miércoles, 4 de septiembre de 2013

Capítulo 29 - Ana

-Gracias.
-¿Por qué?
-Por haberme hecho sentir joven. Me lo he pasado muy bien.
Bajo la mirada y sonrío, sin saber qué decir. Entonces Josh me agarra la barbilla y me obliga a levantar la cabeza. Se inclina hacia mí y me besa. Mi respiración se agita y noto como se me embota el cerebro. Me cuesta respirar y siento miles de descargas eléctricas por todo el cuerpo. Cuando se separa, llega el vacío a mi estómago.
Intenta alejarse pero me acerco más a él y lo abrazo. Envuelvo su cintura entre mis brazos y apoyo la cabeza en su hombro.
-¿Cuándo volveré a verte?
-Pronto. - se separa un poco de mí para mirarme a los ojos y añade: - Te lo prometo.
Y esto cierra nuestra despedida. No hay un “Adiós”, no hay un “Hasta luego”. Sólo un “Te lo prometo”. Lo observo caminar hacia las puertas que lo conducen hasta el avión que despega a las cinco de la tarde. Miro el reloj de mi muñeca, son las cuatro y media. Josh no se da la vuelta para levantar la mano y despedirse, y se lo agradezco. No quiero que vea como las primeras lágrimas amenazan con salir de mis ojos.
Me siento en uno de los asientos que hay junto a los enormes cristales que dan a la pista de aterrizaje. Intento memorizar hasta el último segundo que ha pasado con él este fin de semana. Nuestro encuentro, la fiesta de disfraces, el cine, la huida, el parque de atracciones, la planificación de la película del parque... Y hoy. He faltado a clases para estar toda la mañana con él y mostrarle cosas de la ciudad. Han sido los mejores tres días de mi vida, y todo gracias a él. La media hora de espera se convierten en cinco minutos para mí. Entonces veo como el avión se separa del anclaje y se aleja del edificio, cogiendo velocidad, hasta que levanta las ruedas del suelo y se pierde poco a poco entre las nubes.
“Te lo prometo”
Lo último que me ha dicho resuena una y otra vez mientras camino hacia la salida.

-¿Qué tal la despedida con Daniel? - pregunta Estefi saltando sobre uno de los pupitres para llegar hasta mi mesa.
Al verla, Álex se levanta para marcharse, pero Juan es más rápido y lo agarra con fuerza por el hombro.
-Mi brazo mal, mi brazo mal – no deja de repetir Álex a toda velocidad.
Juan no lo suelta hasta que se sienta. Lo observo con atención, tiene un círculo azulado alrededor del ojo. Consecuencia de la fiesta de disfraces. Al otro lado de la sala, Miguel está sentado en una silla con dos muletas al lado.
“Daniel” es el nombre que usamos para hablar de Josh. En verdad, Daniel fue el amor platónico de la infancia de Estefi, un chico cinco años mayor que ella que vivía al lado de sus abuelos.
-Nada.
-¿Lloraste? - pregunta rápidamente Estefi.
-¡No! Bueno, al menos mientras él estaba delante.
Estefi chasquea la lengua y se deja caer sobre el pupitre de al lado, fastidiada.
-Lloraste. Él te lo notaría en los ojos antes de irse. Los tíos siempre saben eso.
-Eso no es cier... - comienza Juan.
-Lo saben – lo corto Estefi – Otra cosa es que hagan algo al respecto.
Juan y Álex se lanzan miradas de desacuerdo. La escena me fascina. ¿Los ha unido la pelea?
-Movimiento en la mesa de Miguel – canturrea Estefi, cuando éste se pone de pie y se acerca a nosotros.
-Vaya, vaya. La familia reunida.
-Si yo fuera tú me alejaría de la familia, Miguel – contestó con sarcasmo – Tu amiguito Rafa no está aquí para ayudarte.
-Ni lo necesito. - Miguel se acerca tanto a mí que veo hasta la más pequeña peca que tiene bajo los ojos - ¿O es que tú vas a hacerme algo, Ana? ¿Tal vez va a venir tu amiguito el actor a salvarte?
Levanto la mano cerrada en un puño y la estrello contra su cara. Después le pego una patada a una de las muletas y Miguel pierde el equilibrio y cae al suelo.
-¿De dónde has sacado eso?
-Todo Twitter habla de ello, incluso ha salido ya tu nombre en alguna revista – dice sin dejar de reírse desde el suelo.
Miro a Juan, Estefi y Álex que están boquiabiertos. No sé muy bien el porqué, si por verme pegándole a alguien o por lo que acaba de decir Miguel. El primero en reaccionar es Juan. Saca el móvil de su bolsillo y teclea algo. Me fijo a mi alrededor y me doy cuenta de que casi todas las miradas están clavadas en mí. No puede ser.
Juan me toca el brazo y me pasa su móvil. Miro la pantalla y el corazón se me encoge. Es una página de tantas que hablan sobre Josh:
“Este fin de semana, nuestro Josh parece haber ido de visita a España. ¿Por motivos de trabajo? Ni por asomo. Algunas fuentes nos informan que ha ido para encontrarse con una chica a la que conocido por la red social Twitter. Recientemente alguien cercano a la chica ha confirmado la noticia de un posible romance entre nuestro actor y esta chica de diecisiete años, Ana. Se les ha visto juntos en una fiesta de disfraces, en un cine y paseando por la ciudad. También se sospecha que podrían haber ido juntos a un parque de atracciones donde ella trabaja. ¿Serán estos rumores ciertos? ¿Habrá encontrado Josh alguien en quien apoyarse? Esperemos que esta chica no nuble su mente ahora que hay rumores de problemas que surgieron en las grabaciones de Catching Fire por culpa de aquel que interpreta el papel de Peeta Mellark.”
Mi nombre. Mi nombre circula por la red y creen que soy la causante de los problemas en las grabaciones. Incluso puede que sea cierto. Puede que sea la culpable.
Desciendo y me encuentro con los comentarios. Entonces las lágrimas llegan y tengo que taparme la cara. Me insultan por poder hablar con él, por salir con él. Pero ni siquiera estamos saliendo. Él pasa toda su vida en EEUU y yo en España. Sólo somos amigos, ¿no?
-¿Estás bien? - Álex se acerca a mí con cuidado y me pone una mano sobre el hombro.
Niego con fuerza y termino de secarme las lágrimas. Ahora me inunda la rabia y tengo que descargarme. Me giro y piso la espalda de Miguel, quien intenta incorporarse.
-¿Has sido tú? - pregunto mientras lo aplasto contra el suelo - ¡¿Tú has dado esa información?!
Miguel se ríe, y eso me pone de los nervios. Piso con más fuerza.
-¡Respóndeme!
No lo hace, así que arqueo la pierna hacia atrás y le asesto una patada en el costado. Miguel grita y se retuerce, cuando voy a darle otra, unos brazos me levantan del suelo y me llevan a la otra esquina del aula.
-¡Relájate! - Juan me suelta y me pega contra la pared, sujetándome por los hombros – No merece la pena y lo sabes. No le muestres tu frustración.
-¡Lo insultan a él por mi culpa! ¡No puedo dejarlo pasar! - la rabia hace que las lágrima corran más deprisa. La gente sigue mirándome y me esfuerzo por no gritarles a ellos también.
-Disfruta haciéndote sufrir, mucho. Así que no le sigas el juego. ¿Entendido?
Me muerdo el labio con fuerza hasta tal punto en el que siento dolor propio de un moratón.
-Está bien.
-¿Se puede saber que está pasando aquí? - la profesora de literatura acaba de entrar por la puerta.
Miguel está aún en el suelo, formando un ovillo. Álex y Estefi por otro lado tampoco charlan pacíficamente. El resto de la clase, está agolpada en una esquina, mirando los móviles y a mí alternativamente. Solo unos pocos están sentados o fuera de clase.
Camino hacia mi pupitre, junto Álex y delante de Juan y Estefi, buscando protección.
-Álex, ayude a Miguel a ponerse de pie.
Álex se acerca a él y tira con fuerza de uno de sus brazos hasta levantarlo y empujarlo contra un pupitre. Después le da la muleta de mala gana. Miguel lo agarra por el brazo. Álex hace una mueca de dolor, pero no aparta la mirada. Los segundos transcurren y el ambiente se tensa.
-¡Sentaos! - Álex empuja a Miguel y se sienta a mi lado.
-¿Cómo estás? - pregunta Álex.
-Confundida – respondo, ahora que la rabia ha disminuido. - Siento como si todo lo que ha pasado estos tres días sólo hubiese sido un error. Un error muy grande.
Permanecemos en silencio mientras sacamos los libros.
-Ha sido un buen golpe – me susurra pasado un rato.
Me giro para observar a Miguel, que tiene dificultades para sacar el material. Cuando se percata de que lo miro, me dirige una sádica sonrisa. Así que aparto la mirada.

-Creo que es lo único que he hecho en condiciones en mucho tiempo.

sábado, 31 de agosto de 2013

Capítulo 28 - Josh

Abro la puerta del taxi y monto en la parte de atrás. Ana está sentada delante, en el asiento del copiloto.
-Hola – me saluda cuando entro, aunque noto que le tiembla un poco la voz.
-Hola – le devuelvo el saludo.
Durante el trayecto, ninguno de los dos dice nada. El taxi nos lleva a las afueras, y nos detiene en el aparcamiento del parque de atracciones, que abrirá dentro de dos horas. Ana se dispone a pagar, pero insisto en hacerlo yo. Esta vez, el que gana la discusión soy yo. Bajamos del coche y caminamos hacia una puerta trasera del edificio de entrada.
-¿Estás bien? - le pregunto, ya que apenas habla.
-Sí, he... tenido una noche algo rara.
No me lo quiere explicar ya que si no me habría contado ya que le ocurre. Así que no insisto. Entramos en una sala en la que hay unas tres personas. Dos de ellas vestidas con ropa normal y el tercero, un hombre mayor, con la ropa que llevan los encargados de las atracciones.
-Vaya, vaya. Hola Ana, pensaba que te habías olvidado de nosotros.
Ana se acerca y lo saluda con un abrazo.
-En absoluto, tío. Esto... he traído a un amigo para que conozca un poco el parque. Es de Estados Unidos y ha venido de viaje, no quería dejarlo sólo. ¿Hay algún problema en que hagamos el trabajo juntos?
El hombre me mira con atención de arriba a abajo, analizándome.
-Ana, sabes cuáles son las normas. Lo siento.
-Pero tío, sirve para esto. Le gustan mucho los niños y...
-Ana no puedo. Me costó mucho meterte a ti. Lo siento.
-Pero es sólo un día.
-Lo sé. Y si por mí fuer lo dejaría pasar; pero no quiero que se queje toda la plantilla.
-¿Me vas a hacer volver a la ciudad?
-Lo siento, Ana. Te pago el taxi si quieres.
-¡No! Yo..
Avanzo hacia ellos y me quito la gorra y las gafas de sol.
-Hola señor, soy Josh Hutcherson.
-Zacarías – dice mientras me estrecha la mano. - Lo siento hijo, pero...
-No sabe quién soy, ¿verdad? - ante su expresión de desconcierto continúo hablando – Soy actor. Ana ha pensado que sería divertido traerme para estar con los niños y enseñarles algo sobre actuar. Alentarlos y convencerlos de que el teatro es una actividad muy divertida para que haya actores mejor preparados en el futuro.  
-¿Actor?
-Sí, mírelo en Internet si quiere.
-¡Zacarías! - dice uno de los chicos que hay en la sala – Es cierto, es actor. Mira – le entrega su teléfono móvil y el tío de Ana mira algo en él.
-A mí me parece bien. - comenta la tercera persona, una chica rubia y bajita – No todos los días hay un famoso en el parque.
-Está bien. Os voy a traer unos trajes. Por la mañana, animaréis a los críos. Por la tarde, podrás quitarte el disfraz y hablarles de tu experiencia como actor y todo lo que quieras.
Asiento y Ana y yo lo seguimos por unos pasillos hasta una habitación llena de disfraces de dibujos animados. Ana se viste de una de las Supernenas, la del vestido verde. Yo, me decido por un traje de Bob Esponja. Ana comienza a reírse  cuando me ve salir del probador hasta llegar a un punto en el que tiene que echarse mano a los riñones.
-¡No te rías! A los niños les va a encantar – aseguro.
-Eso ni lo dudes – consigue decir entre risas.
Nos quitamos los trajes y salimos del edificio y paseamos por el parque. Ana me enseña las atracciones y me cuenta cuáles son las mejores para su gusto. Cuando llevamos un buen rato andando, paramos frente a una fuente y nos sentamos en uno de los bancos que hay cerca.
-¿Vas a decirme qué te pasa? - pregunto tras unos minutos de silencio.
-Nada – responde alargando la 'a', con lo que sé que está mintiendo.
-Mientes.
-Lo sé. Pero no voy a decírtelo.
-¿Por qué? ¿No confías en mí? ¿O es que es sobre mí? - de repente siento un nudo en el estómago.
-Son inseguridades, de las cuales nunca hablo. Tú no eres una excepción en ese caso.
-¿De qué no te sientes segura?
-Déjalo ya, Josh.
Comienzo a reírme. Una risa histérica y que sale sola, para liberar tensiones.
-Ana – me giro hacia ella, pero no me mira - ¿Tú me hablas de inseguridades? He venido aquí, por ti. ¿Y tú me hablas de inseguridades?
-Viniste porque estabas preocupado por mí.
-Sí, porque me importaba muchísimo hablar contigo cada día. Por eso me subí a un avión, sin hacer caso de todas las personas que me decían que estaba loco, para preguntarte por qué no me respondías a los mensajes.
-No tenías por qué haberte tomado tantas molestias – contesta levantándose del banco.
-¿Se puede saber qué te pasa? - la sujeto del brazo y me levanto también – Ayer estabas... bien y hoy...
-Te besé. Me besaste. -clava la mirada en el suelo y se ruboriza.
Inspiro con fuerza.
-¿Por eso es? ¿Porque te besé? ¿Porque me besaste?
-No sé lo que eso significa para ti, Josh. Llevo meses soñando con... historia fantásticas y ahora parece que se han hecho realidad. No quiero hacerme ilusiones para luego estrellarme.
-Vine hasta aquí. ¿De verdad crees que solo vengo a hacerte daño?
No puedo soportarlo más, así que me inclino y la beso. Primero, con ternura; después, la aprieto contra mí y ella me envuelve la cintura con los brazos, con fuerza. ¿Por qué me hace sentir tan inseguro? ¿Por qué siento como si esto estuviera mal? He estado con tantas chicas... y esta es la única que me hace sentir inseguro.
Nos separamos y recobro el aliento. Recuerdo todas mis charlas con Sam y con Liam. ‘Es sólo una amiga, no hay nada más’. ¿Es verdad? Sí, es una amiga. Pero pensar en algo más profundo me hace sentir inseguro. Y no comprendo la razón.
-Será mejor que nos preparemos.

Pasamos toda la mañana jugando con los niños, cada uno con su traje. Ana no deja de reír y abrazar a los críos. Parece feliz, más feliz de lo que jamás la he visto. A pesar de que es noviembre, el calor que pegan los trajes y todo lo que tengo que correr para alcanzar a los niños acaba haciéndome sudar como nunca. Así que cuando llega la hora de almorzar, nos quitamos corriendo los trajes. Ana tiene la cara roja y un halo de pelo desordenado. Aun así, está guapísima. Vamos al comedor de trabajadores. Hay un bufet libre, Ana se pide lasaña y yo macarrones.
-¿Listo para mostrarles quién eres?
-Temo la reacción – comento mientras pincho un buen puñado de macarrones. – No quiero que se abalancen sobre mí.
-No son tan malos – dice riendo.
-Son unos diablillos. ¿Cómo pueden ser tan difíciles de tratar? ¿Cuántos años tienen? ¿Cinco?
-De todas las edades.
-Son demasiado rápidos. Y demasiado traviesos.
-¿No te gustan los niños?
-Sí. Pero estos no.
Ana se ríe con ganas y yo me quedo embobado viéndola reír. Viéndola feliz.
-Pero si son adorables. Alejados de todos los problemas, sólo se preocupan por jugar. Ojalá fuera tan fácil para nosotros aislarnos del mundo de esa forma.
Decido no comentar nada y me guardo esa frase para reflexionar sobre ella más tarde. Cuando terminamos de comer vamos a cambiarnos de ropa. Esta vez no nos disfrazamos de personajes de dibujos infantiles, sino que nos vestimos con el uniforme del parque. Pantalones cortos verdes, camiseta blanca y gorra verde. Ana se recoge el pelo en una coleta y yo me quedo con mis gafas de sol.
Salimos a un pequeño parque en el que hay columpios y, al fondo, un pequeño cuadrado de cemento en el que los chicos ya están sentados, formando un coro y con la vista fija en una silla que hay en frente.
-Ahí te sientas tú, Josh – dice Ana empujándome hacia la silla.
Me giro y veo cómo se sienta al lado de los niños. Camino con decisión hacia la silla y me quito la gorra y las gafas de sol. Ninguno me reconoce.
-Hola – los saludo.
-Hola – gritan todos a coro.
-¿Alguien sabe quién soy?
Unos cuantos niegan con la cabeza.
-Está bien… - doy vueltas a mi cabeza, buscando algo con lo que puedan reconocerme y, finalmente, lo encuentro – Me llamo Josh. ¿Alguien ha visto la película de ‘Un puente hacia Terabithia’?
-¡Sí! – grita una niña pelirroja con dos trenzas. Otros se limitan a levantar la mano, pero muy pocos.
-El niño al que le encanta correr y se junta con la niña rubia, ¿sabéis quién es? – algunos asienten, la chica pelirroja lo hace más efusivamente que nadie – Ese soy yo. Bueno, cuando era más pequeño. Ahora he crecido mucho.
Abren mucho los ojos y uno de ellos se tapa la boca con las manos. No puedo evitar reír, y Ana tampoco.
-¿Y qué haces aquí? – pregunta la chica pelirroja.
-¿Cómo te llamas?
-Marina.
-Pues he venido aquí de viaje y vuestra monitora, Ana – la señalo y todos se giran para mirarla – me ha dicho que viniera a conoceros. También quiere que os hable un poco de mi trabajo. ¿A quién le gustaría hacer una película?
Todos levantan las manos y empiezan a gritar. Ana tarda unos cinco minutos en hacer que regrese el silencio.
-Creo que te resultará más fácil si hablas sólo con uno. Quiero decir, el mensaje llega a todos pero tú sólo te centras en uno de ellos – dice Ana una vez que se han callado.
Asiento y me fijo en un chico que hay sentado detrás, el más callado de todos.
-¿Cómo te llamas tú?
-Pablo – responde tímidamente.
-¿Te gustaría hacer una película, Pablo? – asiente con la cabeza – Pues no es difícil. Sólo tenéis que estudiar artes escénicas.
-Josh – Ana me hace gestos para llamar mi atención – vas muy rápido.
Los miro y por todos lados veo caras de aturdimiento.
-Está bien. Cuando seáis mayores, muchos querréis ser médicos, profesores, veterinarios… pero muy pocos querréis ser actores. Yo he venido para contaros que podéis empezar a hacer películas desde muy pequeños. Seguro que donde vivís hay escuelas para vosotros de teatro. En estas clases os enseñan a hacer películas, a perder la vergüenza… a muchas cosas. Y lo mejor es que os lo pasáis muy bien. ¿Me habéis entendido?
Todos asienten, pero ninguno grita, lo que hace que comience a dudar del efecto de mis palabras.
-Chicos, ¿quién quiere hacerle preguntas a Josh?
Algunos levantan la mano y empiezan a hacer preguntas como verdaderos periodistas, preguntándome cuál fue la primera película en la que participé, por qué me gusta ser actor; otros se limitan a preguntarme sobre mi color favorito, si tengo hermanos…
Cuando se quedan sin preguntas, lo que nos lleva cerca de dos horas, nos quedamos unos momentos en silencio. Me quedo mirando a Ana, que se queda pensativa unos minutos.
-¿Queréis que hagamos un juegos, chicos? – con esta pregunta, llama la atención de todos los niños – Vamos a hacer una película del parque, ¿vale? Vais a salir vosotros montados en las atracciones y diciendo que os parece el parque. También podéis decir qué queréis ser actores, ¿vale? Y podéis hablar de Josh. Y si él quiere, puede salir con vosotros en la película. ¿Qué os parece?

La alegría que se ha ido acumulando mientras Ana hablaba estalla en ese momento. Los niños se levantan, gritan, corren, saltan… El pequeño parque se parece a un pequeño zoo y, por fin, experimento aquello que Ana lleva observando todo el día. La alegría y la capacidad por olvidar de los niños pequeños.

martes, 27 de agosto de 2013

Capítulo 27 - Ana

A la luz de la lámpara, Estefi abre muchísimo los ojos. Abre la boca, pero decide cerrarla. Después, vuelve a abrirla y comienza lo que será la noche más larga de mi vida.
-Has besado a Josh.
-Sí – afirmo, a la vez que asiento con la cabeza.
-Vas a ir con él mañana al parque.
-Sí, – vuelvo a asentir – si no cambia de idea.
-Y Adrián se ha declarado.
-Por tercera vez, sí.
-¿Y cómo te sientes? - pregunta cruzándose de pies sobre el sofá.
-¿Cómo me siento? - pregunto con la mayor tranquilidad de la que soy capaz. - Pues no sé. Confundida, frustrada, arrepentida, cabreada...
-¡Para! ¡Para! - Estefi levanta los brazos. - Vamos a ir paso por paso. ¿Qué sientes por Josh?
Lanzo un gruñido de frustración.
-No lo sé.
-¿Y por Adrián?
-Tampoco lo sé – me tapo el rostro con las manos y me dejo caer en el sofá, ya con el pijama puesto.
Hemos decidido pasar la noche en el salón, ya que dudo que durmamos mucho.
-Tienes que saber algo. ¿Querías besarlo mientras hablaba?
Se hace el silencio y me quito las manos de la cara para poder observar a Estefi. De nuevo caigo hacia atrás y vuelvo a taparme la cara.
-Joder Estefi, sí.
Estefi grita. Mitad feliz, mitad histérica.
-¡Sigues sintiendo algo por él!
-No me digas. ¿Desde cuándo? Tal vez, ¿un año? – comento con sarcasmo.
-¿Y a quién quieres más, a Josh o a Adrián?
-¡A ninguno! - grito incorporándome del todo. - Lo de Josh parece un sueño. Siempre he querido conocerlo, imaginarme un noviazgo con él y todo eso que hacen las desesperadas como yo. Y ahora parece que puedo conseguirlo pero no parece real. Por otro lado, Adrián sí lo es. Pero me hizo daño, Estefi. Puede que ahora seáis amigos, pero a mí siempre me quedará esa espina por dentro.
Guardamos silencio. Estefi tiene la vista clavada en el suelo, con el ceño fruncido.
-Jamás podrás enamorarte – susurra – si no sabes perdonar, Ana. Mírame a mí. Llevo meses llorando la partida de Juan. Pero lo quiero, y no dudé en perdonarlo. Aunque al principio me costó, sabía lo que quería, sabía que lo perdonaría siempre.
-¿Qué crees que debería hacer?
-Sabes que quiero que vuelvas con Adrián. Lo sabes. Pero Josh te ha sacado más sonrisas en una noche que ninguno de nosotros en una semana. Josh se irá, Ana. Es actor, siempre tendrá proyectos y no va a dejarlo por ti. Te conozco, no lo soportarás. No eres... celosa. Pero tampoco eres tonta. Esto te va a doler, lo sé. Pero soy tu amiga debo decírtelo – levanta la mirada y toma aire con fuerza – Josh tendrá que besar a chicas. Pasará meses con ellas, conociéndola para poder interpretar mejor su papel. Con algunas compartirá trailer en las grabaciones, como hace con Jennifer. Las besará y tú tendrás que ver eso en la pantalla. Una y otra vez, una y otra vez. Hará cosas preciosas con otras chicas si están en el guion, y no contigo. Sé que al final, una se acostumbra a esa vida. Pero sé que al principio tú lo pasarás mal. Terriblemente mal. Y yo tendré que verte sufrir cada día. - Sus palabras me desconciertan. ¿Es eso lo que quiero? No. Aunque tampoco sé lo que él quiere. -¿Sabes otra cosa? ¿Sabes quién más te verá sufrir y tendrá que ayudarte? -Sé la respuesta, no quiero escucharla. Pero finalmente dice su nombre – Adrián.
Quiero salir corriendo, encerrarme en mi habitación, hundir la cabeza en la almohada. Pero no para llorar, sino para gritar. Gritar de rabia. Conocer a Josh es algo que siempre he querido; pero ahora me odio por haberlo deseado. Mi vida sería mucho más fácil si no hubiera mandado aquel estúpido mensaje.
-No te odies – comenta Estefi como si me hubiera leído el pensamiento. - Las cosas pasan por algo. Tú sólo sigue adelante. Hagas lo que hagas, estará bien.
Asiento. Sin decir una palabra más, nos tumbamos en los sofás y, al rato, la respiración de Estefi se vuelve lenta y monótona. Al final, vamos a dormir más de lo que habíamos pensado, al menos ella.
Cojo el móvil. Tengo un mensaje. Sé que no es Josh, no tiene mi número. Pero incluso antes de percatarme de esa verdad, el nombre que aparece en mi mente es otro, no el de Josh. Ahora mismo, con quien más ganas tengo de hablar, es con Adrián; aunque duela. Cuando abro el mensaje dejo caer los brazos. No él. Se supone que el siguiente paso lo daré yo. Abro el mensaje. Es de un número desconocido.
“Lo que más ha dolido de ese puñetazo ha sido que el puño fuera de un amigo y la razón del golpe fuese proteger a una estúpida que sólo le ha causado daños a su mejor amigo... y a él”
El corazón comienza a latir con violencia. Este mensaje es de Rafa. Habla del puñetazo que Juan le pegó cuando estaba a punto de in insultarme. Pero el final del mensaje no lo entiendo. ¿Le he hecho daño a Juan? Paso los dedos por las teclas, escribiendo un mensaje que no llega a la pantalla. No puedo responder. No debo entrar en su juego.
Entonces otro mensaje se une al anterior.
“¿No quieres saber cómo le has hecho daño a Juan? ¿No quieres entrar en el juego?”
“No”, pienso. Levanto la mirada y miro a Estefi, que duerme con la boca entreabierta. No debo hacerlo. No quiero causarle problemas.
Llega un tercer mensaje.
“¿No? Vaya, vaya. Tengo un cotilleo que no le sentará para nada bien a tu amiga Estefi”
Cierro los ojos con fuerza. “Tranquila”, me digo a mí misma. No es nada, es una broma. Nadie sabe nada. Y mucho menos Rafa.
Pero no consigo relajarme. Lanzo el móvil por los aires, estrellándolo contra la pared. Del golpe, Estefi se despierta. Me sorprende el oído que tiene.
-¿Qué ha sido eso? - pregunta con la voz alerta.
Me quedo inmóvil, mirando mis manos. Tiemblan como nunca antes lo han hecho. De nuevo se oye el sonido de un móvil, es el de Estefi. Lo coge y lee el mensaje con la cara inexpresiva.
-Es para ti – comenta.
Por un momento, temo lo peor. Pero aun así, cojo el móvil y leo.
“Hoy mi hermana estaba en el cine. Me ha contado que ha aparecido un famoso disfrazado de Batman acompañado de alguien vestido de piloto. Vaya sorpresita. Creo que a mucha gente va a interesarle saber que Josh Hutcherson está en España por tu amiga Ana”

El número es desconocido.

domingo, 25 de agosto de 2013

Capítulo 26 - Ana

Cuando no separamos no puedo ni mirarlo a los ojos. Bajo a mirada y noto como me ruborizo. ¿Cómo he podido besarlo?
-No debería haber hecho eso – susurro, mientras una lluvia de palomitas cae sobre nosotros.
-¿Por qué no? - y entonces el que me besa es él.
Nos volvemos a separar y me quedo petrificada, hasta que de nuevo más palomitas caen sobre mi pelo. Cojo su mano y nos levantamos. Tiro de él hasta ponernos de pie y corremos hacia la salida. Una marea de chicas histéricas nos persigue, cargadas de palomitas. Vislumbro al guarda del cine delante, acompañado por la pareja que salió de la sala. Tiene cara de pocos amigos y se cruza de brazos delante de mí, cortándome el paso. Suelo la mano de Josh y, sin dejar de correr, lo esquivo. Con el peso del casco apenas puedo correr, así que Josh me alcanza sin problemas y es él el que ahora me guía a mí por calles cada vez más estrechas. Las adolescentes no dejan de perseguirnos. Por un momento pierdo a Josh de vista y, cuando lo encuentro, está en un callejón sin salida. Me giro para ver si podemos dar la vuelta, pero las voces de las adolescentes son cada vez más cercanas. Me doy dos segundos para recuperar el aliento y entonces miro a Josh.
-Toma - digo dándome el casco – ayúdame.
Señalo un bajo muro que hay en uno de los lados del callejón. Él arece comprender lo que quiero decir y junta sus manos. Impulsándome en ellas, subo al muro. Estoy en una pequeña axotea, a la altura de los tejados de las casas de la calle de abajo. Me asoma, cojo el casco y después las manos de Josh. Tiro de él hacia arriba. Él se ayuda con los entrantes y salientes que tiene la pared y finalmente consigue subir. Cuando lo miro no lleva el antifaz. Se oyen ruido en el callejón, así que nos asomamos y vemos como las adolescentes entran en tropel.
-¡Mirad, ahí! Ese no es...
-¡Sí! ¡Es Josh!
Todas comienzan a gritar su nombre y a ayudarse una a la otra para subir. Cojo de nuevo a Josh de la mano y vuelvo a tirar de él hacia los tejados de abajo. Cuando averigua lo que quiero hacer, monta en cólera.
-¡NO! Ana, ¿qué quieres? ¿Matarnos? - grita mientras intenta soltar mi mano.
-¿Qué prefieres? ¿Esto o las arpías esas?
Me doy la vuelta. Unas cuantas adolescentes ya han subido. Así que suelto su mano y salto al tejado de abajo. Josh se lo piensa un segundo, y después me imita.
-Vamos a matarnos – asegura mientras saltamos al siguiente tejado.
-Confía en mí – grito por encima del ruido del viento. - Estas casas sólo tienen dos plantas.
Salto a otro tejado y veo que en el siguiente hay una azotea, unos cuantos metros por debajo de nosotros. No lo duda y salto. Me giro para mirar a Josh, que camina hacia atrás.
-¡Maldita sea, Jos! Sé que eres actor y que tienes personas que salta a los tejados por ti. ¡Pero tú también has hecho escenas de riesgo!
Cierra los ojos y, cuando los abre, corre y salta a la azotea. Cae rodando y le ayudo a ponerse de pie.
-Sólo con arneses y colchonetas – comenta casi sin aliento.
-Tranquilo, era el último salto – digo.
Corro hacia la puerta que hay en la azotea y la abro de un empujón.
-¿Qué haces? ¿Sabes de quién es esta casa?
-¡Corre! - me limito a decir cuando una de las chicas se asoma al tejado de arriba.
Me sigo sin rechistar mientras paso a toda velocidad por pasillos y habitaciones. En una de ellas, hay una familia cenando. Se quedan boquiabiertos y nos miran llenos de miedo.
-Perdón, ¿dónde está la salida? - pregunto.
Nadie se mueve. El hombre agarra con fuerza el cuchillo con el que estaba cortando un filete y su mirada aterrada se convierte en una mirada amenazante. Justo cuando comenzamos a retroceder, se oye un sonido de llaves en una de las puertas que hay junto a nosotros. Se abre y aparece un chico de mi edad, con un perro atado a una correa.
-¡Gracias! - digo tras un suspiro de alivio.
Y, corriendo, atravieso la puerta. Con Josh siguiéndome.
Cuando salgo a la calle estoy un poco desorientada, pero no tardo mucho en salir del laberinto en el que Josh nos ha metido. Por un callejón lleno de escalones llegamos a una calle que al fin reconozco.
-La calle de Álex no queda lejos.
-He perdido el antifaz – comenta Josh, acercándose mucho a mí.
La cercanía me provoca un escalofrío de los pies a la cabeza.
-Toma – susurro, pasándole el caco.
-Gracias – contesta, poniéndoselo.
No puedo evitar reírme al ver a Batman con un casco de piloto.
-Bueno, ¿y si sigues contándome cosas de ti? ¿A parte de comer hay algo que te guste hacer? - pregunta con la voz amortiguada por culpa del casco.
Nuestras manos se rozan, lo que produce otro escalofrío y, por unos instantes, me quedo sin palabras.
-Voy a clases de teatro.
Josh se detiene un momento, pero por culpa del casco no puedo ver su expresión.
-¿Quieres ser actriz?
-En realidad, profesora de física. Pero me encanta el teatro. Estefi estaba apuntada y a menudo iba a ver sus obras. Hasta que me convenció para apuntarme y ya no era una espectadora, sino que pasé a formar parte de las obras. El teatro me ayuda a expresar todo aquello que no puedo expresar en mi vida diaria. Me ayuda a liberarme. - guardo un momento de silencio y finalmente me detengo - ¡Hemos llegado!
-Se supone que es el caballero el que debe acompañar a la dama.
-No si el caballero tiene un pésimo sentido de la orientación y minutos antes ha conducido a la dama a un auténtico laberinto. - sonrío y él ríe. -  ¿Sigues queriendo ir mañana al parque de atracciones?
-Por supuesto.
-Me paso a las 9 por aquí, ¿vale? No será un problema. Álex es madrugador, muy madrugador.
-Está bien. Nos vemos mañana.
Se quita el casco y se acerca a mí. Nuestros labios se rozan, apenas es un beso, pero ha sido suficiente para que una descarga me recorra todo el cuerpo. Desde la cabeza a los pies.
Le quito el casco de las manos y me lo pongo. Después me despido con mano y me doy la vuelta. Dedico ir caminando en lugar de coger un taxi, necesito pensar. Pero alguien no está de acuerdo conmigo. Un coche se detiene a mi lado y baja la ventanilla.
-¿Quiere que le lleve a su aeropuerto?
Dudo un poco, pero finalmente decido subir al asiento del copiloto. Me quito el casco mientras el motor del coche arranca. Miro al conductor de arriba a abajo y sonrío.
-Me alegra ver que te has quitado ese estúpido traje.
Esboza una sonrisa y me pregunta lo que sé que lleva queriendo preguntarme desde que me encontró.
-¿Qué tal tu paseo?
-No ha estado mal – contesto, encogiéndome de hombros – Nos ha seguido una marea de histéricas adolescentes al reconocer a Josh y hemos tenido que huir por los tejados.
-¿No fue así como nos conocimos? - pregunta, al mismo tiempo que una enorme sonrisa aparece en su cara.
Cierto. Estefi y yo paseábamos por la calle cuando un par de chicos saltaron desde un tejado y cayeron sobre nosotras. Uno de ellos era Juan, mi amigo de la infancia; el otro era un desconocido para mí. Pero dejó de serlo aquel día.
-Jamás olvidaré la primera vez que me usaron de amortiguador de caídas – comento con sarcasmo. - ¿Y que tal la fiesta?
-Todos han salido marcados. La desalojaron por nuestra culpa.
-¿En serio? - no debería de sorprenderme siendo quienes son.
-Eran dos contra uno y, aunque Juan sabe pegar y eso, le estaban pegando una paliza cuando llegó Álex. Intentó ayudarlo pero su traje no ayudaba demasiado. Si sumas eso a que lo odian, Álex ha sido el que peor ha salido. Tuvimos que acompañarlo a su casa después. Cuando Estefi y yo llegamos ya le habían partido la nariz y le habían hecho un corte en el antebrazo.
-¿Un corte? - noto como la histeria comienza a aparecer.
-Tranquila. Es superficial. Fue con una navaja que llevaba Miguel.
-Me da igual que sea superficial. ¡Está herido y...!
-Y perfectamente en su casa. ¿Quieres relajarte?
Tomo aire con fuerza y espero a estar algo relajada para seguir preguntando.
-¿Y los demás?
-Cuando llegamos, Rafa estaba casi inconsciente en el suelo. Al parecer, el cetro de Juan no era de plástico como pensábamos. - no puedo evitar reírme imaginándome a Juan golpeando a Rafa en la cabeza con el cetro de rey - En fin, los dueños llamaron a los municipales y tuvimos que escabullirnos por la puerta de atrás.
-¿Y Juan cómo está?
-¿Desde cuándo te preocupas por él?
-Desde siempre. - y es verdad. Incluso mientras estaba en Barcelona le pedía a mi madre que lo llamara para ver cómo le iba. 
-Sólo tiene un ojo morado. Y Miguel tiene la rodilla dislocada.
-Se lo tiene merecido.
-Como ya te dije, no iba a insultarte ni nada por el estilo cuando ellos me interrumpieron.
-Lo sé – contesto.
Adrián detiene el coche en la puerta de mi bloque de pisos.
-No te bajes aún – susurra cuando pongo la mano junto al tirador de la puerta. Como si pudiera electrocutarme, la alejo rápidamente. Él sonríe a la vez que se gira y poder mirarme de frente – Lo quieres, ¿verdad?
Me quedo petrificada un momento, percatándome de que la máscara de dureza y fuerza de Adrián comienza a resquebrajarse, dejando entrever un rostro lleno de dolor y cansancio.
-No lo sé – confieso, bajando la mirada – Sé que llevo mucho tiempo obsesionada con él. Pero de ahí a... Acabo de conocerlo, Adrián.
-¿Lo has besado?
-Eso no te interesa – levanto la mirada y me encuentro con sus ojos.
-Eso es un sí. Te conozco.
No tiene sentido discutir con él ya que lo ha averiguado y no hay quien me conozca mejor, por desgracia. Sin dirigirle una palabra más abro la puerta y salgo de coche. Lo pillo por sorpresa, por lo que llego al portal antes de que me alcance. Es todo el tiempo que me han dado su cinturón y la puerta del coche. Me coge de un brazo y me arrincona contra la pared. Si no fuera porque sé que ha cambiado, ahora mismo estaría muerta de miedo.
-Te quiero. Lo sabes, ¿verdad?
-¿Por qué te empeñas en complicarte la vida? Estamos bien. Estefi sale con vosotros y somos amigos, Adrián. Vamos a dejarlo estar.
-¿Quieres saber por qué me complico la vida? - baja la mirada un par de segundos, hacia el suelo. Después la levanta de nuevo - Porque me equivoqué. No quería presionarte y una parte de mí se hartó. Por eso te dejé por otra y... Desde ese día, la otra parte de mí, la que nunca dejó de quererte, ha estado llorando en silencio. Porque era un chico al que le encantaba vivir la vida al máximo sin importar qué ocurriera, cuáles fueran las consecuencias. Cuando salté de aquel tejado no pude quitarte los ojos de encima. Por primera vez pensé en lo que podría haber ocurrido por mi culpa. Podría haberte hecho daño, haberte roto algo. Y yo también. Tú me diste una razón para no seguir con mi actitud. Temía que si yo me hacía daño, también te hiciera daño a ti. Sé que esto es muy cursi, pero es la verdad. - permanecemos un momento en silencio, mirándonos a los ojos y comprobando quién los apartará antes. Ninguno gana, así que continúa hablando - Ahora, si fuese una película, me lanzaría y te besaría. Pero sabes que no soy así. Ya sabes lo que siento. El próximo paso será tuyo, si quieres que lo haya.
Nos quedamos un momento en silencio. Incapaz de decir nada, finalmente me acerco a él y le doy un suave beso en la mejilla.
-Buenas noches – susurro, intentando ocultar el dolor de mi voz.
Levanta la cabeza y, por un instante, sus ojos se iluminan. Me sonríe y  se da la vuelta, de nuevo a su coche. ¿Será ese leve beso en la mejilla un paso para él? No era un beso de despedida, no era por cumplir. Ese beso estaba lleno de sentimientos.
No aparto la mirada del automóvil hasta que desaparece por la esquina. Es entonces cuando entro en el bloque. Por suerte han arreglado el ascensor. Cuando llego a mi planta, me doy cuenta de que hay alguien con una maleta apoyado en mi puerta, durmiendo. Sonrío ante la estampa y me acerco. Se ha quitado la camiseta sucia y, lo más importante, se ha peinado. La sacudo por los hombros y, a pesar de mi delicadeza, se despierta con un sobresalto.
-¿Quieres dormir en una cama o prefieres el suelo?
Estefi sonríe y se pone de pie para dejarme abrir la puerta. Yo entro, pero ella se queda en el rellano, como siempre, esperando a que le de permiso para entrar.

-Venga. Tengo mucho que contarte.

martes, 20 de agosto de 2013

Capítulo 25 - Josh

Paseamos uno junto al otro. Ana se ha quitado el casco de piloto y deja que el viento azote su yo melena. Sin embargo, yo me veo en la obligación de mantener el antifaz pegado a mi cara.
-¡Mira! - exclama Ana parándose frente a un cartel que hay a dos manzanas de la fiesta - ¡Echan Crepúsculo en el cine! ¿Quieres que vayamos a verla?
No me soy un apasionado de Edward Cullen y Bella Swan, pero acepto.
-Genial. Nos toca correr. Empieza dentro de veinte minutos.
En cuanto termina de decir eso se gira y comienza a correr. Es muy rápida, pero al llevar el pesado traje y el casco en las manos no me cuesta mucho alcanzarla. La capa que llevo sobre mis hombros oscila a un lado y a otro. Cuando pasamos junto a un grupo de niños pequeños se quedan boquiabiertos ante la escena.
Llegamos al final a las puertas del cine, que está vacío. Me detengo para tomar aire mientras Ana se apoya en una farola y hace lo mismo.
-Vamos – me indica con el brazo.
Nos acercamos a la taquilla y compramos dos entradas y un paquete de palomitas enorme. Después entramos en la sala donde sólo hay un par de parejas y un grupo de adolescentes. Al haber tan poca gente decidimos sentarnos en las sillas más alejadas de las adolescentes. La película ha empezado hace un rato.
-Siento que no hayamos llegado a tiempo – comenta en voz baja.
-Da igual, tampoco me llamaba la atención la película – al principio temo ofenderla, pero decido no ocultarle nada.
-A mí tampoco me gusta especialmente, era por hacer algo.
-¿Eres de Edward o de Jacob?
-De Edward, sin ninguna duda. Aunque bueno, después de leerte los libros, no eres de ninguno.
-¿Y de los Juegos del Hambre? ¿Eres de Peeta o Gale?
Se gira para mirarme y, a pesar de la oscuridad, veo que tiene el ceño fruncido. Pero cuando habla, no muestra enfado.
-Eso no es algo que debas preguntarle a una tributo. Soy de ambos.
-No sabes mentir.
-Lo sé – ríe en voz alta y una de las parejas nos pide que nos callemos. Así que baja la voz – Bueno, ¿que tal esta última semana de rodaje?
-Estás cambiando de tema.
-En efecto. - vuelve a reír pero esta vez la pareja no se queja – Pero respóndeme.
-Ha estado bastante bien. Tuvimos que repetir todas las escenas por lo menos tres veces ya que en todas salía el director pegándome voces para que me concentrara – a mi lado, Ana abre mucho los ojos – Estaba preocupado por ti. Y para colmo Sam me pasó el número de la academia de idiomas, cuyas clases daba por las noches, y apenas dormía. Así que al día siguiente las maquilladoras pasaban el doble de tiempo maquillándome y acababa bostezando en mitad del Desfile de los Tributos. ¿Te lo imaginas?
Ana niega lentamente con la cabeza y veo como intenta contener la risa.
-Así que... ¿estabas preocupado por mí?- pregunta con timidez.
-Pareces saberlo todo sobre mí, pero yo apenas sé cosas sobre ti. Dime, ¿qué haces en tus tiempos libres a parte de leer?
-¡No cambies de tema! - dice golpeándome el brazo.
-¿No es justo? Tú has esquivado uno de mis temas y yo otro de los tuyos. Estamos en paz.
-No, no lo estamos.
Se que en testarudez no gano contra ella, así que me dejo caer aún más en el asiento y suspiro.
-Me dijiste que nunca dejarías de hablarme. Además, recuerdo que el día que dejaste de hablarme parecía que iba a pasar algo. Tú lo sabías y me lo decías. Pensabas que eran imaginaciones tuyas, pero algo gordo tuvo que pasar para desaparecer por completo de Twitter. Al final decidí hablar con Álex y me contó algo de aquel sábado. Pensé que tal vez conseguiría que te despejaras un poco si venía.
Ana, quien se ha mantenido callada y mirándome fijamente, esboza una amplia sonrisa.
-Lo has conseguido – dice finalmente.
Se gira y vuelve a clavar la mirada en la pantalla sin embargo yo sigo mirándola.
-Y bien, ¿vas a contarme algo sobre ti?
-Pregunta – dice, encogiéndose de hombros.
-¿Qué te gusta hacer a parte de leer?
-Comer, aunque últimamente tengo ese hábito algo abandonado – dice riéndo.
-Te pareces a Jenn – comento.
-¿En serio? - se gira con una enorme sonrisa en la cara.
Asiento y le devuelvo la sonrisa.
-¿Trabajas en algo?
-Sólo de vez en cuando – dice encogiéndose de hombros – Mi tío trabaja en un parque de atracciones y de vez en cuando me deja colarme. No estoy encargada de las atracciones porque para ello tengo que hacer un curso, sino que me encargo de entretener a los niños pequeños.
-¿Te gustan los niños pequeños?
-Me encantan. En el parque hacemos juegos, los maquillo... A veces me disfrazo de personajes de dibujos famosos. Me encanta verlos sonreír. Ver que son felices.
-¿Tienes hermano?
Se gira para observarme y noto miedo y tristeza en sus ojos.
-Yo... no. Soy hija única. - baja la mirada y frunce el ceño.
-¿Quieres contármelo?
Toma aire con fuerza y levanta la mirada, enfrentándose a mis ojos.
-Tuve una hermana pequeña, Rut. Ella...murió con cinco años, cuando yo tenía diez. Estábamos en la calle y nos peleamos. Ella salió corriendo y cruzó la carretera... - la voz se le quiebra, pero aún no deja que ninguna lágrima caiga por su rostro – Pasó muy rápido. Yo apenas me di cuenta. Oí voces y  un ruido horrible. El coche había intentado apartarse del camino, pero no había sido lo suficientemente rápido, y se había estrellado contra una casa. El cuerpo de mi hermana había... había...
No le dejo continuar, me acerco a ella y la envuelvo en un abrazo. Ella apoya su cabeza en mi hombro durante un rato y, cuando se separa, no hay rastro de que alguna lágrima haya caído por su cara.
-Por eso mis padres están siempre de viaje – continúa – Llevan siete años yéndose cada fin de semana. No son capaces de verme porque dicen que me parecía mucho a ella. Verme les tortura. Además, en cierto modo creo que me odian.
-No te odian – contesto con decisión, pero ella ignora mis palabras.
-Al principio, hasta que cumplí los quince, me quedaba con mi tío. Así fue como empecé a ir al parque de atracciones a hacer reír a aquellos niños. Al principio lo pasaba mal, pero al final mi tío consiguió lo que se proponía, lo superé. Dejé de llorar, dejé de tenerles miedo, me divertía con ellos y los añoraba cuando no estaba con ellos. Aquellos renacuajos me hacían feliz. - ahora, la alegría ha sustituido a la tristeza en su rostro – Después conocí a Estefi y a Álex y dejé de ir con mi tío. Aún así intento ir todas las semanas. - guardamos silencio y entonces su cara se ilumina - ¿Quieres venir mañana conmigo?
-¿Qué? - pregunto sorprendido. - No creo que sea buena idea.
-¡SÍ! ¿Por qué no?
-Me pueden reconocer, Ana.
-¿Y qué más da? No me seas aburrido, Josh. Será genial. Por favor.
No puedo negarme ante esa euforia, así que al final asiento.
-Está bien.
-¡SÍ!
-¡¿Puedes callarte?! - grita una de las adolescentes de la otra punta del cine – Intentamos ver al buenorro de Jacob y tú con tu estúpida charla no nos dejas ver la película. Así que cierra la bocaza.
Ana se queda boquiabierta y se gira hacia mí. Coge un puñado de palomitas y las lanza en dirección a las chicas. Se agacha rápidamente y comienza a reírse en voz baja. Las chicas comienzan a quejarse y a gritar.
-¿Estás loca? - digo, agachándome junto a ella entre los asientos.
-¡Aburrido! - exclama ella entre una tos fingida.
-No soy un aburrido – digo mientras se levanta y tira otro puñado de palomitas.
-¿Nunca has hecho esto? ¡Aburrido! - exclama de nuevo.
-Que no soy un aburrido – le quito la bolsa de palomitas y cojo un puñado
Me pongo de pie, descaradamente y lo lanzo hacia atrás, hacia la pareja que nos había regañado al principio. La chica grita y el chico se pone de pie y le dice: 'Vámonos'.
-¿Qué haces? - pregunta Ana.
-Si se lo tiramos a ellas, ¿por qué no ha todo el mundo?
Ana ríe y coge otro puñado. Esta vez lo lanza hacia arriba, haciendo que las palomitas caigan sobre nosotros y sobre los asientos vacíos. La miro extrañado.
-Sí. Contestando a mi pregunta anterior, estás completamente loca.
Me mira y sonríe. Entonces enlaza sus brazos por detrás de mi cuello y se acerca a mí, juntando nuestros labios justo después de responderme:
-Lo sé.


martes, 13 de agosto de 2013

Capítulo 24 - Josh

Hace unos meses me invitaron a una fiesta de disfraces. Había camareras disfrazadas de enfermeras con faldas minúsculas o de policías con escotes vertiginosos repartiendo vasos de champán en bandejas o sirviendo aperitivos minúsculos que tu estómago apenas apreciaba. Recuerdo que había un jacuzzi en una de las esquinas y más de uno acabó cayendo en él. Pero esta fiesta, era muy diferente.
Atravesamos un arco bordeado con luces de neón y entramos en un establecimiento en el que no cabe ni un alfiler. La gente baila al ritmo de la música, gritan y cantan, se hacen fotos sin importar que haya tres personas en medio... A lo largo de una de las paredes, hay una barra de bar en la que tres camareras, disfrazadas de Supernenas, sirven bebidas y refrescos. En la esquina más alejada de la puerta, un grupo de hombres intenta conectar una infinidad de cables a un ordenador y a unos micrófonos. Por encima de sus cabezas, hay un cartel en el que puede leerse: 'karaoke'.
-¿Dónde ha ido Ana? - le pregunto a Álex al ver que ha desaparecido de mi lado.
Álex se encoje de hombre y, justo cuando lo hace, aparece la chica detrás de él.
-¡Tomad! - grita sobre el sonido de la música. - Una pepsi para ti – me entrega un vaso con cubitos y lleno de un líquido oscuro – y fanta de naranja para ti.
Alarga el mano con un vaso lleno de un líquido naranja hacia Álex. Éste se mira las manos, cubiertas por unos espesos guantes. Se quita uno y se lo guarda en uno de los bolsillo de los pantalones negros que lleva. Entonces coge el vaso y lo mira con detenimiento a través del casco que lleva puesto.
-¡¿Y cómo me bebo yo esto?! - grita.
-¡Ah, sí! - Ana saca una pajita y la mete en el vaso de Álex – Casi se me olvida.
Álex hace un gesto de aprobación con el pulgar e introduce el fino tubo por una de las muchas ranuras que tiene su casco.
No me molesto en preguntarle a Ana cómo sabe que quería una Pepsi ya que al parecer está bien informada. Ella lleva un vaso de tubo en una de sus manos protegida por un guante de aviador (que no se ha quitado) y bebe gracias a una pajita una bebida transparente. Supongo que será Seven Up.
-¿Y ahora qué hacemos? - pregunta Ana.
-¿Bailar? No sé, ¿qué se supone que se hace en una fiesta?
-¡Odio bailar Álex, deberías saberlo!
-¿Y si vamos a ver qué hay ahí? - grito por encima del ruido, señalando una puerta que hay justo enfrente y por la que entran y salen grupos de jóvenes – Parece que hay más espacio y tranquilidad para hablar.
Ambos asienten y nos dirigimos hacia allí. Cuando pasamos al otro lado de la puerta el ruido desaparece. Estamos en una sala de paredes negras, al igual que la anterior, pero con mucha menos gente. Tal solo hay un grupo de chicos en una de las cuatro mesas de billar y, entre ellos, una única chica disfrazada de niña del exorcista. También hay futbolines, dianas y máquinas de videojuegos.
-¿Un billar? - pregunta Ana.
Por encima de su cabeza, detrás de ella, veo a Álex negar con la cabeza, pero decido aceptar.
-Hecho, ¿con quién vas de pareja?
-¿Perdona? - Ana se detiene a mitad de camino entre la mesa e billar y me mira a través de las gafas plateadas.
-No, Josh – Álex me pasa un brazo sobre el hombro – Esta vez nos toca a nosotros ser la pareja. Ya lo entenderás – añade al ver mi mirada de perplejidad.
Sólo llevamos dos rondas cuando comprendo el por qué. Ana ya ha metido la mitad de sus bolas mientras que nosotros apenas acertamos, a pesar de que nos ha dejado tirar más de una vez seguida. Está sentada en una de las esquinas de la mesa, parece aburrida. Y no me extraña, Álex y yo no dejamos de quejarnos sobre quién es el que nos está haciendo perder.
-Cómo echo de menos a alguien contra el que me sea difícil ganar – se queja Ana, haciendo una mueca hacia mí para picarme.
-¿Cómo a tu maestro de billar? - pregunta Álex, y por primera vez desde que lo conozco muestra molestia en su voz.
Ana hace un ruido extraño con la garganta y baja de un salto de la mesa.
-¿Te molesta ser peor que él jugando al billar?
-No. - contesta, tratando inútilmente de ocultar su enfado – Pero no tengo ganas de que empieces a contarnos lo bien que te lo pasabas con quien tú ya sabes.
-Maldita sea, Álex – se queja Ana, mientras golpea con fuerza una de las bolas con el palo para intentar colarla por uno de los agujeros. Falla – Llevo una semana encerrada en mi casa y cuando saco tienes que sacar ese tema, ¿no?
-¡No he sido yo quién ha empezado!
Yo observo la discusión desde fuera, incapaz de saber de qué hablan. Me fijo en la chica que hay en la otra mesa, que camina hacia nosotros.
-¿Perdona? - dice, golpeando el hombro de Álex - ¿puedo hacerme una foto?
Álex retrocede rápidamente, chocando contra la mesa de billar y moviendo de sitio todas las bolas. Ana suelta el palo sobre la mesa de mal humor y se acerca a regañar a Álex pero, al igual que él, se queda petrificada mirando a la chica.
-¿Y bien?
Álex se da la vuelta y camina hacia la puerta, pero Ana lo coge de la capa negra y le da un tirón hacia atrás. Álex se tambalea y cae sobre la chica, quien lo sujeta con fuerza. Sin embargo, el vaso de naranja que llevaba Álex en la mano se vierte por completo sobre la camiseta de la chica.
Ana se tapa con ambas manos la boca y yo abro mucho los ojos. Álex permanece inmóvil. La chica, sin embargo, comienza a reírse.
-No pasa nada. Soy la niña del exorcista. Cuantas más manchas, mejor.
Ayuda a Álex a incorporarse y se pone junto a él. Le pasa su móvil a Ana y ésta hace la foto.
-¡Gracias! - grita eufórica mientras coge el móvil – Me encanta Star Wars. Antes no, pero mi mejor amigo es un friki y me convenció para ver la saga un día. Desde entonces me encanta. Por cierto, - dice, girándose hacia Ana – he visto como juegas. Es espectacular. Sólo conozco a un par de personas que juegan tan bien. Creo que les encantaría echarse una partida y...
Abre mucho los ojos y después los baja hacia su camiseta llena de mugre. Se la sube un poco hasta que la mancha de la bebida de Álex roza su nariz.
-Fanta de naranja.. - susurra. Entonces levanta la mirada y mira alternativamente a Ana y a Álex - ¡¿Si sabéis quien soy por qué no me saludáis?!
Ana sonríe forzadamente y Álex intenta de nuevo una maniobra de evasión que acaba con Ana agarrándolo por el cuello de la camiseta negra y susurrándole algo al oído. A mi lado, la chica sigue gritando en español cosas que no entiendo. Me imagino que no debe ser algo muy bonito.
-¡Puedo explicarlo! - grita Ana.
-No hace falta que expliques nada. Me imagino lo que ha pasado. Te ha pedido que vengas con él y, como es normal, no me has dicho nada por su petición. ¡Tú! - levanta un dedo, amenazante, y se acerca a Álex - ¿Ni siquiera vas a saludarme cuando me veas?
-¿Ocurre algo? - detrás de la chica aparece un chico alto y rubio, musculoso, disfrazado de rey. Lleva una larga capa roja y una corona enorme sobre la cabeza. También lleva una espada en uno de sus costados, sujeta por un cinturón.
-Son Álex y Ana. - por primera vez, sus ojos se clavan en los míos - ¿Y tú eres...? - al igual que Ana había hecho antes, la chica se tapa la boa con ambas manos y me sorprendo de la similitud de los movimientos de ambas.
-¡Nadie! - grita Ana, poniéndose delante de mí con los brazos abiertos. - No digas su nombre.
-Es verdad – susurra la chica entre sus manos – Está aquí por ti.
Ana grita y le pega un tortazo a la chica que la hace retroceder, pero apenas se inmuta. Sin embargo, el chico rubio que hay a su lado se inclina para ver cómo está. La chica niega con la cabeza y se ríe, entonces se da la vuelta y mira a Ana con curiosidad.
-Tú has mejorado mucho en esto de actuar, ¿eh? ¿Cuándo te han enseñado a pegar así?
-Mientras tú estabas en Barcelona – comenta, aunque con una pizca de maldad en su voz.
¿Barcelona? Mi cabeza empieza a funcionar. Ese chico, es Juán.
-¿Se puede saber por qué me pegas? - pregunta la chica que hay junto a Juán.
-¿Qué está pasando aquí? - se acerca un chico disfrazado de teléfono móvil y a este sí lo conozco. - ¿Quienes son?
-Hola, Adrián – contesto. - ¿Ya no me reconoces? Ayer averiguaste sin ningún problema quién era.
La chica, quien aún no sé quién es, emite una exclamación y se gira hacia Ana, boquiabierta.
-Sí – responde Ana a la pregunta que aún no ha formulado – Ha dado clases de español.
La chica sonríe pícaramente y se acerca a mí.
-¿Has aprendido español por ella?
-¡ESTEFI!
Y todas las piezas se unen. Al fin conozco a Estefi. La chica dolida y que siempre guardaba un rastro de tristeza tras sus ojos está frente a mí. Así es como me la había descrito Ana. Sin embargo, ahora parece mucho más feliz y supongo cuál es la razón: Juan.
Ante su pregunta mis mejillas enrojecen y maldigo que mi antifaz no las cubra. Se hace el silencio, aunque no espera a mi respuesta. La pregunta que ha formulado Estefi era una pregunta retórica. Al final, Ana es quien rompe el silencio.
-Bonito método para dar tu número de teléfono, Adrián.
Adrián mantiene la vista fija en los ojos de Ana. Ahora parece un chico muy diferente al que ayer conocí. Ahora su mirada reta a cualquiera. Abre la boca para responder, pero un chico nuevo aparece detrás de él, vestido de pitufo, responde en su lugar.
-No va a estar esperándote siempre. La vida continúa, Ana.
-Parece que mi disfraz no es tan bueno como esperaba si un paleto como tú, Miguel, puede reconocerme.
-Aunque la mona se vista de seda, mona se queda. Lo mismo pasa con las... - un chico sin disfraz se une al grupo. Ninguno de los presentes sabe lo que iba a decir. Una sombra cae sobre él y al segundo siguiente el chico está escupiendo sangre.
-¿Por qué no cierras la boca? - pregunta Juan, con el puño levantado, dispuesto a dar otro golpe.
-Sal de aquí – Adrián se ha acercado a Ana y la empuja hacia la puerta. Estefi se acerca a Álex y lo empuja también. Gira la cabeza y me mira por encima de su hombro, me hace un gesto para que los siga y la obedezco.
Aparecemos de nuevo entre el bullicio de la fiesta. Estefi me coge de la mano y me guía entre la gente hasta la salida, donde nos esperan los demás.
-¿Y Juan? - pregunta Ana, intentando ver entre la multitud.
-Estará bien – dice Estefi, sin conseguir ocultar su preocupación.
-Voy a asegurarme – dice Álex, escabulléndose junto a Estefi pero ésta es más rápida y lo agarra. - ¡Solo voy ayudar a tu novio! ¡Suéltame!
Da un tirón y Estefi suelta la capa. Al segundo siguiente, se ha perdido entre la gente. ¿Así que han vuelto?
-Lo siento – dice Adrián – Son unos estúpidos. En realidad me obligaron a ponerme este disfraz con mi número escrito. Ya sabes que nunca les has caído bien.
Se acerca más a ella y se alejan unos cuantos metros, así que soy incapaz de escuchar.
-Soy Estefi – me giro y veo cómo la chica me tiende la mano.
-Es un placer, Ana me ha hablado mucho de ti – contesto, estrechándole la mano.
-La mataría si no lo hubiera hecho – ambos reímos, liberando tensiones – Siento haber causado una mala impresión ahí abajo. Juan es un buen chico, pero esos dos son tontos.
-Tranquila, sino les hubiera pegado él lo hubiera hecho yo.
Ella sonríe. Tiene una dentadura perfecta, a pesar de que la mitad de sus dientes estén pintados de negro ahora mismo.
-Gracias por haber venido, seguro que ahora está mucho más feliz.
Mira por encima de mi hombro hacia Ana, quien ha dejado de hablar con Adrián y camina hacia nosotros.

-¿Y bien? - pregunta cuando llega - ¿Quieres que te lleve a dar una vuelta antes de volver al piso de Álex?