡¿Puedes callarte?! - grita una de las adolescentes de la otra punta del cine – Intentamos ver al buenorro de Jacob y tú con tu estúpida charla no nos dejas ver la película. Así que cierra la bocaza.
Ana se queda boquiabierta y se gira hacia mí. Coge un puñado de palomitas y las lanza en dirección a las chicas. Se agacha rápidamente y comienza a reírse en voz baja. Las chicas comienzan a quejarse y a gritar.
-¿Estás loca? - digo, agachándome junto a ella entre los asientos.
-¡Aburrido! - exclama ella entre una tos fingida.
-No soy un aburrido – digo mientras se levanta y tira otro puñado de palomitas.
-¿Nunca has hecho esto? ¡Aburrido! - exclama de nuevo.
-Que no soy un aburrido – le quito la bolsa de palomitas y cojo un puñado
Me pongo de pie, descaradamente y lo lanzo hacia atrás, hacia la pareja que nos había regañado al principio. La chica grita y el chico se pone de pie y le dice: 'Vámonos'.
-¿Qué haces? - pregunta Ana.
-Si se lo tiramos a ellas, ¿por qué no ha todo el mundo?
Ana ríe y coge otro puñado. Esta vez lo lanza hacia arriba, haciendo que las palomitas caigan sobre nosotros y sobre los asientos vacíos. La miro extrañado.
-Sí. Contestando a mi pregunta anterior, estás completamente loca.
Me mira y sonríe. Entonces enlaza sus brazos por detrás de mi cuello y se acerca a mí, juntando nuestros labios justo después de responderme:
-Lo sé.


martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 24 - Josh

Hace unos meses me invitaron a una fiesta de disfraces. Había camareras disfrazadas de enfermeras con faldas minúsculas o de policías con escotes vertiginosos repartiendo vasos de champán en bandejas o sirviendo aperitivos minúsculos que tu estómago apenas apreciaba. Recuerdo que había un jacuzzi en una de las esquinas y más de uno acabó cayendo en él. Pero esta fiesta, era muy diferente.
Atravesamos un arco bordeado con luces de neón y entramos en un establecimiento en el que no cabe ni un alfiler. La gente baila al ritmo de la música, gritan y cantan, se hacen fotos sin importar que haya tres personas en medio... A lo largo de una de las paredes, hay una barra de bar en la que tres camareras, disfrazadas de Supernenas, sirven bebidas y refrescos. En la esquina más alejada de la puerta, un grupo de hombres intenta conectar una infinidad de cables a un ordenador y a unos micrófonos. Por encima de sus cabezas, hay un cartel en el que puede leerse: 'karaoke'.
-¿Dónde ha ido Ana? - le pregunto a Álex al ver que ha desaparecido de mi lado.
Álex se encoje de hombre y, justo cuando lo hace, aparece la chica detrás de él.
-¡Tomad! - grita sobre el sonido de la música. - Una pepsi para ti – me entrega un vaso con cubitos y lleno de un líquido oscuro – y fanta de naranja para ti.
Alarga el mano con un vaso lleno de un líquido naranja hacia Álex. Éste se mira las manos, cubiertas por unos espesos guantes. Se quita uno y se lo guarda en uno de los bolsillo de los pantalones negros que lleva. Entonces coge el vaso y lo mira con detenimiento a través del casco que lleva puesto.
-¡¿Y cómo me bebo yo esto?! - grita.
-¡Ah, sí! - Ana saca una pajita y la mete en el vaso de Álex – Casi se me olvida.
Álex hace un gesto de aprobación con el pulgar e introduce el fino tubo por una de las muchas ranuras que tiene su casco.
No me molesto en preguntarle a Ana cómo sabe que quería una Pepsi ya que al parecer está bien informada. Ella lleva un vaso de tubo en una de sus manos protegida por un guante de aviador (que no se ha quitado) y bebe gracias a una pajita una bebida transparente. Supongo que será Seven Up.
-¿Y ahora qué hacemos? - pregunta Ana.
-¿Bailar? No sé, ¿qué se supone que se hace en una fiesta?
-¡Odio bailar Álex, deberías saberlo!
-¿Y si vamos a ver qué hay ahí? - grito por encima del ruido, señalando una puerta que hay justo enfrente y por la que entran y salen grupos de jóvenes – Parece que hay más espacio y tranquilidad para hablar.
Ambos asienten y nos dirigimos hacia allí. Cuando pasamos al otro lado de la puerta el ruido desaparece. Estamos en una sala de paredes negras, al igual que la anterior, pero con mucha menos gente. Tal solo hay un grupo de chicos en una de las cuatro mesas de billar y, entre ellos, una única chica disfrazada de niña del exorcista. También hay futbolines, dianas y máquinas de videojuegos.
-¿Un billar? - pregunta Ana.
Por encima de su cabeza, detrás de ella, veo a Álex negar con la cabeza, pero decido aceptar.
-Hecho, ¿con quién vas de pareja?
-¿Perdona? - Ana se detiene a mitad de camino entre la mesa e billar y me mira a través de las gafas plateadas.
-No, Josh – Álex me pasa un brazo sobre el hombro – Esta vez nos toca a nosotros ser la pareja. Ya lo entenderás – añade al ver mi mirada de perplejidad.
Sólo llevamos dos rondas cuando comprendo el por qué. Ana ya ha metido la mitad de sus bolas mientras que nosotros apenas acertamos, a pesar de que nos ha dejado tirar más de una vez seguida. Está sentada en una de las esquinas de la mesa, parece aburrida. Y no me extraña, Álex y yo no dejamos de quejarnos sobre quién es el que nos está haciendo perder.
-Cómo echo de menos a alguien contra el que me sea difícil ganar – se queja Ana, haciendo una mueca hacia mí para picarme.
-¿Cómo a tu maestro de billar? - pregunta Álex, y por primera vez desde que lo conozco muestra molestia en su voz.
Ana hace un ruido extraño con la garganta y baja de un salto de la mesa.
-¿Te molesta ser peor que él jugando al billar?
-No. - contesta, tratando inútilmente de ocultar su enfado – Pero no tengo ganas de que empieces a contarnos lo bien que te lo pasabas con quien tú ya sabes.
-Maldita sea, Álex – se queja Ana, mientras golpea con fuerza una de las bolas con el palo para intentar colarla por uno de los agujeros. Falla – Llevo una semana encerrada en mi casa y cuando saco tienes que sacar ese tema, ¿no?
-¡No he sido yo quién ha empezado!
Yo observo la discusión desde fuera, incapaz de saber de qué hablan. Me fijo en la chica que hay en la otra mesa, que camina hacia nosotros.
-¿Perdona? - dice, golpeando el hombro de Álex - ¿puedo hacerme una foto?
Álex retrocede rápidamente, chocando contra la mesa de billar y moviendo de sitio todas las bolas. Ana suelta el palo sobre la mesa de mal humor y se acerca a regañar a Álex pero, al igual que él, se queda petrificada mirando a la chica.
-¿Y bien?
Álex se da la vuelta y camina hacia la puerta, pero Ana lo coge de la capa negra y le da un tirón hacia atrás. Álex se tambalea y cae sobre la chica, quien lo sujeta con fuerza. Sin embargo, el vaso de naranja que llevaba Álex en la mano se vierte por completo sobre la camiseta de la chica.
Ana se tapa con ambas manos la boca y yo abro mucho los ojos. Álex permanece inmóvil. La chica, sin embargo, comienza a reírse.
-No pasa nada. Soy la niña del exorcista. Cuantas más manchas, mejor.
Ayuda a Álex a incorporarse y se pone junto a él. Le pasa su móvil a Ana y ésta hace la foto.
-¡Gracias! - grita eufórica mientras coge el móvil – Me encanta Star Wars. Antes no, pero mi mejor amigo es un friki y me convenció para ver la saga un día. Desde entonces me encanta. Por cierto, - dice, girándose hacia Ana – he visto como juegas. Es espectacular. Sólo conozco a un par de personas que juegan tan bien. Creo que les encantaría echarse una partida y...
Abre mucho los ojos y después los baja hacia su camiseta llena de mugre. Se la sube un poco hasta que la mancha de la bebida de Álex roza su nariz.
-Fanta de naranja.. - susurra. Entonces levanta la mirada y mira alternativamente a Ana y a Álex - ¡¿Si sabéis quien soy por qué no me saludáis?!
Ana sonríe forzadamente y Álex intenta de nuevo una maniobra de evasión que acaba con Ana agarrándolo por el cuello de la camiseta negra y susurrándole algo al oído. A mi lado, la chica sigue gritando en español cosas que no entiendo. Me imagino que no debe ser algo muy bonito.
-¡Puedo explicarlo! - grita Ana.
-No hace falta que expliques nada. Me imagino lo que ha pasado. Te ha pedido que vengas con él y, como es normal, no me has dicho nada por su petición. ¡Tú! - levanta un dedo, amenazante, y se acerca a Álex - ¿Ni siquiera vas a saludarme cuando me veas?
-¿Ocurre algo? - detrás de la chica aparece un chico alto y rubio, musculoso, disfrazado de rey. Lleva una larga capa roja y una corona enorme sobre la cabeza. También lleva una espada en uno de sus costados, sujeta por un cinturón.
-Son Álex y Ana. - por primera vez, sus ojos se clavan en los míos - ¿Y tú eres...? - al igual que Ana había hecho antes, la chica se tapa la boa con ambas manos y me sorprendo de la similitud de los movimientos de ambas.
-¡Nadie! - grita Ana, poniéndose delante de mí con los brazos abiertos. - No digas su nombre.
-Es verdad – susurra la chica entre sus manos – Está aquí por ti.
Ana grita y le pega un tortazo a la chica que la hace retroceder, pero apenas se inmuta. Sin embargo, el chico rubio que hay a su lado se inclina para ver cómo está. La chica niega con la cabeza y se ríe, entonces se da la vuelta y mira a Ana con curiosidad.
-Tú has mejorado mucho en esto de actuar, ¿eh? ¿Cuándo te han enseñado a pegar así?
-Mientras tú estabas en Barcelona – comenta, aunque con una pizca de maldad en su voz.
¿Barcelona? Mi cabeza empieza a funcionar. Ese chico, es Juán.
-¿Se puede saber por qué me pegas? - pregunta la chica que hay junto a Juán.
-¿Qué está pasando aquí? - se acerca un chico disfrazado de teléfono móvil y a este sí lo conozco. - ¿Quienes son?
-Hola, Adrián – contesto. - ¿Ya no me reconoces? Ayer averiguaste sin ningún problema quién era.
La chica, quien aún no sé quién es, emite una exclamación y se gira hacia Ana, boquiabierta.
-Sí – responde Ana a la pregunta que aún no ha formulado – Ha dado clases de español.
La chica sonríe pícaramente y se acerca a mí.
-¿Has aprendido español por ella?
-¡ESTEFI!
Y todas las piezas se unen. Al fin conozco a Estefi. La chica dolida y que siempre guardaba un rastro de tristeza tras sus ojos está frente a mí. Así es como me la había descrito Ana. Sin embargo, ahora parece mucho más feliz y supongo cuál es la razón: Juan.
Ante su pregunta mis mejillas enrojecen y maldigo que mi antifaz no las cubra. Se hace el silencio, aunque no espera a mi respuesta. La pregunta que ha formulado Estefi era una pregunta retórica. Al final, Ana es quien rompe el silencio.
-Bonito método para dar tu número de teléfono, Adrián.
Adrián mantiene la vista fija en los ojos de Ana. Ahora parece un chico muy diferente al que ayer conocí. Ahora su mirada reta a cualquiera. Abre la boca para responder, pero un chico nuevo aparece detrás de él, vestido de pitufo, responde en su lugar.
-No va a estar esperándote siempre. La vida continúa, Ana.
-Parece que mi disfraz no es tan bueno como esperaba si un paleto como tú, Miguel, puede reconocerme.
-Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Lo mismo pasa con las... - un chico sin disfraz se une al grupo. Ninguno de los presentes sabe lo que iba a decir. Una sombra cae sobre él y al segundo siguiente el chico está escupiendo sangre.
-¿Por qué no cierras la boca? - pregunta Juan, con el puño levantado, dispuesto a dar otro golpe.
-Sal de aquí – Adrián se ha acercado a Ana y la empuja hacia la puerta. Estefi se acerca a Álex y lo empuja también. Gira la cabeza y me mira por encima de su hombro, me hace un gesto para que los siga y la obedezco.
Aparecemos de nuevo entre el bullicio de la fiesta. Estefi me coge de la mano y me guía entre la gente hasta la salida, donde nos esperan los demás.
-¿Y Juan? - pregunta Ana, intentando ver entre la multitud.
-Estará bien – dice Estefi, sin conseguir ocultar su preocupación.
-Voy a asegurarme – dice Álex, escabulléndose junto a Estefi pero ésta es más rápida y lo agarra. - ¡Solo voy ayudar a tu novio! ¡Suéltame!
Da un tirón y Estefi suelta la capa. Al segundo siguiente, se ha perdido entre la gente. ¿Así que han vuelto?
-Lo siento – dice Adrián – Son unos estúpidos. En realidad me obligaron a ponerme este disfraz con mi número escrito. Ya sabes que nunca les has caído bien.
Se acerca más a ella y se alejan unos cuantos metros, así que soy incapaz de escuchar.
-Soy Estefi – me giro y veo cómo la chica me tiende la mano.
-Es un placer, Ana me ha hablado mucho de ti – contesto, estrechándole la mano.
-La mataría si no lo hubiera hecho – ambos reímos, liberando tensiones – Siento haber causado una mala impresión ahí abajo. Juan es un buen chico, pero esos dos son tontos.
-Tranquila, sino les hubiera pegado él lo hubiera hecho yo.
Ella sonríe. Tiene una dentadura perfecta, a pesar de que la mitad de sus dientes estén pintados de negro ahora mismo.
-Gracias por haber venido, seguro que ahora está mucho más feliz.
Mira por encima de mi hombro hacia Ana, quien ha dejado de hablar con Adrián y camina hacia nosotros.

-¿Y bien? - pregunta cuando llega - ¿Quieres que te lleve a dar una vuelta antes de volver al piso de Álex?

domingo, 11 de agosto de 2013

Capítulo 23 - Ana

Entro en Green Rule y, tal y como esperaba, sólo hay una mesa ocupada. Dos chicos, uno con gorra y gafas de sol, observan y discuten sobre el menú. Me acerco con cuidado y tapo los ojos del que está de espaldas a mí.
-Hola Ana – me saluda Josh.
Álex se ríe y aparta mis manos de sus ojos.
-Hola Josh – lo saludo, sonriente. Me siento en la silla vacía que hay y le lanzo una mirada de reproche a Álex – Que mal le estás enseñando.
-Sabes que odio ese jueguecico de taparme los ojos. Josh sólo intenta ayudarme, ¿verdad, Josh?
Josh ríe y ambos se chocan las manos.
-Supongo que tú estás detrás de todo, ¿no?
-¿Te refieres a que si soy culpable de haber respondido a un mensaje de Twitter y de querer verte sonreír como estás haciendo ahora? Sí, soy yo el culpable.
-Gracias – me estiro y le doy un abrazo. Me percato por el rabillo del ojo de que Josh nos mira, así que me giro y hago los mismo con él – Y a ti también.
-¡Fiesta de disfraces! - exclama Álex, dejando caer un folleto sobre la mesa.
-¿Me ves con cara de querer ir a cualquier fiesta? - pregunto, echando un vistazo a un papel multicolor en el que salen decenas de jóvenes disfrazados.
-Josh va a ir – dice encogiéndose de hombros.
Miro a Josh, interrogante.
-Me voy el lunes por la tarde.
-Mira Ana. Es sábado. Josh está aquí y va a ir a una fiesta de disfraces esta noche. Va a haber música, muchísima gente y hay que ir disfrazado, así que nadie verá esas horribles ojeras. ¿Qué más? Ah, sí. ¡Tus padres no están en tu casa y puedes regresar a las tantas! - dobla el folleto y se lo guarda en uno de los bolsillos de su sudadera – Te recogemos a las 9 en tu casa. Disfrazada.
No puedo discutir, ya que en ese momento llega la camarera para apuntar lo que vayamos a pedir y, a partir de ese momento, sólo me centro en comer. Estoy muerta de hambre.


-¡Ya voy! - grito mientras corro por el pasillo. Cuando llego a la puerta oigo una música al otro lado de la puerta y no puedo evitar comenzar a reírme a carcajadas.
Abro la puerta, mientras la reencarnación de Darth Vader atraviesa el umbral con un móvil en la mano por el que sale la banda sonora de Star Wars. Me echo las manos a los riñones, incapaz de parar de reír.
-Eres un friki, Álex – consigo decir entre risas.
-¿Álex? Ese nombre ya no significa nada para mí.
De nuevo, más risas. Pero esta vez no soy yo la única que se ríe. Al otro lado se oye una perfecta risa que proviene de...
-¿Batman? - el superhéroe con forma de murciélago me mira con una sonrisa radiante, una dentadura perfecta. Sólo con el trozo de barbilla que asoma por debajo de su antifaz me bastaría para reconocerlo, aunque no hubiera hablado jamás con él. - ¡Ah, claro! Es tu superhéroe favorito.
-¿Cómo lo sabes? - pregunta atravesando la puerta y entrando en el piso.
-Por favor, - interviene Álex con su voz distorsionada, igualado perfectamente al del personaje de la película – no hay absolutamente nada que Ana no sepa sobre ti.
Lo fulmino con la mirada y noto como mis mejillas comienzan a adquirir un tono rojo.
-¿Has traído lo que te pedí? - le pregunto, dándole la espalda a Josh.
-Toma – me lanza unas gafas de aviador de espejo plateadas.
-Gracias – sonrío, mientras me las pongo. - Y ahora es el momento de la foto.
Saco el móvil y lo pongo encima del mueble de la entrada. Activo el temporizador y cojo a los dos chicos de los brazos para situarnos frente al teléfono. El flash deslumbra a Josh, el único que no tiene los ojos protegidos. Me acerco y miro la foto.
Perfecta.

Batman, Darth Vader y un piloto de aviación.  

martes, 6 de agosto de 2013

Capítulo 22 - Ana

Sé que no suelo hablar por aquí, pero tengo que anunciaros algo. Últimamente he subido capítulo todos los días pares, cosa que ahora me es IMPOSIBLE. Así que he decidido hacer los capítulos más largos y subir, como mucho, dos a la semana (martes y sábados). Espero que este os guste. Un saludo ^^



Cuando abro los ojos me encuentro con las familiares paredes de mi habitación. Me incorporo y me froto con fuerza los ojos. Miro el reloj y no me extraña ver que es ya casi la una de la tarde. Ahora que mis padres no están puedo dormir todo lo que quiera; sin embargo me sorprende ver que he conseguido dormir una noche entera sin despertarme.
Me levanto de la cama y no puedo evitar coger el móvil y encenderlo. El sueño que tuve me ha recordado que tengo muchas pendientes, como promesas de no dejar de hablar nunca con alguien.
Tengo cerca de cincuenta llamadas y el doble de mensajes. Leo algunos por encima. Casi todos son de Estefi, Juan, Adrián y Álex. Las llamadas también incluyen a mis padres. Por suerte mi actividad en Twitter es menor, a excepción de los mensajes directos. Son muchísimos y casi todos de la misma persona: Josh.
Los leo por encima. Me pregunta por qué no contesto y, a pesar de haber roto mi promesa, sigue preguntándome que tal me ha ido todos los días y contándome qué tal le ha ido a él en los rodajes. Esto me forma un nudo en la garganta. Se ha preocupado por mí, al igual que todos mis amigos. Yo, sin embargo, me he pasado toda la semana encerrada en mi casa y sólo salía para ir al instituto, donde estaba más bien ausente.
Contesto rápidamente a algunos de los mensajes de Josh. Le pido disculpas y le prometo que esto no volverá a ocurrir. Ahora le mando un mensaje a Estefi y a Álex en el que les pido perdón y les pido quedar para hablar con ellos. Ninguno me responde inmediatamente como esperaba que hicieran. Estefi tal vez esté tan enfadada que tenga que pensar. Pero, ¿y Álex? Intento no pensar mucho en el tema y voy a la cocina a comer algo. De camino me encuentro con un trozo de papel en el suelo, me agacho y lo leo.
“Buenos días. Anoche te quedaste dormida y no queríamos despertarte ni Álex ni yo, así que te llevamos a tu cuarto y nos marchamos. Álex te ha fregado los platos, es de lo más perfeccionista. Vamos a comer en 'Green Rule' a las 3.00, cuando hay menos gente. Espero verte allí. Un beso, Josh”
Aún boquiabierta dejo caer el papel. No fue un sueño. Todo ocurrió de verdad. Adrián vino para regañarme por haberme comportado de tal modo esta semana cuando Josh nos interrumpió. La sorpresa, unida al cansancio y a no haber comido nada en días y al estrés habían hecho que me desmayara. Después Adrián se había marchado y yo me había quedado durmiendo en el sofá, junto a Josh. 
En ese momento suena mi móvil y contemplo quién es. No puedo evitar suspirar. Si mi cabeza no me falla, prometí responder a esta llamada.
-¿Sí?
-Por fin. Llevo toda la mañana llamándote. Ya estaba cogiendo las llaves para ir a tu casa.
-Acabo de despertarme.
-¿Cómo has dormido? - parece preocupado, así que decido no ser muy borde con él esta vez.
-Como hace mucho que no dormía.
-¿Quieres que vayamos a comer juntos y hablamos? O a desayunar, si es lo que prefieres.
-No puedo. Lo siento, Adrián.
-¿No puedes o no quieres?
-Yo...
-Ah, vale. Ya lo entiendo. Has quedado con el chico ese de ayer, ¿no? ¿No era el actor con el que estabas tan obsesionada? - noto un tono divertido en su voz, lo que hace que se me quite un peso de encima.
-Sí, es él. Y sí, me ha dicho de ir a comer más tarde.
-De acuerdo. No hay problema.
-Adrián, ¿estás bien?
-Tranquila, no lo estoy diciendo con ironía. No todos los días un actor famoso va a cruzar el océano Atlántico para visitarte. Diviértete.
No me da tiempo a despedirme si quiera. Ya ha colgado.
Entro en la cocina, cojo un paquete de galletas y me preparo un vaso de leche con cacao. Apenas he empezado a comer cuando alguien llama a la puerta.
Voy corriendo a abrirla y, nada más hacerlo, una figura cae sobre mí, abrazándome.
-¡No vuelvas a hacerme esto! - grita en mi oído.
-Lo siento – digo riéndome y feliz de que, a pesar de todo, no haya dudado ni un segundo en venir corriendo en cuanto a recibido el mensaje.
Cuando se separa de mí me fijo en algo que no había visto esta semana. Está diferente. Está radiante. Parece más feliz que nunca.
-¿Podemos pasar? - pregunta, sin apartar esa sonrisa de su cara.
-¿Podemos?
Entonces miro detrás de ella. Al otro lado de la puerta, con la vista clavada en el suelo, hay un chico rubio, alto y realmente guapo.
-Sujétame, creo que voy a volver a desmayarme.- digo, al mismo tiempo que el chico levanta la mirada.
-¿Estás bien? – pregunta Estefi preocupada.
-Habéis vuelto.
No es una pregunta, pero aun así, Estefi asiente, agachando la cabeza y clavando la mirada en el suelo.
-Hace tres días. Te llamé para decírtelo pero no me contestabas.
-Genial – digo, sin intentar ocultar la ironía – Pasad, sentaos.
Entramos en mi salón y me siento en un sofá mientras Juan y Estefi se sientan en el otro.
-Esto va a matar a Álex – le reprocho.
-Ya lo sabe. No quiere volver a hablarme.
-No me sorprende. Te dejó – digo señalando a Juan con el dedo. Estefi abre la boca para protestar, pero le hago un gesto para que no me interrumpa – Álex te ayudó y empezó a quererte como algo más que a una amiga. Te apoyaba mientras que tú sólo lo utilizabas para llorar sobre su hombro.
-Ana... - comienza Juan.
-¡No me interrumpas! Le dije que te dijera lo que sentía y tú le rechazaste por lo que Adrián dijo cuando nos encontramos con él en el parque. Él intentó fingir que no había pasado nada. Vuelve nuestro amigo Juan y tú vuelves con él. ¿Pretendes que siga hablándote?
Nos quedamos en silencio. Un silencio que sirve para que recapacite sobre todo lo que acabo de decir. Enseguida me arrepiento.
-Vale, me he pasado. Eres libre de hacer lo que quieras y yo, como una buena amiga que soy, debo entenderlo y aceptarlo y apoyarte y todo eso. Los siento. Llevo una semana encerrada aquí sin decir lo que pienso.
-Estefi – dice Juan, cogiendo su mano - ¿Puedes dejarnos un momento a solas?
Estefi lo mira insegura, pero finalmente asiente.
-Voy al baño – dice justo antes de desaparecer por la puerta.
-Ya te lo expliqué el otro día – comienza Juan – No sabes lo mal que lo ha pasado esta semana. Estaba muy preocupada por ti y lo que menos necesita ahora es que le eches el sermón por haberme perdonado.
-Juan...
-La quiero. Estos meses que he pasado alejado de ella han sido los meses más largos de mi vida. Intenté olvidarla pero me ha sido completamente imposible, Ana. Por favor, dame una oportunidad. Hazlo por ella.
Clavo la mirada en el suelo. Juan había sido mi mejor amigo desde que éramos pequeños. Nuestros padres se conocían. Fui yo quien se lo presenté a Estefi, fui yo quien los vi enamorarse uno del otro, fui yo la que odió a Juan más tarde. Pero no fue porque dejara a Estefi, fue porque también me dejó a mí. Mis padres sabían que se iba de viaje y no me dijeron nada porque él se lo pidió. Eran mis padres los que me informaban de cómo le iba por Barcelona y habían sido mis padres los que me habían contado la razón por la cual Juan había vuelto cuando llegué el lunes a casa. Me dijeron que sus padres se habían separado y él había decidido regresar con su padre. Ahora yo sabía la verdadera razón de por qué había vuelto en lugar de quedarse allí. Quería estar cerca de Estefi.
Levanto la mirada y la clavo en sus ojos.
-Sabes que siempre te daría una oportunidad, Juan. Sé que la quieres.
-¡Por fin! - ambos nos damos la vuelta para ver a la loca de mi mejor amiga saltar por encima del sofá y darme un abrazo.
-¿No se supone que estabas en el baño?
-¿Desde cuándo le hago yo caso a nadie? - pregunta, guiñándole un ojo a Juan, quien pone los ojos en blanco. - Bueno, ¿qué hay de tu vida? ¿Estás muy perdida?
-¿Quieres alucinar? - le pregunto.
-¿Qué ha pasado? - pregunta con el ceño fruncido.
-Adivina quién está en la ciudad.
Ella me mira interrogante, llena de curiosidad. Me levanto corriendo y voy a la cocina, cuando regreso al salón, le tiendo el papel que he recogido. Mientras lee, abre mucho los ojos y finalmente se queda boquiabierta.
-No me lo creo.
-¿Qué pasa? - pregunta Juan desde el otro sofá.
-¡JOSH HUTCHERSON HA VENIDO A ESPAÑA A VERLA! - grita.
Salta al otro sofá, dejando una visible huella negra, y cae sobre su novio Se funden en un beso y yo bajo la mirada.

Josh Hutcherson ha venido a España para verme. Ha estado diez horas subido en un avión para ver una chica con la que sólo ha hablado por Twitter. ¿Desde cuándo hace la gente esto?

domingo, 4 de agosto de 2013

Capítulo 21 - Josh

Me quedo paralizado, observándola, hasta que alguien me da un golpe por detrás.
-¿Pero qué os pasa a vosotros dos? ¿Es que no pensáis ayudarla?
Álex ha terminado de subir las escaleras y se ha agachado para observar a Ana, que se ha desmayado. Coloca su cabeza en su regazo y le toma el pulso. Como me había contado antes, sus padres son médicos y él va a estudiar medicina también, algo que en estos momentos agradezco.
-Vamos a meterla dentro. ¿Me echáis una mano o vais a quedaros ahí parados?
Me acerco a ella y la cojo en volandas. Álex llama al timbre y después entra en la casa.
-¿María? ¿Estás aquí? Ana se ha desmayado.
-¡Oh, vamos! - Adrián le empuja y entra en la casa – No hay nadie. Está sola. Han vuelto a irse de viaje.
-¿Otra vez?
-¿No me has oído? - Adrián no se molesta en ocultar su irritación.
Mientras los dos se pelean yo avanzo con Ana en brazos y entro en el salón. Es una habitación no muy grande dividida en dos. En un lado hay una mesa y, en el otro, dos sofás rojos y un televisor de pantalla plana. La suelto con cuidado en uno de los sofás y me siento junto a ella. Coloco su cabeza en una de mis piernas y acaricio con cuidado su pelo.
En el otro sofá se sienta Adrián. Lo observo con atención y me doy cuenta de que no se parece en nada al chico que Ana me había descrito por mensajes. Pensaba que me encontraría con un creído, lleno de piercings y tatuajes, con ropa desaliñada; pero me ha sorprendido encontrarme con un chico inseguro y que viste con vaqueros y camisetas modernas. En la cara tiene varios agujeros que se abren cuando hace algún gesto, lo que muestra que sí ha llevado piercings, pero ya no.
Enseguida llega Álex con un vaso de agua. Incorporo a Ana, que poco a poco recupera el conocimiento.
-¿Estás mejor? - le pregunta Álex cuando se termina el vaso de agua.
Ella asiente con la cabeza.
-Me tengo que ir – interviene Adrián, levantándose – Mañana te llamaré y más te vale que me cojas el teléfono. Tenemos que hablar, ¿entendido?
Ana no parece muy convencida, pero finalmente asiente.
-Entendido.
Adrián se acerca a ella, se inclina y le da un beso en la frente.
-Juan y Estefi están muy preocupados por ti. Hablamos mañana – y abandona la habitación.
Nos quedamos en silencio. Ana aún no se ha fijado en mí, lo que hace que me pregunte si sabe que estoy sentado a su lado.
-Voy a por más agua – dice Álex.
Cuando nos quedamos a solas noto como se me acelera el corazón. Menos de un mes hablando con ella y cometo la locura de mi vida viniendo hasta aquí para quedarme en blanco, sin saber qué decirle.
-¿Estás aquí de verdad o he terminado de volverme loca? - pregunta en un perfecto inglés.
-No estás loca. Estoy aquí – le respondo en español y deslizo mi mano hasta coger la suya.
-¿Desde cuando hablas español?
-He dado unas cuantas clases – una sonrisa se dibuja en su rostro y, finalmente, clava sus preciosos ojos marrones en los míos.
-¿Qué haces aquí?
-Bueno... No respondías a mis mensajes.
Ella suelta una carcajada.
-No me puedo creer que estés aquí, Josh.
-Pues creételo, es verdad.
Volvemos a quedarnos en silencio y ella vuelve a romperlo, algo que le agradezco.
-Siento no haber respondido a los mensajes. Apagué el móvil hará cerca de una semana. No quería saber nada de nadie, y no lo he vuelto a encender.
-No importa. Algo me dice que no lo estás pasando muy bien últimamente. Y lo entiendo.
-Gracias.

Se tumba sobre mi hombro y al poco tiempo se queda profundamente dormida.

viernes, 2 de agosto de 2013

Capítulo 20 - Josh

-Ha llegado el momento. Espero que esa chica merezca la pena, Josh.
-Sam, ya te he dicho que es una amiga.
-Suerte Josh, ya nos contarás qué tal es España.
-Gracias Liam, os llamaré. Aún os vais a quedar aquí un par de días, ¿no?
-Claro que sí, juntos. Con que nos llames a uno de los tres, te oiremos todos.
Me dirijo a la tercera persona.
-Te veo en Hawaii, ¿no?
Jenn me mira sonriente y me abraza con fuerza.
-Date prisa, lo vas a perder.- me susurra al oído.
Me doy la vuelta y cruzo la puerta que me lleva hasta el avión. Antes de seguir avanzando, me giro para contemplar marchar a mi pequeña familia.


Tras diez horas de viaje bajo del avión y piso, por primera vez en mi vida, tierra española. Paseo por el aeropuerto hasta que finalmente veo a un chico delgado y alto, moreno, con un cartel en el que ha escrito “5th Star”. Me acerco a él.
-Hola, quinta estrella – digo en español.
Él me mira boquiabierto.
-¿Así que es verdad? ¿Eres tú? Esperaba encontrarme con algún pederasta, pero ya veo que no. - se acerca y me tiende una mano, la estrecho, pero el se aproxima más y me abraza, golpeándome en la espalda. - No sabes la alegría que le va a dar cuando te vea. No soporto verla más así.
-Espero poder ayudar.
-Venga, hay un taxi esperándonos en la puerta.
-Por cierto – digo mientras camino a su lado – encantado de conocerte Álex.


Subimos a un taxi y tras media hora llegamos a nuestro destino. Pagamos al conductor y Álex me conduce a un alto bloque de pisos.
-¿Aquí vive? - Álex ríe a mi lado.
-¿Ana? No. Debes ser un poco paciente. Aquí es donde vivo yo. Te traigo para que dejes tus cosas.
-¿No debería dejarlas en un hotel?
-No, vas a quedarte aquí. A no ser que tengas miedo y prefieras pagar por una habitación en un hotel.
-Muchas gracias, Álex. Espero no ser molestia.
-Para nada – contesta con una sonrisa.
Dejo mis cosas en casa de Álex y bajamos de nuevo. A pesar de estar en noviembre, noto muchísimo el cambio de temperatura y el bochorno de España. Llevo mis gafas de sol y mi gorra, para que no me reconozcan, pero aún así intento caminar con la cabeza agachada.
Álex es un chico genial. Intento fingir que no sé muchas cosas de él, aunque Ana me ha contado casi todo por lo que ha pasado últimamente. Hablamos principalmente de ella. Al parecer, el sábado pasado la llamó histérica pidiéndole que fuera al parque porque a Estefi le pasaba algo. Él fue pero allí no había nadie. Desde ese día no ha vuelto a hablar con ella, pero sabe que le pasó algo con su ex. Además, parece ser que el ex-novio de Estefi ha regresado para quedarse. Comienza a anochecer cuando llegamos a otro bloque de pisos.
-Normalmente tendría que llamarla y recorrerme media ciudad para encontrarla pero, muy a mi pesar, eso no es lo que ocurre últimamente.
La puerta está abierta así que entramos. Cuando nos acercamos al ascensor, vemos un cartel en el que avisan que no funciona.
-Genial – suspira Álex – Ana vive en el sexto.
Comenzamos a subir, al principio rápido, pero poco a poco nos quedamos sin fuerzas. Cuando veo ya el número seis pintado en la pared oímos unas voces. Álex me hace un gesto para que me detenga.
-Esa es la voz de Ana y parece que habla con... - se pone tenso. Presto atención y capto parte de la conversación.
-Vete por favor.
-¿Qué te pasa en los ojos? No has dormido. Te has alejado de todo el mundo. Dime por qué.
-¡Adrián, que me dejes!
-Y estás muy delgada – este sigue hablando como si no hubiera dicho nada. - No estás bien y no voy a irme hasta que no me digas la razón.
Tomo la iniciativa y termino de subir las escaleras mientras me quito las gafas y la gorra. Álex intenta agarrarme, pero lo esquivo.
-¿Por qué no le haces caso? Te ha dicho que la dejes.
Ambos me miran. Adrián interrogante y Ana muy sorprendida. Es guapísima. Alta y delgada, un oscuro cabello le cae liso hasta los omóplatos.
-Espera – dice Adrián, captando mi atención - ¿Tú no eres...?

Pero no termina de hablar. Un sonoro golpe suena detrás de él. Se da la vuelta y ambos nos fijamos en el suelo, donde está Ana con los ojos cerrados.